“Al periodismo mexicano le hace falta quitarse complejos”

14 agosto, 2022

A unas horas de iniciar un camino de miles de kilómetros hasta La Patagonia, en busca de historias periféricas de América Latina, José Ignacio De Alba, uno de los fundadores de Pie de Página, habla de los retos que enfrenta la generación de periodistas que nació con la revolución digital

Texto: Daniela Pastrana

Fotos: Isabel Briseño

CIUDAD DE MÉXICO.- Esta es parte de una conversación inacabada sobre el periodismo y la vida. Una conversación que empezó hace casi 9 años, cuando un estudiante de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García se me acercó para decirme que le ayudara a corregir una crónica de su viaje por el Usumacinta. La crónica era tan buena que ganó el premio de la escuela y fue publicada, con una edición que no le hizo justicia, en un medio nacional. Ese fue el inicio de una larga, profunda y extraordinaria complicidad.

José Ignacio De Alba entró a la Red de Periodistas de a Pie en diciembre de 2014, para apoyar el proyecto de En el Camino. Un mes antes, me había llevado a un grupo de 10 estudiantes a las búsquedas de Iguala. Entre ellos estaban el propio José Ignacio, Luisa Cantú, Ximena Natera, Iñigo Arredondo, Ernesto Santillán, Uriel Salmerón, periodistas que han encontrando su camino de formas que no me dejan más que orgullo, como con otros que llegaron antes o después a la red (Arturo Contreras, el más veterano ahora de esa camada).

Lo que no sabíamos entonces era que José Ignacio se iba a convertir en la persona con la que más hablaría, caminaría y aprendería en los años de la interminable guerra mexicana, que miramos desde dos mundos distintos: el campo y la ciudad. Empezamos ahí una ruta de miles de kilómetros de carreteras, aviones, lanchas, bicis y barcos; de las fosas de Guerrero a las de Veracruz; de San Fernando hasta Allende; de las pinturas rupestres de la Baja California a los ríos subterráneos de Yucatán. Siguiendo migrantes, políticos, y empresarios mineros. Una y mil veces Colombia, nuestro espejo para la paz (y donde comenzamos la bella costumbre de hablarnos de usted). Talleres, encuentros, decenas de discusiones y lecturas compartidas sobre los temas que nos convocan: la desigualdad, migraciones, identidades, pueblos, medioambiente, memoria, procesos de paz. Y periodismo, siempre, a borbotones.

En unas horas, este explorador irredento comienza un nuevo camino de miles de kilómetros hasta Usuahia, en la punta de La Patagonia, movido por esa alma de cazador que lo llevó a atrapar al hombre más esquivo del planeta y al expresidente más repudiado de nuestro equipo. Caminará la América para contarnos sus periferias. Antes de su partida —no podía ser de otro modo—, nos echamos la última charla sobre los temas que nos ocupan…

El mundo y sus realidades paralelas

¿Cuál es el estado de ánimo del Mundo en este agosto del 2022?

—Es un mundo que se mueve cada vez más rápido. Los acontecimientos los conflictos, están acelerados. Y no sé si tiene que ver, o seguramente sí, tiene que ver con el internet y los flujos de información, pero hay una aceleración de procesos que no se habían vivido en la historia.

—… todo y al mismo tiempo (la referencia es obligada a la última película de la que hemos hablado).

—Sí, te metes a internet y parece que el mundo se está derrumbando en este momento, porque tenemos la posibilidad de enterarnos de lo que está pasando en muchos lugares al mismo tiempo. Es decir, antes nos enterábamos del pequeño caos que estaba en la esquina de nuestra casa y ahora nos enteramos de todos los caos que están en todas las esquinas de todas las casas del mundo. Entonces, parece que el mundo está a punto de reventar y se ha creado una especie de realidad paralela. Pero creo que no necesariamente es que el mundo esté sucumbiendo, sino que es esta sensación de que muchas cosas pasan al mismo tiempo. Y además, por la forma en la que se informa, que generalmente nos cuentan las cosas malas, hay una imagen negativa de pesimismo en los medios, y por lo tanto en la gente, en el mundo.

Eso lo hemos platicado mil veces. Conflictos ha habido siempre y ocurrían también al mismo tiempo, pero no lo sabíamos. ¿Cómo podemos mostrar los problemas sin generar esa desolación?

—Un problema del mundo en que vivimos es que no hay pisos ideológicos. Como no transitamos dentro de esos pisos ideológicos y esos mundos ideales, pues muy fácilmente se cae en una sensación de derrotismo. Pareciera que no hay nada por qué luchar. Que las luchas están perdidas, que el capitalismo es tan aplastante que no hay forma de contraatacarlo de ninguna forma. O sea, ni siquiera las guerras globales que están ocurriendo ahora son tan ideológicas como antes. Tienen que ver con aspectos de reconfiguración de influencias del mundo, pero ya no están permeadas por una discusión ideológica.

Todos son capitalistas

— Todos. Rusia, China, occidente, son capitalistas. Uno quizás peor que el otro, pero finalmente son capitalismos encontrados. No sé si eso mismo provoque esa sensación de fastidio. Cualquier persona con la que hables, difícilmente estaría alineada a esas formas de entender el mundo. Porque no sólo es la económica, es una forma política y cultural, en la que nos vuelven consumidores, nada más. Lo que nos ha tocado ver ahora en este proceso de aceleración, son todas las contradicciones del capitalismo. Y de un capitalismo que se nos ha mostrado voraz, que quizá en un principio nos dijo que iba a igualar las condiciones de vida de las personas y ahora lo que hemos encontrado es que no es cierto, lo que vemos es una acumulación tremenda de la riqueza y sectores de la población que por generaciones nunca han logrado acceder a las condiciones más básicas de vida.

Foto: isabel Briseño

El periodismo y la fragmentación de la realidad

¿Y qué hacemos con el periodismo?

—Lo que hace falta al periodismo es quitarse complejos. Siempre se nos ha presentado como algo demasiado metódico, se nos ha engañado, tenemos décadas pensando que lo que busca el periodismo es la objetividad, cuando no es cierto. Los periodistas mexicanos del siglo 19 eran periodistas que asumían un papel político dentro de la sociedad. Se asumían ciudadanos y después periodistas. Y gracias a esas luchas de estos periodistas que asumieron un papel político tenemos la legislación actual de libertad de expresión. La verdad es que la objetividad ha terminado por empobrecer al periodismo y quitarle la responsabilidad a los periodistas de tener una formación ideológica y tener patas como arañas en muchas partes (antropología, historia). Nos han vendido la idea de que el periodismo tiene que ser ascético, que no tenemos que existir, que sólo tiene que existir la información fragmentada. Y no es cierto, hay una cosa que tú dices mucho y es muy cierta: los medios tienen un papel político, pero los periodistas no. Y tiene que ver también con una cosa que Kapuściński cuenta en Los cinco sentidos del periodista: el periodismo europeo continental siempre se ha asumido como un actor más en la lucha por el poder, en cambio, el periodismo norteamericano asume este papel de objetividad…

Que nunca lo ha tenido. Los medios en Estado Unidos tienen un papel activo en toda su historia…

—Jamás. Exacto. Entonces, toca eso, quitarle complejos a nuestro periodismo. También entender que vivimos tiempos muy extraños porque dialogamos o participamos en este mundo a través de condiciones que nos generó el capitalismo, ¿no? Resulta que ahora, para el periodismo, es muy importante Twitter o Facebook, que son productos del capitalismo. Entonces el periodismo se adapta a esta forma económica y ha dejado sus herramientas tradicionales. Tener espacios para textos largos es cada vez más difícil porque vivimos en un mundo que se comunica a través de las herramientas diseñadas por el capitalismo, para la fragmentación. Yo por eso rehuyó a las redes sociales. Soy como muy escéptico de la importancia que tienen o deberían tener. Porque dejar en manos de empresas o de algoritmos lo que es importante, o que se destaquen cierto tipo de discusiones en vez de otras, me parece peligroso, no creo que sea una conversación genuina.

Pero, ¿cómo hacerle para tener conversaciones masivas en un mundo con millones de personas? Porque no todo pueden ser pláticas entre nosotros…

—Pues son herramientas, pero no he visto que revisemos esas herramientas. Es decir, no estamos supervisando ese poder que están teniendo, ni su influencia en las democracias o en las elecciones. Qué papel han jugado estas plataformas que tienen un papel político, activo. No digo que lo dejemos de usar, sino que quizá deberíamos tener más conciencia de que estamos parados en un territorio que no es nuestro, que está jugando a favor de otros.

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Los millenials

¿Cómo quedan, en este contexto, los periodistas que nacieron con la tecnología (y que parece que viven en las redes sociales)?

— Sí, pues lo hace complejo. Antes los periodistas eran los únicos que tenían la voz, además de los poderosos, y a veces era la única voz que se escuchaba. Ahora con las redes se ha roto ese paradigma. Entonces, el papel de los periodistas ha quedado un poco difuminado. Ha quedado restado por esa multiplicidad de voces que podemos encontrar en internet. Con esa dificultad creo que, en la medida en la que estemos más preparados, que tengamos muchas más lecturas sobre la realidad, que logremos presentarle a la gente trabajos muy complejos, nos vamos a diferenciar dentro de la ola de voces que escuchamos. Sólo así vamos a hacernos escuchar dentro de este vocerío de cantina. No sé, creo que nadie estaba preparado para la virtualidad, pero pareciera que al periodismo lo agarró totalmente por sorpresa. Ese espacio único de los periodistas ahora lo tiene todo el mundo. Hay influencers, youtubers que tienen mucho más voz e importancia que los propios periodistas. Lo que nos dejó ver esta revolución digital es lo mal preparados que estábamos. No sé si más o menos que antes, pero sí nos ha dejado ver con más claridad que el periodismo que hemos hecho es deficiente. La gente reemplaza los contenidos de periodistas profesionales por contenidos que hacen viajeros. Una persona sola puede tener más seguidores que un medio, eso es un fenómeno súper interesante.

Esta generación que nació con la tecnología parecía que la tenía mas fácil, digo, nosotros no teníamos Google ni celulares. Y sin embargo, parece que más comodidad para trabajar ha tenido el efecto contrario. No hablo de los que están en oficinas de prensa, que siempre los ha habido, sino de los periodistas que sí trabajan y ahora parece que tienen todo en contra: violencia, precarización…

—El periodismo siempre se ha hecho en ambientes desafiantes, nunca ha tenido las cosas fáciles. El buen periodismo, al tratar de encontrar una contranarrativa al poder, o a los poderes, siempre ha tenido un ambiente incómodo. Siempre ha sido precario. Pero en la medida en la que se quite sus complejos y sea menos soberbio también puede lograr más proximidad.

¿Cómo entendemos a los millenials?

—Creo que, dentro de esta realidad hipercompleja, es una generación que no ha cedido, que no ha rendido las armas a la fatalidad del mundo. No quiero sonar demasiado esperanzador, pero creo que sí hay una inquietud de cambiar las cosas, tratar de vivir en un mundo más justo, más pacífico, donde prevalezca el entendimiento sobre los conflictos. Yo, al menos, por eso hago periodismo.

Foto: Isabel Briseño

Ser periodistas de a pie

¿Cuál ha sido el mayor aprendizaje que ha tenido en estos 8 años de periodista de a pie?

— Que toda esta complejidad, todo este mundo complejo que se nos presenta caótico tiene cosas que tienen sentido. Es decir, en el corazón de este caos hay un sistema que es desigual, hay gente que ha ganado dinero, no todo el mundo la está pasando mal. Hay un mundo de privilegios que ha permanecido intacto durante los siglos de los siglos. Y no hemos sido lo suficientemente capaces de acercarnos a él y de contarlo, contar esos privilegios de esa gente. Sigue siendo un mundo basado en la explotación. Y quizás otra cosa es que las historias individuales también pueden ser muy poderosas. Por la forma en la que nos han enseñado el periodismo y la política parece que los efectos individuales de la gente no parecieran tener ningún tipo de consecuencias. Y sí las tienen. Cuando la gente se organiza y se planta frente al poder sí puede cambiar las cosas.

Platicamos de eso muchas veces, ¿eh?, de los esfuerzos pequeñitos que se van ampliando y van teniendo impactos que no sabíamos. Pero, ¿se acuerda del Premio Gabo? También esa toma de conciencia que nos deja el periodismo, de la desigualdad, del racismo, es un proceso doloroso…

—Como esa frase de Camus que a mí me gusta citar: «El amor sólo es posible en la máxima clarividencia de la conciencia». No podríamos plantearnos una sociedad plena o feliz si ignoramos la explotación de mucha gente. Justo a través del conocimiento de esas realidades complejas podemos proyectarnos en un futuro quizás mucho más pleno y genuino para todos.

—¿Qué ha sido lo más difícil?

—No quisiera caer en un tono victimista, pero sí han sido muchos retos: tratar de hacer un periodismo libre al tiempo en que la realidad lo condena. Guarecer ese espacio de libertad ha sido complicado. Yo tengo una situación de privilegio, porque hay muchísimos que están en una situación más precaria…

Pero volvemos a la discusión de siempre: ¿es privilegio? Porque en un mundo tan desigual, compararnos con quienes están en una situación mucho más precaria hace que parezca que tenemos privilegios cuando ni siquiera tenemos cubiertos derechos mínimos…

— Ese es un reto. Mantener este espacio de libertad se hace a través de un montón de sacrificios, y no es que sea un sacrificado, valen la pena. Pero no deberían ser, porque es un trabajo importante, que de alguna forma brinda conciencia a la sociedad de lo que es, de sus sitios oscuros y también de sus sitios luminosos, que busca que la gente sea libre…

—¿Cuál es la mejor experiencia que ha tenido como periodista?

—Lo curioso es que uno cambia las cosas, pero no como uno quisiera. Como que la vida te sorprende en ese sentido, y de repente ver que una mina del senador Armando Guadiana se cerró porque se publicó un trabajo o que la familia de un desaparecido sintió que alguien escuchó y que su historia no mereció el olvido y esa tragedia se vuelve compartida. Son los verdaderos éxitos, los mas notables, tangibles, eso es padre porque se generan cambios donde menos los esperas, cuando menos lo esperas y eso ha sido muy satisfactorio. Yo estoy agradecido con el periodismo, a mí me ha dado un montón de conocimientos de cosas que no hubiera conocido de otra forma.

Foto: Isabel Briseño

América latina y la crónica que falta

—¿Por qué un viaje a la Patagonia a conocer la América Latina y sus periferias?

—Estoy leyendo un libro de Rebeca Solnit: Wanderlust. Ella habla sobre lo que significa caminar y como caminar se convierte en un acto político, porque es una apropiación de los espacios, en un mundo cerrado, donde la gente vive en casas, en oficinas, y se transporta entre estos dos mundos a través de vehículos, caminar se convierte en un acto muy político. Invertir tiempo en caminar y ver detenidamente las cosas es una forma de desobedecer un destino que me tenía guardado que quizás era la rutina de despertar, ir a la oficina y regresar. Es la búsqueda de ese espacio de ver lento, caminar despacio. Y darme el tiempo de pensar, aunque piense pendejadas, pero darme esa oportunidad de tratar de entender un continente con el que compartimos muchísimas cosas y pareciera que a propósito nos han hecho olvidarlas. Compartimos una lengua, cultura, historia, y sin embargo estamos desarraigados a nuestra propia región. Es mucho mas fácil que me entere de las cosas que están pasando en Sídney o de alguna balacera en Estados Unidos que de repente se impone como importante en nuestra realidad, cuando quizás no lo debería ser tanto, ¿no? Quizá debería ser mas importante lo que no nos es ajeno. Este es el continente que vio José Martí, compartimos muchas cosas en común con una región que tenemos olvidada y la tenemos en nuestras narices. Entonces, caminar ese espacio me resulta necesario.

Caminarlo para entenderlo, pero también contarlo…

—Pues es que ni modo de no contarlo… porque seguramente ahí nos vamos a encontrar y nos vamos a identificar con realidades parecidas.

Pues es esto de ver siempre sólo una parte, que es la anómala. Es decir, nos ocupamos de la violencia porque no debería haber violencia, pero parece que nadie hace otra cosa todos los días que estarse matando. No sabemos absolutamente nada más de Centroamérica, por ejemplo….

Hay un problema narrativo, discursivo sobre la región. Conocemos de infinidad de lugares sólo a través de la violencia. Somos mucho más que eso. Es decir, sí, también lo somos, pero somos muchas otras cosas y vale la pena contarlo. La idea del viaje es contar qué ha pasado, por ejemplo, con una Latinoamérica se ha vuelto de pronto un continente de ciudades, la gente sobre todo vive en la urbanidad y por ejemplo los pueblos indígenas, es hasta de risa, seguimos yendo a los montes a buscarlos cuando los tenemos en la ciudad y no hemos contado esos espacios de sobrevivencia dentro de espacios urbanos. Ahí nos ha faltado entender esa complejidad.

Aparte es un continente bien interesante, porque desde la llegada de los españoles se tenía la idea de que la utopía de Tomás Moro iba a ser posible en un sitio nuevo, un sitio como América latina. Y entonces siempre me ha parecido que es como un continente de posibilidades que pocas veces contamos. Esa utopía que no fue de los conquistadores, porque lo de ellos fue rapiña, saqueo, racismo. Pero de alguna forma sigue siendo ese sitio utópico, hasta para la izquierda. Prevalece algo, como que América latina, dentro de todas sus tragedias, siempre formula cosas muy de avanzada.

Es una historia de sobrevivencias

—Es una historia de sobrevivencias, efectivamente. Pareciera que siempre rehuye al aniquilamiento y siempre está dispuesta a proponer cosas nuevas.

Pienso en Tepito, Tacubaya, lugares con veinte mil opresiones pero siempre encontramos cómo darle la vuelta al dominador

—Exacto. También esperaría contar un continente, no a partir de lo extraordinario, sino de cosas mas cotidianas. Luchar contra los clichés, entender cómo ha cambiado el campo. Hasta hace muy poco fue un continente de campesinos y dejó de serlo en los últimos años. Entonces, creo que entenderlo a través del campo, qué salió y qué aún vive ahí nos puede dar luces de cómo se está acomodando el mundo. Creo que por obligación nos toca entender esta región. y también entender que nos movemos mucho más allá de las fronteras. Que somos regiones culturales mucho más complejas que delimitaciones en mapas.

Usted es el de los mapas. ¿Cómo acomodar la región por coincidencias culturales?

—A mí me cuestan mucho trabajo las cosas abstractas. Recorrer el mundo a través de un mapa para mí es fundamental para entenderlo, pero también es una limitante, porque a través de las líneas cartográficas no podemos entender las regiones culturales. Entre los mayas que viven en Guatemala y los que viven en México hay muchas más historias de coincidencia de las que creemos, pero los nombres se contraponen como si fueran realidades diferentes.

Los mapas se pueden cambiar…

—Y han cambiado, siempre se han inventado…

Los mapas y la historia los han hecho los dominadores, pero es parte de las resistencias en las que estamos metidos. ¿No podemos escribir otra historia de América en unos años?

Una de las esperanzas de estos tiempos es que todas las identidades y la forma en la que se han contado no han sido suficientes para contar todo lo que son, ni siquiera las identidades nacionales. Ahora no hay nada más remoto que el himno nacional o que todos estos símbolos patrios, ya ni siquiera son vigentes. Creo que en general las identidades tienen una crisis y pareciera que ya no importan tanto. Hasta culturalmente parecemos consumidos, cada vez somos mas iguales. Si vas al centro de la Ciudad de México cada vez te encuentras más unas tiendas como las de otros países. Y dentro de ese desmoronamiento claro que nacen muchísimas posibilidades que nadie es capaz de verbalizar, de entender, de significar.

Pero al mismo tiempo se han acendrado los nacionalismos. En México desde el gobierno. Y hay una parte de la sociedad que frente a esta crisis se está acuartelando en lo que considera ya una certeza

—Pues sí porque esas defensas no son otra cosa que una defensa de los privilegios. La gente que defiende a ultranza una nacionalidad frente a los migrantes no está haciendo otra cosa que defender sus privilegios. Quiere dividir a través de una historia, de las historias nacionales, supongo que con la transfobia es algo parecido: es alguien que defiende sus privilegios y no está dispuesto a ceder y prestar sus mismos derechos a otra persona que en lo real es igual.

Foto: Isabel Briseño

Despedidas y esperanzas

—La Cartohistoria seguirá, cada quince días, y también las crónicas del viaje, pero ¿qué mensaje nos deja a sus lectoras?’

—Si algo tengo con el equipo de Pie de Página y la Red de Periodistas de a Pie es gratitud por los conocimientos periodísticos…

—¿Y para los jóvenes que vienen detrás?

—Acabo de leer el libro de Alejo Carpentier de El reino de este mundo. Relata la historia de un esclavo que fue llevado a Haití y ahí los esclavos luchan contra el esclavismo y vencen, pero cuando creen que han ganado llegan otros esclavos liberados y los empiezan a explotar. Él lucha otra vez contra esa explotación, y otra vez vencen. Pero cuando creen que son libres son otra vez explotados, ahora por los republicanos. Este personaje decide huir de su cuerpo y se convierte en un cisne, pero no lo aceptan los cisnes por cobarde (Carpentier es precursor del realismo mágico) y cuando regresa a su cuerpo humano dice una frase que me parece muy luminosa:  que la grandeza de los seres humanos reside en la voluntad de mejorar. Entonces, este personaje muere, pero nunca deja de luchar.

Antes de despedirnos, abre su Kindle y ubica la frase de la que hablamos.

No podría haber nunca una mejor despedida:

“Y comprendí ahora que el hombre nunca sabe para quién padece y espera. Padece y espera para gentes que nunca conocerá. Y que a su vez padecerán, esperarán y trabajarán para otros que tampoco serán felices, pues el hombre ansía siempre una felicidad situada, más allá de la porción que le es situada. Pero la grandeza del hombre está precisamente, en querer mejorar lo que es. En imponerse tareas.

Entrevista con el expresidente Felipe Calderón en la COP26 de Estocolmo

Premiación del Premio Gabo, por la serie de buscadores, 2017.
Presentación de Yumanos, los indios más olvidados de México. Premio Nacional de Periodismo en 2019

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Quería ser exploradora y conocer el mundo, pero conoció el periodismo y prefirió tratar de entender a las sociedades humanas. Dirigió seis años la Red de Periodistas de a Pie, y fundó Pie de Página, un medio digital que busca cambiar la narrativa del terror instalada en la prensa mexicana. Siempre tiene más dudas que respuestas.

Nunca me ha gustado que las historias felices se acaben por eso las preservo con mi cámara, y las historias dolorosas las registro para buscarles una respuesta.