Al ondear la bandera de Palestina, Lamine Yamal no solo celebró un título: reivindicó la memoria de su barrio obrero y el derecho a politizar el fútbol. Su gesto, nacido en Rocafonda, revive la estirpe de atletas que, entre regates y patadas, eligieron no callar frente al racismo, la islamofobia y los genocidios. Porque el balón, cuando rueda, también levanta la voz de los invisibles
La bandera de Palestina en manos de Lamine Yamal












