18 julio, 2026
Durante casi cinco meses, más de mil trabajadores mantuvieron detenida la producción de JK Tornel frente a una empresa que apostó al desgaste del movimiento. La organización obrera, las asambleas y la resistencia lograron un acuerdo que recupera prestaciones, contempla aumentos salariales y abre el camino para la jornada laboral de 40 horas en 2027
Texto y fotos: Camilo Ocampo
CIUDAD DE MÉXICO. – La huelga de los trabajadores de la llantera Tornel se convirtió en uno de los conflictos laborales más importantes de 2026. Durante casi cinco meses, más de un millar de obreros mantuvieron paralizada la producción de la planta ubicada en Tultitlán, Estado de México, en una lucha que trascendió la exigencia de mejoras salariales y colocó en el centro del debate la reducción de la jornada laboral.
Tras un largo proceso de negociaciones, movilizaciones y resistencia, los trabajadores lograron un acuerdo que contempla incrementos salariales, mejoras en diversas prestaciones y, sobre todo, la implementación de la jornada laboral de 40 horas semanales a partir de 2027, considerada por el sindicato como la principal conquista del movimiento.
El paro de labores estalló el 23 de febrero de 2026, luego de que fracasaran las negociaciones entre el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Compañía Hulera Tornel y la empresa.
Desde el inicio, los trabajadores señalaron que la patronal se negaba a responder a sus principales demandas y optó por prolongar el conflicto antes que aceptar cambios en las condiciones laborales. Durante ese periodo, los obreros instalaron guardias permanentes en los accesos de la planta, realizaron asambleas, movilizaciones y buscaron el respaldo de otros sindicatos, organizaciones obreras y colectivos solidarios para sostener un paro que se extendió por casi cinco meses.
La estrategia patronal, denunciaron los huelguistas, consistió en prolongar las negociaciones apostando al desgaste económico de los trabajadores. Durante meses rechazó las demandas centrales, modificó acuerdos previamente discutidos y dejó correr el tiempo con la expectativa de que la falta de ingresos obligara a los obreros a aceptar un convenio menos favorable. El costo fue particularmente alto para más de mil familias que permanecieron sin salario mientras sostenían la huelga.
El conflicto también estuvo marcado por episodios de violencia. El 18 de marzo, un grupo de golpeadores intentó romper la huelga atacando con armas las carpas instaladas en el exterior de la planta. Cuatro trabajadores resultaron heridos por impactos de bala y dos presuntos agresores fueron detenidos. Días después, una audiencia de conciliación no pudo avanzar debido a que la empresa no se presentó, lo que profundizó el malestar entre los trabajadores.
Pese a ello, la organización no se debilitó. Los piquetes permanecieron activos durante casi cinco meses y la vida cotidiana alrededor de las plantas se reorganizó mediante guardias permanentes, colectas, donaciones y el respaldo de organizaciones sindicales, estudiantes, colectivos y vecinos que hicieron suyo el conflicto. Esa solidaridad permitió mantener visible la huelga y evitar el aislamiento al que apostaba la empresa.
De acuerdo con los trabajadores, la huelga no surgió únicamente por una revisión salarial. Su principal objetivo era recuperar derechos que, afirman, fueron eliminados o reducidos desde 2017, entre ellos la jornada de 40 horas, mejores primas vacacionales y prestaciones contempladas en el Contrato Ley.
Antes del paro, incluso recurrieron al Mecanismo Laboral de Respuesta Rápida del T-MEC para denunciar presuntas violaciones a sus derechos colectivos; sin embargo, esa vía no resolvió el conflicto y la empresa mantuvo su negativa a aceptar las demandas.
Después de meses de reuniones sin resultados definitivos, ambas partes alcanzaron un proyecto de convenio que fue sometido a consideración de la base trabajadora. En una asamblea informativa realizada en la sede sindical, los trabajadores votaron a mano alzada y aprobaron por mayoría el acuerdo. Sin embargo, la dirigencia explicó que la huelga no concluiría de manera inmediata, pues antes era necesario formalizar el convenio y cumplir con los procedimientos legales correspondientes para levantar oficialmente el paro.
Entre los principales logros obtenidos se encuentra un incremento salarial retroactivo del 6 por ciento para 2025 y del 5 por ciento para 2026, además de aumentos vinculados a las prestaciones económicas. También se pactó una revisión anticipada para 2027 y 2028, con incrementos equivalentes a dos puntos porcentuales por encima de la inflación.
El convenio contempla, además, el pago del 60 por ciento de los salarios caídos, el incremento gradual del aguinaldo hasta alcanzar 44 días en 2027, mejoras en la prima vacacional, cambios en materia de previsión social, la creación de nuevas categorías laborales y bonos para determinados departamentos de la empresa.
No obstante, el sindicato considera que la principal conquista fue la recuperación de la jornada laboral de 40 horas semanales. El acuerdo establece que, una vez reiniciadas las actividades o a más tardar el 1 de agosto, la jornada se reducirá a 44 horas semanales, mientras que el 1 de enero de 2027 entrará en vigor la jornada de 40 horas, conforme al calendario previsto en el Contrato Ley de la industria hulera.
Con ello, la huelga de JK Tornel, que mantuvo paralizadas sus plantas durante casi cinco meses, podría concluir con un acuerdo que restituye parte de los derechos reclamados por los trabajadores y se convierte en un referente dentro del debate nacional sobre la reducción de la jornada laboral, al demostrar que la implementación de las 40 horas también puede alcanzarse mediante la negociación colectiva derivada de una huelga.
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