No es fácil dar clases en línea o supervisar el trabajo, cuando ni la mitad de las familias tienen un celular con datos, ya ni se diga una computadora o acceso a internet. Cuando, antes de la contingencia, los niños aportaban al gasto familiar vendiendo artesanías a los turistas, y ahora deben buscar qué comer
Acapulco: el mito de la educación a distancia












