AMLO y la arriesgada popularización de los “bots”

En los últimos días varios periodistas y académicos han sido víctimas de intensas campañas de ataques por redes sociales. Es una práctica cada vez más común y peligrosa, donde el presidente Andrés Manuel López Obrador tiene un papel fundamental para contenerla y evitar que su enorme respaldo cibernético se convierta en “las malditas redes sociales”

@anajarnajar

Como ocurre con algunos periodistas en mi lista de seguidores de Twitter hay algunos con perfil falso.

Son los llamados “bots”, cuentas creadas para enviar o repetir miles de mensajes, casi siempre agresivos, y controladas por algunos usuarios.

Los he visto actuar. Cuando publico de algún tema complicado o crítico en pocos segundos el mensaje se repite, a veces con dedicatoria a otras cuentas que a su vez aplican el mismo procedimiento.

A veces después de este ejercicio a mi lista de seguidores se añaden algunos nuevos. El objetivo, según entiendo, es crear una especie de vigilancia o monitoreo a mi cuenta. Me cuesta entender que realmente les interesen mis mensajes.

Las cuentas falsas que me persiguen no son muchas. Algunas me acompañan desde 2015 cuando publiqué un reportaje sobre los “Peñabots”, tan de moda en ese entonces.

Por fortuna la mayoría de quienes confían en mis mensajes son seres humanos de carne y hueso. Pero los robots allí están, a la espera de la primera señal para activarse de inmediato. 

En estos días el tema es relevante por los informes que presentaron Artículo 19 y Signa Lab, un centro de estudios del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), así como el equipo de reporteros de Carmen Aristegui.

Las organizaciones documentaron cómo la directora de Notimex, Sanjuana Martínez, promueve el uso de “bots” para atacar a periodistas y excolaboradores suyos en la agencia.

Artículo 19 habló con varias personas que trabajaron en la agencia y quienes fueron despedidas por Martínez. Signa Lab, a su vez, documentó la forma como funcionan estos grupos de robots, conocidos como “granjas”.

El equipo de Aristegui publicó los detalles de un chat de WhatsApp donde el director de Internacionales de la Agencia, Erick Muñiz, aparentemente organiza la operación de ataques.

Sanjuana Martínez ha negado sistemáticamente ser responsable de las agresiones en internet, aunque paulatinamente han aparecido testimonios de periodistas donde cuentan que la funcionaria pública suele aplicar esta táctica.

Mientras la agencia se encuentra, oficialmente, en huelga. Una decisión avalada por la Secretaría del Trabajo y el Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje.

Pero las actividades de Notimex no se han detenido. Los abogados de la agencia al parecer buscan que la Suprema Corte de Justicia de la Nación resuelva el caso.

Hasta ahora los directivos violan la ley. Pero no parece importar. El presidente Andrés Manuel López Obrador insiste en que él no se va a involucrar en el caso a pesar de que, como le recordó la periodista Reyna Haydee Ramírez de Pie de Página, “usted la puso allí”.

Hay varios temas en el debate. Uno es la sospecha, con elementos para investigar, de una aparente costumbre de la directora de Notimex.

Otro es que la agencia estaba, y sigue, lejos de cumplir con las funciones necesarias para un organismo de difusión de esta naturaleza.

Notimex, con excepción de un período corto en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari ha sido una agencia de propaganda de los gobiernos en turno.

Al inicio de la actual administración se generó la expectativa de que ahora sí podría impulsarse un cambio. No fue así. El organismo se encuentra en una de las peores crisis de su historia.

En la disputa de bandos apareció uno de los elementos más frecuentes y peligrosos contra el derecho a la información: las campañas de ataques y desprestigio en redes sociales.

Las agresiones fueron especialmente severas contra Carmen Aristegui, quien por primera vez tuvo que aclarar algunos aspectos de su vida personal.

El objetivo de estas campañas es silenciar voces críticas, que por el miedo a las agresiones se deje de investigar o cuestionar posiciones controvertidas.

El problema es que en México esa estrategia de amedrentamiento se aplica con mayor frecuencia y no sólo contra personajes conocidos. Los ejemplos sobran. 

Esta semana mi compañera Reyna Haydee Ramírez cuestionó al presidente López Obrador la posición que ha mantenido en torno al conflicto interno en Notimex.

La respuesta fue una andanada de críticas y ofensas desde cuentas identificadas con la 4T, algo que no sucede únicamente con comunicadores en Ciudad de México.

También esta semana se emitió una alerta por las agresiones que en redes sociales sufrió Estrella Pedroza, periodista en Morelos, quien denunció la censura que sufrió en una conferencia de prensa del gobierno local.

La compañera sufrió insultos y agresiones en sus cuentas de redes sociales. Antes había padecido otra campaña de acoso tras denunciar irregularidades en el Instituto Morelense de Procesos Electorales y Participación Ciudadana (Impepac).

Y como estos abundan los casos de ataques a periodistas en Puebla, Guanajuato, Jalisco, Morelos o Tabasco, por ejemplo.

La popularización de los “bots” es una práctica peligrosa sobre todo en México, uno de los países de mayor riesgo en el mundo para el ejercicio del periodismo.

Recientemente López Obrador anunció una estrategia para investigar las campañas de desprestigio contra su gobierno. Algo saludable ante la pandemia de covid y la criminal campaña en contra de las medidas sanitarias para contenerla.

Pero no estaría de más que echara una mirada a lo quesucede fuera de Palacio nacional, sobre todo porque en las recientes campañas de agresiones se nota la huella de simpatizantes suyos.

Hay un trecho muy corto entre los insultos en Twitter y las agresiones físicas, más en un país donde ni siquiera el coronavirus ha frenado la violencia y homicidios.

Transitar de las palabras a los hechos ya ha ocurrido con algunos compañeros que atienden las conferencias de prensa matutinas del presidente.

Estamos a tiempo de evitar que el problema pase a mayores, y en esa tarea existe una gran responsabilidad de López Obrador.

No es, en modo alguno, repetir el discurso de que el presidente polariza a la sociedad. Quienes empezaron y atizan el odio y la violencia son el impresentable Felipe Calderón y las hordas que le acompañan.

Lo que se necesita del presidente son señales más claras y específicas de que no está de acuerdo en los ataques a periodistas y defensores de derechos humanos.

Que se investigarán las irregularidades en Notimex, sin importar las simpatías a quien la encabeza. Y que les hable a sus millones de fieles en internet. 

Decirles como en algún momento pidió a sus adversarios que le bajen dos rayitas a la confrontación, que hagan lo mismo con su defensa a la 4T. El mensaje debería ser claro: el odio no ayuda a la transformación de México.

En su primer discurso como triunfador de las elecciones presidenciales, López Obrador dijo que a su victoria fue vital el respaldo de “las benditas redes sociales”.

Casi dos años después del acontecimiento, vale la pena revisar el escenario y evitar que el apoyo cibernético se convierta en “las malditas redes sociales”.

Productor para México y Centroamérica de la cadena británica BBC World Service.
Periodista especializado en cobertura de temas sociales como narcotráfico, migración y trata de personas. Editor de En el Camino y presidente de la Red de Periodistas de a Pie.

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