El programa La Escuela es Nuestra (PLEEN) ha transformado la política de infraestructura educativa al poner recursos directamente en manos de las comunidades escolares para que atiendan las necesidades prioritarias de sus escuelas. Su enfoque promueve autonomía y pertinencia locales, aunque transfiere un costo importante a las comunidades escolares, quienes deben planificar, administrar y supervisar proyectos, haciendo uso de su tiempo, recursos personales y enfrentando riesgos de seguridad. En opinión de las autoras, la descentralización propuesta es mejor que el centralismo, aunque afirman que la eficacia de PLEEN está aún por comprobarse