Colombia es tierra de juglares, músicos y bailarines. No hay otro país en América que venere tanto a la música, ni que la oponga en resistencia al dolor y la guerra. Aquí, el cencerro, la maraca, los timbales y la conga sintonizan la balada feliz de una nación que rehuye a la tragedia que la persigue
“Sin salsa no hay paraíso”












