El Estado mexicano, desde el periodo de la represión posterior a la masacre de Tlatelolco, ha erogado del erario recursos para investigar, perseguir y espiar a grupos feministas, que dicho por el actual presidente Andrés Manuel López Obrador, han intentado “afectar su gobierno”. Nadie dentro del aparato de Estado explica cuál es la utilidad real de esta persecución.
Medio siglo de espionaje político al feminismo mexicano












