O último azul: la rebeldía de envejecer

4 junio, 2026

En un Brasil distópico pero inquietantemente cercano, Tereza, una mujer de 77 años, se resiste a ser relegada a La Colonia, un sitio donde el gobierno confina a los ancianos bajo el discurso del cuidado y el descanso. Con el único sueño de volar por primera vez, emprende una huida clandestina que desnuda un sistema empeñado en despojarla de su autonomía, su dinero y su derecho a decidir

Texto: Andi Sarmiento

Foto: Tomada del trailer oficial

CIUDAD DE MÉXICO. – O último azul es un filme del director brasileño Gabriel Mascaro en el cual se nos presenta un mundo distópico, pero no muy alejado de nuestra realidad, uno donde, al alcanzar cierta edad, la exclusión se vuelve una norma. Esta es la historia de Tereza, una mujer de 77 años que habita en su propia casa en un pueblo de Brasil; sin embargo, una nueva reforma gubernamental estipula que es momento de ser trasladada a La Colonia, un lugar en el cual se albergan todas las personas a partir de cumplir determinada edad. A pesar de que se le vende como un lugar de descanso, Tereza rechaza esta imposición, dado que mudarse a esta nueva zona es de carácter obligatorio.

El gobierno ha comenzado a implementar políticas dirigidas hacia los ancianos, llegando al grado en que, mientras más crecen, más libertad pierden. Todo esto se disfraza bajo discursos de honor y cuidado; se habla de reconocer a las personas por cumplir su edad y se les celebra el mérito de la longevidad, pero esto no es más que una forma de manipular la retórica para justificar que poco a poco se está desplazando a todo un sector poblacional por no considerarse útil.

A medida que la cinta avanza, Tereza vive cada vez más esta exclusión. Inicia con la colocación arbitraria de decoraciones en su hogar, lo cual se dice es un reconocimiento por haber alcanzado su edad; es un detalle que se puede ver como insignificante, pero, a mi parecer, no debe pasar desapercibido, ya que la casa es uno de nuestros espacios más propios. Se está mandando un mensaje con el hecho de que un gobierno pueda intervenir sobre esta sin consultarnos primero; así sea un cambio mínimo, nos habla de que no existe un respeto sobre lo que es nuestro y de que las autoridades tienen total capacidad de irrumpir en nuestra individualidad, destacando además que esta acción se ejerce únicamente con el sector de los ancianos, haciéndolos notar para diferenciarlos del resto y resaltando que se les tiene identificados.

Posteriormente, es despedida de su trabajo con la premisa de que se le está haciendo un favor porque por fin podrá descansar y hacer lo que siempre quiso.

Y así, continuamente se le va despojando de su propia rutina, con la excusa de que es para que busque su bienestar honrando sus años. Todas las decisiones que ella había tenido sobre su propia vida son cambiadas radicalmente fuera de su voluntad; se le impone un cambio para que descanse cuando ella nunca externó estar cansada ni querer realizar ninguna modificación en su realidad, porque realmente no hay un interés por ella como persona, únicamente se busca disfrazar el discurso para desplazarla sin hacerlo explícito.

Se dice que se le da más libertad; no obstante, se le comienza a prohibir tomar sus propias decisiones sin la autorización de su hija, que es quien está a su cargo.

Entonces tal libertad no existe, sino todo lo contrario: tiene cada vez menos opciones para ejercer su libre albedrío y lo que le ilusiona hacer con el tiempo libre que ahora tiene no le es permitido sin el permiso de su hija, que suele negárselo. Todo esto va acompañado de juicios sociales de un entorno donde, más que cuestionar estas prácticas, se refuerzan. Las únicas personas que se oponen son las personas mayores; solo ellas comprenden y empatizan con la impotencia del resto al enfrentarse a las reformas que están volteando al sistema en su contra.

Tereza tiene un único sueño que quisiera cumplir antes de ir a La Colonia: subirse a un avión. Pero ahora que cuenta con el tiempo y dinero suficiente, se topa con el obstáculo de que no se le permite viajar. Por ello, acumula el hartazgo suficiente para adentrarse en un camino de clandestinidad para poder alcanzar su única meta, porque, de todo lo que le pueden quitar, nadie puede arrebatarle la ilusión.

Así, sin decirle a nadie, se escapa de su hogar con todos sus ahorros para emprender una travesía hacia lo desconocido, pues debe moverse por las vías ilegales a falta de las autorizaciones de su hija. En el viaje, se encuentra con gente que decide ayudarla, así como con otros que se aprovechan de su vulnerabilidad.

Lo que la mantiene persistente es la determinación y la convicción de que tiene derecho a la libertad.

La rebeldía de Tereza es un rechazo al uso de la autonomía como herramienta para el establecimiento del poder. Si no podemos decidir sobre nosotros mismos, entonces perdemos el control absoluto de nuestras vidas y, aparte, se lo estamos entregando a quienes dirigen la sociedad, a modo que, mientras menos libertad tengamos nosotros, mayor será la que acumularán ellos.

Asimismo, conforme la trama evoluciona, Tereza se enfrenta a distintas situaciones que le permiten entender un único punto: la libertad es condicionada por la posición económica. Se da cuenta de que no solo para llegar a su objetivo necesita dinero, sino que las formas existentes para quedar exenta de La Colonia implican contar con grandes cifras; tanto en los procesos legales como en la clandestinidad es necesaria una gran cantidad de capital.

Por eso conviene que no trabaje, porque en un mundo que se rige por los estatus económicos, prohibirle la posibilidad de producir y de decidir sobre lo que ha acumulado es una manera de restringir sus capacidades y, por lo tanto, mantenerla más controlada.

Tereza solo busca cumplir su sueño, y en esta historia eso es ilegal; no es ilegal su propósito en sí, sino que sea ella quien busque alcanzarlo. O último azul, si bien es una ficción, denota prácticas y mentalidades que se reflejan en nuestra realidad, donde se mide el valor de la gente dependiendo de su capacidad de producción y se asume que cierto sector es incapaz de cumplir con esto y, por lo tanto, se vuelve merecedor de la exclusión. Es un filme sobre el desecho sistemático de las personas, nada alejado de la discriminación que se vive día con día para muchos; pero también es una historia sobre resiliencia, sobre resignificar el envejecimiento con los sueños, el amor y la comunidad.

Esta película está disponible en la Cineteca Nacional y en la Cineteca Nacional de Chapultepec. Igualmente, será proyectada del 4 al 7 de junio en la Sala Julio Bracho del Centro Cultural Universitario de la UNAM.

Andi Sarmiento

Me gusta escribir lo que pienso y siempre busco formas de cambiar el mundo; siempre analizo y observo mi entorno y no puedo estar en un lugar por mucho tiempo