Elefantes fantasma: la ciencia sin violencia

10 mayo, 2026

Werner Herzog documenta la expedición de Steve Boyes en busca de los descendientes del elefante más grande jamás registrado. Una travesía que, sin maquinaria invasiva y junto a rastreadores bosquimanos, renuncia a la lógica de la cacería colonial para demostrar que el descubrimiento científico no necesita aniquilar lo que persigue

Texto: Andi Sarmiento

Foto: Tomada del trailer oficial

CIUDAD DE MÉXICO. – En este documental del director alemán Werner Herzog se sigue el trabajo de exploración del biólogo investigador Steve Boyes, que en esta ocasión se aventura en un viaje hacia Angola, en África, para buscar una especie de elefante que hasta ahora se ha considerado un mito.

La historia inicia con Henry, también conocido como el Gigante de Angola, que es el nombre del elefante más grande registrado en la historia. Se presenta hasta la actualidad en el Museo Nacional de Historia Natural Smithsonian, en Washington D. C.

La representación de este animal se ha exhibido desde 1959. Fue encontrado en la región de Angola durante 1954 por el ingeniero húngaro Josef J. Fénykövi, razón por la cual su nombre oficial realmente es Elefante de Fénykövi; un año después, regresó a rastrearlo y cazarlo, recibiendo así el reconocimiento de la comunidad investigadora de la historia natural. A partir del hallazgo surgió una nueva inquietud, pues surgió la curiosidad sobre la descendencia de este elefante.

Durante décadas, a este grupo se le conoció como elefantes fantasma. Su existencia se transformó en una leyenda, pues no había forma de verificar ni refutar que hubiera una descendencia de Henry. Esta intriga despierta la curiosidad en Steve y es la que lo incita a adentrarse en la búsqueda de estos animales en conjunto con un grupo de investigadores y buscadores bosquimanos, el grupo perteneciente a la tribu más antigua de la historia de la humanidad.

Esta expedición se torna tediosa a la vez que inspiradora, puesto que se trata de un pequeño grupo de hombres sin maquinaria pesada, sin herramientas o transportes que sean realmente invasivos con el ambiente; se hace la búsqueda simplemente habitando la naturaleza. Esto para algunos puede implicar menor posibilidad de éxito o mayor lentitud en el proceso; sin embargo, aquí la prioridad no es únicamente encontrar el objetivo, sino también el proceso previo.

Se hace una búsqueda desde el respeto y la integración, tanto con la gente de la región como con la flora y fauna. Una exploración que bien se pudo hacer en avión o deforestando la zona para hallar los animales, pero en lugar de eso se realiza con las formas tradicionales y nos recuerda el espíritu de la investigación, pues nos recuerda que la ciencia, cuando no se realiza con el único afán de producir ni comercializar y en su lugar se hace desde un interés genuino, puede ser sin prisas y sin la voracidad con la que a veces se ejecuta.

En la misma línea, la cinta refleja la forma en que durante siglos el hombre blanco occidental ha ejercido su hegemonía a partir de la violencia sobre los cuerpos que salen de sus parámetros, sean estos animales humanos o no. La actividad de la cacería se ha establecido como un símbolo de estatus social, de valentía y liderazgo.

Podemos hablar de una similitud entre la esclavitud y la cacería, puesto que en ambos casos se trata de una imposición de superioridad y sometimiento hacia los que se consideran los débiles. Quien tenía mayor número de esclavos demostraba una alta capacidad económica, así como un mayor prestigio social, lo mismo que sucede con quien ha cazado mayor número de especies, quien tiene más pieles o productos originales de animal; también, en ambos casos existe una jerarquía entre los cuerpos que se poseen, por lo que existen unos considerados de mayor valor que los otros. Ambas actividades se rigen bajo la misma lógica de dominación; la diferencia está en que una fue abolida legalmente a nivel global, mientras que la otra sigue estando permitida.

Asimismo, la caza se ha normalizado en múltiples ámbitos: desde el ocio, la competencia y la producción hasta la ciencia e investigación. De esta manera es que se ha justificado durante el tiempo y, aunque se han tomado medidas de regulación, se sigue permitiendo la práctica en sí.

Podemos pensar que, posiblemente, si Henry no hubiera sido cazado, no tendríamos conocimiento de su existencia y los estudios desconocerían al elefante más grande registrado en la historia, lo cual tiene cierto grado de importancia en las investigaciones evolutivas. Sin embargo, considero que es necesario cuestionarnos los eventos a los cuales, como sociedad, les damos importancia; partiendo de que el elefante no tiene la más mínima concepción sobre la relevancia que su propia vida tiene para nosotros, ¿por qué arrancarle la vida por algo que solo nos concierne a los humanos?

Es importante que hoy en día nos replanteemos las formas en que desarrollamos la ciencia en sus múltiples ámbitos, pues lo que se ha replicado durante siglos es que los descubrimientos que nos pueden llevar a un avance intelectual o a un progreso social van de la mano con la violencia y, por lo general, con la muerte de ciertos sectores. Lo que vemos en este documental es que se pueden hacer grandes hallazgos sin la necesidad de atentar contra vidas ajenas, saliendo de la lógica de consumo occidental, donde incluso los cuerpos vivos son vistos como mercantilizables; enseña otras visiones y entendimientos de la vida, que desde las miradas holísticas y espirituales es posible también realizar descubrimientos, y que ya es momento de que las prácticas que vienen de la blanquitud colonial sean renovadas.

Esta película se encuentra disponible en la Cineteca Nacional y en la Cineteca Nacional de las Artes.

Andi Sarmiento

Me gusta escribir lo que pienso y siempre busco formas de cambiar el mundo; siempre analizo y observo mi entorno y no puedo estar en un lugar por mucho tiempo