23 mayo, 2026
Cuando Ana Ts’uyeb tomó una cámara no solo filmó una película: desafió un siglo de miradas ajenas y devolvió el cine a la lengua de las mujeres de los Altos de Chiapas. Con Li Cham, el primer largometraje documental hablado enteramente en tsotsil que llega a salas comerciales en México, esta cineasta de 29 años convierte el arte en un acto de resistencia, sanación y memoria íntima frente a las violencias patriarcales que atraviesan tres generaciones de su propia familia
Texto y fotos: Isabel Mateos / Chiapas Paralelo
CHIAPAS. – El cine, cuando nace desde la comunidad, se convierte en un acto de resistencia y sanación. Así lo demuestra Ana Ts’uyeb, cineasta tsotsil de 29 años, originaria de Chenalhó, Chiapas. Con su ópera prima, Li Cham, no solo desafía las estructuras del cine mexicano contemporáneo, sino que marca un hito histórico al posicionar un largometraje documental hablado enteramente en tsotsil en la cartelera comercial del país.
El sueño de Ana comenzó a los 17 años en la preparatoria, tras ver un documental sobre la masacre de Acteal dirigido en ese entonces por José Alfredo Jiménez, integrante de la Sociedad Civil «Las Abejas de Acteal» y fotógrafo del largometraje de Ana. En ese momento, aunque debatía su futuro entre el derecho o la ingeniería en sistemas, una certeza la atravesó: quería hacer imágenes, quería hacer video. Hoy, esa inquietud se traduce en una de las voces cinematográficas más potentes de los Altos de Chiapas.
A diferencia de las producciones externas que suelen retratar a las comunidades indígenas desde el paternalismo o el exotismo, Ts’uyeb filma desde la pertenencia. Li Cham nació inicialmente como un reportaje con perspectiva de género centrado en tres generaciones de mujeres de su propia familia: su madre, su tía Juana y Faustina, abordando el trabajo en el café, el derecho a la tierra y los roles de género. Sin embargo, el proceso guió la obra hacia terrenos mucho más íntimos: la muerte y las violencias patriarcales.
«Empecé a ser consciente de cómo hemos sido retratados, de cómo narran nuestra historia, territorio y cultura», comparte Ana en entrevista. «Encontré narrativas incómodas donde no sientes que tu historia se retrate con dignidad o donde se revictimiza. Li Cham plantea una narrativa propia, con voz e historia propias desde nuestra cosmovisión, el ritmo en que vemos el mundo, construida con metáfora y poesía».
Para la directora, defender el uso de la lengua materna fue un eje innegociable frente a la violencia que ejercen las producciones externas al obligar a los realizadores o protagonistas a expresarse en español: «El tsotsil es la lengua de las mujeres. Obligarlas a hablar otra lengua limita su sabiduría y pensamiento. Por eso, Li Cham toma una postura política desde el cine de los pueblos originarios».
El impacto de la película ya se resiente en el tejido social. Al proyectarse, Li Cham ha levantado tres espejos generacionales: las mujeres mayores admiran la valentía de romper el silencio; las mujeres de la mediana edad agradecen ver reflejadas sus realidades con los esposos; y las juventudes encuentran en el cine una herramienta viva para cuestionar los usos y costumbres que históricamente han limitado las libertades de las mujeres de formas violentas o más sutiles y normalizadas.
La reacción también ha alcanzado a los hombres. Ts’uyeb relata conmovida cómo ancianos de la comunidad se le han acercado a agradecerle la película, reconociendo desde la vejez las violencias que ejercieron en su juventud. En contraste, son algunos hombres jóvenes quienes aún perpetúan y ejercen prácticas machistas. «El punto es que Li Cham está provocando algo», afirma la cineasta.
Hacer esta película no fue un camino fácil. Ana confiesa que el largometraje la sostuvo en momentos personales críticos, transformándose en su motor vital.
«Hubo un momento en que yo también moría en vida, ya no le encontraba sentido a la existencia, pero abrazaba el proyecto. El cine se volvió mi motivo de existir. Escribir es soltar y sanar. Soy creyente de que el cine puede sanar».
Tanto cree en este poder transformador que ya se encuentra desarrollando su segundo largometraje, el cual continuará explorando las diversas y complejas ramificaciones de la violencia patriarcal en contextos comunitarios.
Li Cham se encuentra en un momento crucial de su distribución. La película se ha estrenado simultáneamente en espacios culturales, salas independientes y, de manera histórica, en salas de cine comercial a nivel nacional.
Para mantener estos espacios y demostrar que las historias de los pueblos originarios hacen cine, la directora invita cordialmente a la audiencia a revisar la cartelera completa en la plataforma artegios.com y, de manera muy especial, a llenar las salas comerciales.
«Es algo histórico que el cine hecho desde las comunidades ocupe estos espacios comerciales. Invito al público a que vaya, porque Li Cham no solo toca temas diversos, sino que a nivel cinematográfico se hizo un trabajo estético impecable. Tiene un diseño de sonido envolvente y una propuesta visual que solo se logran apreciar y disfrutar plenamente en la gran pantalla», concluye Ts’uyeb.
Consulta los horarios de esta semana en artegios.com y acompaña a Ana Ts’uyeb a mirar de frente el pasado para sanar el presente.
Esta nota fue publicada originalmente en CHIAPAS PARALELO, que forma parte de Territorial: Alianza de Medios de la Red de Periodistas de a Pie. Aquí puedes ver la publicación original.
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