Frente a abusos globales, luchas globales: Unión Hidalgo contra EDF

15 junio, 2021

La guerra de la comunidad en Unión Hidalgo, Oaxaca, contra Electricité de France enseña que es posible oponer resistencia a los gigantes y tener éxito. También, que debemos democratizar a los Estados mismos, y no solamente a la legislación que dicen hacer valer

Twitter: @eugeniofv

La crisis climática es un fenómeno notoriamente global en sus dimensiones, aunque tenga responsables, patrones y consecuencias muy locales. Su avance se ha dado siempre de la mano de otros dos fenómenos globales, el extractivismo y el imperialismo, que provocaron también dolores y extinciones muy locales pese a su escala y lógica mundiales. Ahora, gracias a la tozudez y fortaleza de la comunidad indígena de Unión Hidalgo y a las ONG que la acompañan en México y Francia, a esos monstruos de escala planetaria se les hace frente de forma también planetaria.

La primera parte de la historia es conocida de tanto que se ha repetido. Una empresa eléctrica gigantesca —en este caso la francesa Electricité de France (EDF)— busca apropiarse de los recursos y del territorio de una comunidad —ahora los de Unión Hidalgo, en Oaxaca— para ofrecer energía baja en emisiones de gases de efecto invernadero. Esto le permite pintarse de verde y asegurar a autoridades y mercados que produce energía limpia, lo que, a su vez, permite a los grandes dueños del capital en México presentarse como empresas respetuosas del planeta por comprarle a EDF su electricidad y, en muchas ocasiones, cobrar bonos y subsidios por ello.

La segunda parte, sin embargo, es más luminosa de lo que suelen ser estas historias. Unión Hidalgo es una comunidad no solo muy valiente, sino además cada vez más sofisticada en sus formas de lucha, y se hace acompañar por organizaciones y entidades muy importantes y capaces de forjar alianzas de la escala y la calidad necesarias para vencer en la defensa del planeta. En esta ocasión, se trata de la organización mexicana ProDESC que se ha aliado con varios de sus pares franceses, desde campeones de la solidaridad y la lucha globales como Greenpeace o Amigos de la Tierra (ambas a través de sus brazos en Francia) hasta la organización de defensa legal de los derechos humanos Asociación Sherpa.

La buena noticia es que esta oposición ha dolido. El proyecto en Unión Hidalgo lleva ya dos años de retraso y muy pronto podría terminar de entrar en violaciones al contrato que permitirían a la Comisión Federal de Electricidad —su principal comprador conocido— cancelarlo. La batalla actual está en los tribunales mexicanos y ahora también en los franceses, ya que las organizaciones que acompañan a la comunidad han presentado una demanda civil ante el tribunal judicial de París con base en la legislación francesa y europea para que se reconozcan las omisiones en lo que toca a la consulta a los pueblos indígenas.

La historia de la guerra de Unión Hidalgo contra EDF tiene un elemento especialmente indignante, que es que detrás de las acciones del gigante eléctrico están el Estado francés y el Estado mexicano, que son, respectivamente, principal accionista y dueño único de las dos empresas involucradas (EDF en Francia y Comisión Federal de Electricidad en México). Resulta enormemente grave que sean dos empresas públicas las responsables de estas enormes violaciones a los derechos humanos, en contextos en los que se supone que ya avanzamos mucho en materia democrática y de respeto a las garantías individuales.

Lo que está ocurriendo en Unión Hidalgo es muestra de hasta dónde los Estados siguen reproduciendo en su interior la misma lógica de las empresas a las que dicen regular, por más que estos fenómenos se hayan suavizado un poco en México en tiempos recientes. El caso arroja, por esto, dos lecciones importantes. 

La primera es que, gracias a actores como ProDESC y sus cómplices, es posible oponer resistencia a los gigantes y tener éxito. El camino para lograrlo es cuesta arriba, pero poco a poco se van acumulando las experiencias y los lazos necesarios para hacerlo más fácil.

La segunda es que debemos democratizar a los Estados mismos, y no solamente a la legislación que dicen hacer valer, para que estos atropellos dejen de ocurrir. Mejor que invertir todo el trabajo necesario para defenderse a escala global será luchar a tiempo desde lo local y lo nacional. Mejor que curar estos males sociales, será prevenirlos.

Consultor ambiental en el Centro de Especialistas y Gestión Ambiental.

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