En energía, ni con los fifís ni con los combustibles fósiles

22 febrero, 2021

Es falsa y dañina la actual división energética. Hay alternativas de energías renovables, ambientalmente sustentables y socialmente justas que están al margen tanto del despojo trasnacional como de los muy destructivos combustibles fósiles

Twitter: eugeniofv

Como casi todo en México en estos tiempos, el debate sobre la política energética nacional ha estado dominado por el enfrentamiento entre los defensores de lo hecho en los últimos veinte años —es decir los llamados fifís y sus aliados— y el gobierno de la 4T, que busca desmontar mucho de lo hecho en ese tiempo, combatir esos privilegios y devolver al Estado mucho del terreno que se le arrebató. En el caso de la energía, y puesto que hubo inversiones muy fuertes en energías renovables en los sexenios anteriores, éstas se presentan como la opción de los conservadores, mientras que los combustibles fósiles se presentan como la alternativa democrática y redistributiva, que serviría para “recuperar la soberanía nacional”. Esta dicotomía es falsa y muy dañina. Sí hay alternativas renovables, ambientalmente sustentables y socialmente justas tanto al expolio del territorio nacional por las transnacionales de la energía como a los muy destructivos combustibles fósiles.

Las reformas energéticas de los últimos veinte años no condujeron a fortalecer la capacidad energética de México ni a hacerla más sustentable. Más bien, se debilitó a las empresas públicas al tiempo que se dio carta blanca a empresas transnacionales depredadoras, que arrasaron los territorios a los que llegaron, destruyendo el entorno natural y expulsando a los pueblos y comunidades que los ocupaban.

Hoy vemos cómo los defensores de lo hecho en lo que va del siglo XXI siguen siendo igual de irresponsables y tan partidarios como siempre de favorecer el expolio de los más para favorecer a los menos, disfrazándolo de defensa del medio ambiente. Ahí está, por ejemplo, la declaración de los gobernadores panistas en favor de la energía eólica y solar y del gas natural, pero omitiendo toda referencia a los esfuerzos que deben hacerse para que esos proyectos energéticos se hagan sin daños ambientales, con la plena participación de la sociedad y para fortalecer a las industrias públicas nacionales.

La prueba de su hipocresía es que esos mismos gobernadores tienen en sus manos las posibilidades de impulsar una nueva forma de generar energía y de demostrar que hay otros modelos, pero no la aprovechan. En sentido contrario a ellos ha avanzado la Ciudad de México, que es punta de lanza de los esquemas que hacen saltar por los aires el dilema de estar con los fifís o con el petróleo.

El gobierno de Claudia Sheinbaum acaba de anunciar que, de la mano de la Comisión Federal de Electricidad, construirá en los techos de la Central de Abasto la central de generación de energía solar más grande del mundo al interior de una ciudad. Su impacto económico y social puede ser impresionante. Se trata de una inversión de poco más de 400 millones de pesos que se habrá recuperado en un lustro y que permitirá ahorros de más de 70 millones de pesos anuales en recibos de luz, sin atropellar a nadie y dejando de emitir casi 14 mil toneladas de dióxido de carbono.

Como ha mostrado el gobierno de la capital del país, en realidad las alternativas no son solamente la construcción de grandes proyectos de energía eólica o solar a costa de lo público y de las comunidades locales —la opción fifí— o la apuesta por el petróleo y los combustibles fósiles —la opción de la 4T de Rocío Nahle y Manuel Bartlett—. Hay muchos otros ejes sobre los que trabajar y muchos otros caminos que debemos tomar. 

Algunos compañeros, como Pedro Álvarez Icaza, ven que lo que urge hoy es resolver “un problema más estructural, que es cómo se genera la energía eléctrica de nuestro país como un bien público”. Aunque tiene razón en que ésa es la pregunta que domina hoy el panorama, urge complejificar el debate, porque no basta con que la energía sea pública. Debemos trabajar desde ya por que la energía, además de pública, sea sustentable, justa, descentralizada y diversificada.

Consultor ambiental en el Centro de Especialistas y Gestión Ambiental.

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