A escasos 500 metros de tanques de sustancias tóxicas y una planta de azufre, cientos de niñas, niños y docentes respiran a diario olores a gas, humo negro y partículas que provocan mareos, náuseas y problemas respiratorios. Llevan siete años pidiendo ser reubicados. Las autoridades, ante el riesgo inminente y la violación flagrante de la normativa, guardan un silencio cómplice. ¿Es necesario que ocurra una tragedia para que el gobierno federal actúe?
Es urgente reubicar a niñas y niños que estudian al lado de la refinería de Dos Bocas












