En la memoria larga de Nuestramérica, el 3 de enero de 2026 no será recordado como el día de la debacle, sino como el parteaguas donde la barbarie imperial, al desnudarse, perdió la batalla por el sentido. Fue la noche en que el proyecto bolivariano, obligado a refugiarse en la sabiduría estratégica del rescoldo, redefinió el horizonte de la soberanía: de atributo estático de un Estado a proceso dinámico de defensa colectiva del cuerpo-territorio-pueblo
La disputa por el futuro












