El paso de Francisco Villa por la Ciudad de México fue breve pero productivo: se reunió con Zapata, se sentó en la silla presidencial, enamoró a una cajera y mandó asesinar a un falsificador de billetes. También aprovechó para ir a llorar a la tumba del Francisco I. Madero y bautizó una calle en su honor
De cuando Villa bautizó a Madero












