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Vecinos de la Juárez, entre la inacción del gobierno, las inmobiliarias y el racismo

Un campamento de familias indígenas sin hogar provocó incomodidad entre vecinos de la colonia Juárez, quienes aseguran que el responsable último del problema es el gobierno por no haberlo solucionado. La presencia de los indígenas creó un conflicto que tensa la relación y una posible solución para estos indígenas que hoy viven en la calle.  

Texto: Arturo Contreras Camero

Foto: Duilio Rodríguez

Para distintos vecinos de la colonia Juárez, la falta de hogar de 80 familias otomíes los ha llevado al extremo en las dinámicas del vecindario, pues viven en la calle desde hace casi dos años. Aseguran que el gobierno, no les ha dado una solución y eso en parte causa de que los campamentos instalados por las familias que quedaron sin casa bloqueen el paso vehicular en las calles de Roma y Milán. En suma, tienen sospechas de una nueva construcción inmobiliaria en ese predio.

“Los vecinos quedamos entre dos intereses, el del dueño o la inmobiliaria, y de estas personas que su demanda es la de la una vivienda digna”, asegura uno de los vecinos de esta colonia de la Ciudad de México.

Desde los terremotos de 2017, cientos de personas indígenas tuvieron que dejar el predio que ocupaban por los daños severos que tuvo después los sismos. Desde entonces, tendieron un campamento de lonas y mantas en dos puntos del predio. Uno en la entrada que está sobre la calle Roma 18, y una más en la otra entrada, ubicada en el número 7 de la calle Londres.

“Pareciera que nosotros somos los rehenes de la gente que está ocupando la calle, del grupo que los usa a ellos para invadir predios y de las mismas autoridades que omiten. Los que sufrimos la situación día a día somos los vecinos. No nos dejan dormir, se ponen a jugar futbol a las 2 o 3 de la mañana, están dando pelotazos, se pelean, imagínate la puerta de tu casas, hacen sus necesidades ahí a veces, consumen sustancias, se están drogando en la puerta de tu casa”, asegura uno de los vecinos de la calle Roma en entrevista.

Las familias de indígenas sin casa han expresado su inconformidad ante las actitudes racistas que tienen los vecinos de la Juárez hacia ellos, incluso realizaron una conferencia de prensa en donde denunciaron que los molestan y que les dan malos tratos. Los vecinos aseguran que esos tratos se dan por el ambiente de hostilidades que se ha desarrollado desde que los indígenas ocupan la calle.

El grupo de Vecinos Unidos de la colonia Juárez se reunió con Pie de Página para dar su versión sobre un conflicto que, aseguran, ha hecho que los tilden de racistas. Por temor a represiones piden se guarde su identidad.

“Estas son las personas más débiles de la ecuación, que son usados por grupos que se dedican a invadir predios. Aquí el tema principal de nosotros como vecinos es la falta de atención por parte de una autoridad competente, que en este caso, sería el alcalde”, se quejan.

Hace veinte días, trabajadores de la Alcaldía de Cuauhtémoc levantaron una parte de este campamento sobre la calle de Londres, ayudados por una centena de policías, equipados con equipo antimotines. Según el alcalde de Cuauhtémoc, Néstor Núñez, y el subsecretario de gobierno de la ciudad, Arturo Medina, las acciones se realizaron por petición de los vecinos, aunque ellos lo niegan rotundamente.

“¿Por qué fue el desalojo de Londres? Nuestra presunción es que fue el dueño del predio presionando al alcalde, porque el mismo alcalde ha dicho que se ha reunido con él dueño. A los dos días que liberaron la calle de Londres, quitaron la jardinera que está enfrente de la puerta del predio, para que pudiera entrar todos los materiales de construcción. ¿Cuál es la presunción? Que van a quitar los árboles para empezar la obra, y nosotros vamos a quedar entre dos fuegos, entre la construcción inmobiliaria y el campamento”, dicen.

En la última semana las bardas del predio fueron remozadas y un grupo de obreros levantó una malla ciclónica coronada por alambre de púas. Al interior del inmueble hay guardias privados con armas largas que lo resguardan.

“Lo chistoso es que el dueño y el alcalde sí se ha sentado a discutir el tema. A él le están facilitando todo. ¿Por qué liberaron la calle de Londres únicamente? Porque por ahí están empezando ya a construir y a bardear el predio”, dicen.

Los vecinos aseguran que el desalojo del mes pasado no se debió a sus solicitudes, pues desde hace meses han pedido una reunión privada con el alcalde, que no ha llegado.

Dueño incierto

A pesar de que los vecinos y el alcalde nombran con toda seguridad a un dueño, no hay certeza de que estén hablando de la misma persona, pues la propiedad del predio no está clara.

Este predio albergó, de 1938 a 1976, la embajada de la España Republicana en México. “La casona fue dada en comodato por el gobierno del general Cárdenas, por doña Amalia, a la república española en el exilio”, cuenta uno de los vecinos. “Después, la casona, la cierran. Hay una ceremonia y queda la casa abandonada”.

Tiempo después, aparecería una persona que ellos identifican como Jacobo, sin saber si es un nombre o un apellido, a reclamar la propiedad.

“Lo que Jacobo dice es que se la regaló su papá, que era de una familia judía y que el primer inmueble que se lo dieron a él como regalo para que invirtiera. Él, por su inexperiencia y su juventud no hizo nada y la dejó ahí”, complementa otro de los vecinos a la historia.

Tanto los vecinos como los indígenas que ahora viven en la calle identifican a una empresa, Eduardo SA de CV, como otra de las entidades interesadas en el predio. Incluso los vecinos aseguran que aparece en archivos y carpetas judiciales sobre el inmueble, pero no han podido comprobar nada.

“Lo peor es que el folio real del inmueble, que es el número con el que se cataloga y tiene toda la historia del inmueble. Los del registro público de la propiedad dicen que está reservado, porque está en un proceso jurisdiccional”. se quejan.

Sin embargo, ni Eduardo SA de CV ni el nombre de Jacobo han sido mencionados por el alcalde como los dueños del predio. A pregunta expresa de a quién se refería cuando hablaba del dueño, el alcalde nombró a Marcos Ushdi, un nombre que ni los vecinos, ni los indígenas habían escuchado antes.

Por seguridad, nadie en la calle

Aunque la propiedad del inmueble es un tema fundamental para la resolución del conflicto, a los vecinos no les parece importar demasiado.

“Nosotros como vecinos no nos podemos ni pronunciar ni a favor ni en contra de quién es el legítimo propietario, porque no nos corresponde. Si está chueco el papel, si el señor Jacobo no es Jacobo, a los vecinos la verdad es que ni nos compete, ni nos debería de importar”.

A ellos, lo que les preocupa es la liberación de la calle, aseguran, por una preocupación genuina de la calidad de vida que actualmente vive en las calles.

“Son personas ellos, no pueden vivir en situaciones infrahumanas, en situaciones de hacinamiento que los provoca y los altera de una manera terrible y que va en prejuicio de ellos y de los vecinos también. Todos estamos en ese caldo de cultivo desde hace siete u ocho años”, dice uno de ellos.

Ese mismo vecino niega que los indígenas hayan llegado a ocupar el predio desde hace más de 20 años, como dicen. Él ha vivido en el edificio de departamentos contiguo desde hace 35 años. Desde su cocina y su cuarto alcanza a ver el predio, y dice que ellos no tienen ahí más de siete u ocho años.

“El lugar no nos interesa, el asunto aquí es lo que ha sucedido y lo que está sucediendo. Yo te lo puedo decir como vecino de ahí, como alguien que sufrió la invasión de estas personas. Fue verdaderamente un caos, se creó una ciudad perdida, sin ley, ahí”.

Otro más agrega: “Yo hice un arreglo  a mi casa hace tres años, y saqué muchos muebles y se los regalé a una de las familias que estaban ahí. Ellos me contaron que les estaban pagando por vivir ahí”.

“Nosotros nos hemos dado cuenta que los van sacando y metiendo, sacando y metiendo, porque la gente que vive ahí no es siempre la misma. Esto da cuenta de una  operación de personas que usan a otras personas para ocupar, en los sistemas de invasión de predios es muy conocido, los famosos ocupas, o paracaidistas”, Añade una tercera más, como para que no queden dudas de lo que dicen sus compañeros.

¿Racismo?

Los vecinos aseguran que el debate sobre el predio se ha centrado en si los vecinos quieren a los indígenas o no, o si es su discurso es racista. “Nos hemos polarizado en juzgar quién es el dueño y si tienen derecho o no. Y lo que queremos es salir de esa dinámica que nos ha enfrascado en prejuicios de los dos lados”.

Incluso, ellos se desmarcan de los señalamientos de racismo que les imputan. Aseguran que después de tanto tiempo, la situación ha generado hartazgo entre otros habitantes de la colonia, que sí llegan a emitir comentarios muy agresivos, pero no son de este grupo en específico.

Incluso, dicen, que estas expresiones son las que han cambiado el foco de la discusión a la propiedad del dueño y no a la atención de estas personas que viven en la calle.

“El punto es que es un problema para ellos, para los niños, vivir en esa situación. O sea, es violencia, es drogadicción, es foco de infección, es desnutrición, es falta de educación, son muchas cosas. ¡Es un caldo de cultivo que ya queremos que corten de raíz!”, dice uno sobre la gente que vive en las calles.

A pesar de todos los conflictos, los vecinos no se han acercado a dialogar con los indígenas. “El acercamiento con ellos no se ha dado hasta el momento, pero estamos en eso, porque queremos saber qué se puede hacer”, dicen.

Tampoco están seguros de que los indígenas operen a nombre de un grupo que se apodera de viviendas y predios, como señalaron.

¿Ustedes están convencidos de que ellos son un grupo de invasores? La pregunta parece caerles de peso.  No todos responden, algunos se quedan callados, y después, como que no queriendo, alguien dice un sí dubitativo, alargado, sin certeza.

La misma respuesta se muestra cuando se les pregunta que si ellos estarían de acuerdo con que los indígenas regresaran a vivir al terreno que ocupaban, en el caso hipotético de que la propiedad del predio no se pudiera comprobar.

“Yo sí tendría problema porque ya se vivió ahí una situación como de ciudad perdida, en donde hubo delitos graves por el hacinamiento en el que vivían ahí adentro”, contesta uno tajante.

Otra, más mesurada, responde. “¿Tú qué quisieras en donde vives? ¡Una comunidad en paz! A mí no me interesa si son judíos, chinos, otomíes, mientras estén dispuestos a vivir en esta comunidad bajo sus reglas, como vivimos todos”.

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Periodista en constante búsqueda de la mejor manera de contar cada historia y así dar un servicio a la ciudadanía. Analizo bases de datos y hago gráficas; narro vivencias que dan sentido a nuestra realidad.

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