Pueblo Yaqui recupera la Danza del Coyote

9 mayo, 2021

Pasaron 10 años desde la última vez que el pueblo Yaqui realizó la Danza del Coyote. Una danza tradicional de guerra que dejaron de realizar por la falta de recursos, desinterés de las autoridades tradicionales y el desplazamiento de su modo de vida. Ahora solo los viejos la saben. Pero en uno de los ocho pueblos, la danza renació

Texto y fotos: Daliri Oropeza

PÓTAM, SONORA.- La iglesia tradicional del pueblo yaqui de Pótam consiguió todo lo necesario para volver a realizar la danza del Coyote con su debido ritual de velación en la sagrada Sierra del Bakatete. 

No solo se trata de dinero. El témasti mol (o mayor) tuvo que identificar al último yaqui que la realiza, y vive en Vícam. Las mujeres cantoras. Los carros para trasladar a las personas. La comida para más de 150 personas. El consentimiento de la Guardia Tradicional, quienes no habían convocado a hacer el ritual. Las velas, las banderas, las vírgenes, los elementos sagrados.

Clementina, cantora de la iglesia de Pótam cuenta que la recuperación inició con Raquel Padilla Ramos. La antropóloga y etnohistoriadora, asesinada en noviembre de 2019, realizaba investigaciones y trabajo de campo sobre arte sacro en todo el estado de Sonora. Su amor y pasión por el pueblo yaqui la llevaron a especializarse en la mística de las iglesias de los ocho pueblos.

Así, Raquel conoció a Clementina, quien explicó lo que sucedía con la Danza del Coyote. La antopóloga habló con las autoridades y les hizo notar que ya había pasado mucho tiempo sin ir al cerro sagrado. 

“¿Tú qué dices, Esteban? Si de mí nace, el que yo les ponga los alimentos, el que yo les ponga los carros, el que yo les busque todo para que esa tradición renazca y no se pierda”, describe Clementina que le dijo Raquel Padilla a su esposo, quien respondió que eso sería significativo para él y para su pueblo. “Clementina ¿Tú que dirías mija, como cantora?”; ‘Perfecto doña Raquel, ¡vamos!, le dije”.

Clementina tuvo un sueño y por soñarse cantando es que decidió consagrar su voz a ser cantora de la iglesia de su pueblo. Tiene 10 años de cantora, los mismos que este ritual no se hacía. Con el consentimiento del entonces gobernador de Pótam, comenzaron a planear la recuperación.

Raquel consiguió los recursos para ir a la tumba del guerrero Juan Maldonado Tetabiate, reconocido líder de las agrupaciones que se refugiaron y defendieron de la Guerra del Yaqui, construyeron un cuartel que se encuentra en un espacio estratégico para mirar toda la sierra. 

Ahí cayó el guerrero y donde cayó lo enterraron. Y donde cayó es el lugar en que el pueblo yaqui recupera la danza del coyote en honor a Tetabiate  y en esta ocasión también en honor a Raquel Padilla, a quien asesinaron dos semanas antes de realizarlo. 

Por el reconocimiento que hace el pueblo yaqui a la labor de Raquel Padilla Ramos, la sembraron a un lado de este respetado guerrero. Ahí realizaron la danza junto con su ritual de velación en honor a Tetabiate y a Raquel.

“Se necesita de que enseñemos (la danza del coyote) a más, más niños, más personas”, asegura Chiriki, como le dicen de cariño a Clementina. Junto con su compañero, Esteban el Témasti mol de Pótam, se propusieron realizarla cada año pues son conscientes de la pérdida del ser yaqui,  determinante para la extinción de sus propios rituales.

“En todos los pueblos estamos tratando de renacer las tradiciones, se están renaciendo. Pues ahora sí, como dicen, la tribu Yaqui nos pusimos fuerte, nos ponemos fuerte”, asegura Clementina. 

Así la danza del Coyote pudo renacer. 

El ritual de velación inicia al atardecer, cuando el último rayo de sol se esconde entre las montañas. Termina cuando sale el primer rayo de sol, el cual da pie al comienzo de la Danza del Coyote. 

Parte fundamental de la ceremonia o ritual es la preparación de la comida a modo de ofrenda y alimentar a todas las personas que participen. Hay guisos tradicionales hechos con carne de res y miles de tortillas sobaqueras de harina de trigo.

Durante la ceremonia limpian y arreglan el lugar donde sembraron al guerrero y a la antropóloga. Colocan un altar y 12 velas en cada tumba. Así comienza la velación.
“La relación con este tipo de seres no humanos se entabla, según su cosmovisión, desde distintas dimensiones: el juya ania o mundo del monte, el batwe ania o mundo del agua, el sewa ania o mundo flor, y chokim ania o mundo de las estrellas (el firmamento) (idem). En el primero, los saberes estratégicos para la guerra y la persistencia se conjugan con la historia de pers cución y muerte que los ha marcado profundamente, pero también remite al origen de la Tribu como tal, por el hecho de que en su territorio el cerro denominado Omteme (el que está enojado) es quien al levantarse sobre la planicie estableció la división entre el agua del río y el agua del mar; el segundo mundo representa el principio y fin, origen y destino.”
Cita del peritaje antropológico de Raquel Padilla Ramos respecto al impacto social y cultural del megaproyecto de Acueducto Independencia.  
Resuenan tres aullidos de coyote a lo lejos, en medio de la noche, en medio de la sierra semidesértica del Bakatete, en medio de las estrellas. No hay luna. El viento anuncia con su movimiento, golpeando los pómulos, que viene algo importante en la ceremonia. En el sonoro silencio del monte, como eco vienen las voces de las cantoras que parecen la voz del todo que nos rodea en una lengua incomprensiblemente grecolatina.  El fuego ya está encendido al rededor de la tumba de Tetabiate. Tiene 12 velas. La Virgen de Loreto en el altar luce en tonos anaranjados en medio de la tintineante oscuridad. Las guitarras dan ánimo a la danza de los matachines. Resuenan los tambores de agua y los pasos del venado. Su presencia significa la trascendencia del espíritu. Rezan el padre nuestro. Danzan la pascola y el venado.

“Aún bajo la jefatura de Tetabiate, los yaquis insumisos mantuvieron cierta cohesión grupal, la misma que se perdió a su muerte, acaecida en las montañas sagradas del Bacatete en 1901. A partir de este hecho los  yaquis establecieron una guerra de guerrillas, atacando y “merodeando” en grupos pequeños y cometiendo actos de rapiña y pillaje para su subsistencia.  Además, algunos yaquis se asalariaron en ranchos, haciendas y minas para coadyuvar económicamente con la guerra”, Raquel Padilla Ramos en Yaquis itinerantes entre el campo de batalla,la sala de un museo y el sepulcro de honor (2015).

Aquí hay rezos al Juya ania, dios del monte. Suena el tambor. Rezan el ave María. El tambor llama a los que rezan. Una mujer mueve la bandera roja. Es para bendecir, es para que le llegue a todas las personas presentes por eso la ondean. Es un ritual para la trascendencia. En honor a los guerreros. Y en esta ocasión es también el cabo de año de Raquel Padilla. Hay 12 velas en su tumba. Es el momento en que despiden su alma después del periodo de luto. Es el momento en que su ser trasciende, justo al amanecer, cuando deja de bailar el venado.
El Coyote comienza a aullar su danza cuando las estrellas ya se fundieron en el cielo inundado  poco a poco por los rayos de sol. Es una danza de honor. A los guerreros y sus familias. A quienes ejercieron el cargo de gobernador de su pueblo. Hacen movimientos específicos cuando el primer rayo del sol ilumina la punta del monte. Con esta danza, el pueblo yaqui reivindica y renace su lucha, transmite su memoria.
Esta danza simboliza el triunfo del pueblo yaqui sobre los militares. Así fue el renacimiento de la danza del coyote.

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