Homero Gómez, el crimen organizado y los bosques del país

3 febrero, 2020

La defensa del territorio, del futuro de todos, pasa por reconstruir el tejido social y por proteger a esos ejidos y comunidades que son la primera línea de defensa de la naturaleza de la que todos dependemos.

Cuando el crimen organizado se adueña de una región, su violencia lo permea todo y encuentra a sus víctimas en todos los sectores y todas las actividades. La muerte de Homero Gómez, uno de los líderes más destacados de la zona en la que pasa los inviernos la mariposa monarca, en los bosques de oyamel entre el Estado de México y Michoacán, y de un guía de un santuario de la región, de nombre Raúl Hernández Romero, son casi con certeza consecuencia del reinado de esos criminales y del acoso sistemático que padecen los ejidos forestales del estado. 

Los móviles de los asesinatos de los defensores y manejadores de los bosques mexicanos son muy variados. Por ejemplo, la madera es un recurso muy valioso para los criminales, por su precio en el mercado y porque se presta muy bien al lavado de dinero. No hay que olvidar que ponerle cercas al bosque es un poco como ponerle diques al mar, pues cada predio tiene decenas o cientos de hectáreas, y muchas veces, miles. Esto hace que los criminales puedan invadir un lugar, derribar los árboles y llevárselos con relativa impunidad. Además, son pocos los inspectores fiscales o los policías que saben cuánto es un pie tabla de madera, y eso hace que inclusive un inspector honesto pueda dar por buena una declaración mentirosa sobre un cargamento de madera aserrada, permitiendo con ello que dinero mal habido quede blanqueado. 

No sería sorprendente que Homero Gómez hubiera muerto por oponerse a la tala clandestina y sin ningún orden de los bosques que tanto amaba. Tampoco sería de extrañarse que negarse a servir de tapadera para el lavado de dinero le hubiera costado la vida. 

Además de ello, las empresas forestales y turísticas sufren el mismo acoso que todos los demás actores económicos de Michoacán y de otras partes del país en las que el crimen organizado lo permea todo y en todo se mete. Por ejemplo, se ha reportado que las organizaciones criminales han obligado a algunos ejidos o comunidades a poner un administrador de su confianza en sus aserraderos o en sus empresas madereras, para saber exactamente cuánto ganan y cuánto cobrarles de derecho de piso. En la zona de la mariposa monarca, además, hay varios programas que hacen pagos importantes para financiar actividades de conservación y para hacer rentable el bosque en tanto tal. Podría ser que el móvil del crimen fuera el afán del crimen organizado de adueñarse de ese dinero.

Por otra parte, también se ha rumorado que Gómez podría haber tenido alguna aspiración política y fue asesinado por un rival potencial, o por un rival del grupo que lo podría haber arropado. La situación en el país ha llegado a tal grado de descomposición, y la política en general es tan mal vista, que mucha gente que escucha esta posibilidad encuentra natural que lo mataran si el móvil era su posible entrada a algún partido o su búsqueda de una candidatura a algún puesto de elección popular. Nos parece lógico lo que debería ser un escándalo. 

Además de ello, los miembros de los ejidos de la zona hacen constantes recorridos de vigilancia, y los guías de turistas exploran nuevos senderos y buscan nuevas rutas para llevar a sus clientes. Una posibilidad es que Gómez y Hernández Romero murieran por haber visto algo que no deberían saber.

Independientemente del resultado de las investigaciones sobre estos asesinatos en concreto, y sea cual sea el móvil o los móviles de ambos crímenes, los dos son producto de una situación insostenible, por la que el solo hecho de vivir en la región implica el riesgo de morir. La defensa del territorio, del futuro de todos, pasa por terminar con ese infierno, por reconstruir el tejido social y por proteger a esos ejidos y comunidades que son la primera línea de defensa de la naturaleza de la que todos dependemos. En Homero Gómez y Raúl Hernández Romero todos perdimos no a dos defensores de los bosques, sino de nosotros mismos.

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Consultor ambiental en el Centro de Especialistas y Gestión Ambiental.

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