Feminismo, moda y cultura pop

26 diciembre, 2019

En 2019, la palabra feminismo adquirió una escala sin precedente en la cultura de masas.  Y también llegó a los anaqueles de las tiendas departamentales. En México, una conocida tienda de ropa lanzó una línea de calzado con frases feministas. Esta empresa ha sido señalada por graves casos de violencia contra las mujeres.


María Teresa Juárez

En Ciudad de México, Barcelona o Buenos Aires, ha llegado la “moda feminista”. Y no hablamos de camisetas y pañuelos verdes producidos por artistas emergentes o pequeñas cooperativas. 

Estamos hablando de la semana de la moda en Nueva York, Londres, Milán y París. Uno de los momentos que causó mayor revuelo fue la colección otoño-invierno 2017-2018 con la presentación en pasarela de variadas prendas de vestir con lemas feministas: “Las chicas pueden hacer cualquier cosa”, “Todos deberíamos ser feministas” o… “Somos nietas de las brujas”. 

En años recientes publicaciones especializadas en moda como la revista Harper´s Bazar o la sección S Moda del diario El País, publicaron secciones especiales sobre la influencia del feminismo en mundo de la alta costura. Esto no es nuevo, desde hace tiempo se ha puesto sobre la mesa si Coco Chanel fue feminista o simplemente una pragmática visionaria al introducir el pantalón como parte de la indumentaria occidental del siglo veinte. 

El libro: Historia política del pantalón, de Christine Bard, documenta magistralmente la trascendencia de esta prenda de vestir en la vida cotidiana de las mujeres. Se trata de un ensayo histórico sobre la influencia cultural del pantalón y su relación con el movimiento de liberación sexual y el feminista. El texto también da cuenta de la trascendencia económico-política del pantalón y el surgimiento de la moda para ambos sexos.

Por su parte, Marie-Therese Basse -historiadora de la moda- escribe: “La moda unisex marca una ruptura simbólica, una nueva era en el vestir en la que, la tradición occidental ya no es más que uno de los componentes de las prácticas y en la que, el dimorfismo sexual de la ropa aparece como una posibilidad, no como una estricta obligación.”

Luego del establecimiento del estilo unisex hacia finales de los años sesenta, se sientan las bases de lo que hoy conocemos hoy como “moda sin género”.  Se trata de un diálogo que tiende puentes entre la cultura pop, los movimientos sociales y el lucrativo mundo de la moda. 

Lo interesante de todo esto es que pone como centro el tema de la disolución de las identidades sexo-genéricas: ¿existe la ropa sin género? 

Recordemos el revuelo que causó este año el anuncio de la Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación, de la Ciudad de México, al anunciar el uniforme unisex. La propuesta ponía en el centro la posibilidad de que las niñas y jóvenes pudiesen usar pantalón, y la lectura de algunos sectores sociales fue que los adolescentes podrían usar falda –aunque también es una posibilidad-. ¡En pleno siglo veintiuno, este tema aún sigue causando ámpula! 

Del otro lado de la oferta y la demanda, están las grandes empresas que ha sabido capitalizar estas transformaciones culturales de manera exponencial. Este año una conocida marca global sacó a la venta la llamada “moda sin género”. ¿Esto es nuevo? No, recordemos a su predecesora, la ropa unisex. Nuevamente podemos observar como el feminismo, la Teoría Queer y los estudios en sexualidad, han permeado la cultura pop hasta llevarla a lugares insospechados. 

La Teoría Queer nos plantea la premisa de que toda división de roles por género e identidades sexuales, es una mera construcción histórico-cultural: No existen los roles de género, son un invento humano, un hecho cultural, por lo tanto, no existe violencia de género. El género mismo, es el que produce violencia, al imponerse en sus acartonados roles-colores en espacios públicos y privados.

¡Ni una más! ¿El feminismo ha llegado al mainstream? 

Del movimiento #Metoo al flashmob “Un violador en tu camino”, las voces de feminismo recorrieron el mundo en 2019. Si en 2017 “feminismo” fue la palabra más buscada en Internet, en 2019 adquirió una escala sin precedente en la cultura de masas. 

Este año, medios nacionales e internacionales reconocieron la influencia de este movimiento en la vida social, política y cultural del mundo.

Y como dirían los estudiosos de la moda y la cultura pop: este movimiento se ha deslavado rápidamente para colarse entre los anaqueles de las tiendas departamentales transformado en mercancía. Sería el equivalente al concepto de “apropiación cultural”, en este caso, de un movimiento también multicultural, -recordemos el feminismo interseccional y su enorme aporte y crítica al feminismo blanco-. 

En México, una conocida tienda de ropa lanzó una línea de calzado con frases feministas. Esta empresa ha sido señalada en al menos un par de ocasiones por graves casos de violencia contra las mujeres. En noviembre de 2014 en los sanitarios de Liverpool Perisur, en la Ciudad de México, se encontró el cadáver de Angélica Trinidad Romero, empleada de esta empresa. El suceso ocurrió en el marco del Buen Fin, la tienda departamental, en lugar de dar aviso a las autoridades, contrató a un médico particular para que diera fe como si la muerte hubiera ocurrido de manera natural, sin la autorización de su familia. El caso aún sigue abierto. 

En febrero de 2015 en esta misma empresa ahora en la sucursal de San Juan del Río en el estado de Querétaro, Dafne McPherson tendría un aborto espontáneo en el baño de esta sucursal. Según el diario Excélsior: “De acuerdo con la defensa legal y los familiares de Dafne, la joven fue llevada a un hospital casi 2 horas después de sufrir el parto espontáneo”. El personal de la tienda no prestó ayuda oportuna. Dafne, fue sentenciada a 16 años de cárcel por este hecho.  

¿Es sorprendente que una conocida tienda departamental en México promueva mercancías con lemas feministas? No, se venía gestando desde hace tiempo. ¿Es ético? Definitivamente no. 

Y desde ahí, -más que condenar si el feminismo ha llegado a la cultura de masas- hay que cuestionar la práctica de empresas que, aprovechándose de la popularidad de un movimiento como éste, vende lo que sea a costa de lo que sea, siempre y cuando le reditúe ganancias, aunque no coincida con sus principios. 

En todo caso, al poder judicial tocará seguir rigurosamente ambos casos. Y desde quienes consumimos, nos corresponde sumarnos a la protesta social, y evidenciar la incongruencia de una empresa que ha violentado los derechos de sus trabajadoras y ahora, vende botas con lemas como: “¡Ni una más!”, abyecto, deleznable. 

Sin embargo, el alcance de la cultura de masas en el cambio de prácticas sociales es imparable. 

Habrá que promover consistentemente la generación de cooperativas y diseñadoras feministas que proponen prácticas distintas como la propuesta de Rotminas Producciones, La Cooperacha y la estupenda producción textil de las mujeres zapatistas.

Mientras tanto, intentemos apreciar lo que hace al menos dos décadas ya vislumbraran expertos de los fenómenos culturales: los feminismos han llegado para quedarse y su influencia en la cultura de masas… ya nada la detiene. 

¡Felices fiestas, salud y bienvenido el 2020 en un mundo Sin Etiquetas!

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Guionista, reportera, radialista. Cubre temas culturales, sexualidad, salud, género y memoria histórica. En sus ratos libres explora el mundo gastronómico y literario. Cofundadora de Periodistas de a Pie.

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