Si no puedo bailar, ésta no es mi revolución

29 noviembre, 2019

¿Quién dice que en las transformaciones sociales no puede haber gozo y alegría? Las Tesis en Santiago de Chile irrumpieron en el espacio público con una potente coreografía. Un performance rotundo que han invitado a replicar para demostrar que es posible bailar y hacer revolución

@tuyteresa

Hace algún tiempo una feminista chilena me contó de las famosas “fiestas de toque a toque”. Durante la dictadura militar de Augusto Pinochet, la libertad de expresión y de reunión estaban prohibidas. Sin embargo, la vida nocturna nunca se detuvo. Una de las medidas más temidas por ese régimen totalitario fue el toque de queda, impuesto desde el 11 de septiembre de 1973, hasta enero de 1987. 

En los primeros años, el toque era de 9 de la noche a 6 de la mañana. Iniciaron las reuniones que inaugurarían una época, marcada por la intensidad de la vida nocturna. Pronto se correría la voz. Estos encuentros, iniciaban justo al comenzar el toque de queda por la noche y finalizaban a las 6 de la mañana. 

Mientras la vida pública nocturna transcurría entre el terror y el miedo, en el espacio privado se creaban islas de libertad. Se charlaba de política, pero también eran espacios para escuchar música, bailar y enamorarse.

Es así como las fiestas de toque a toque se transformarían en un punto de encuentro para miles de jóvenes durante los cruentos años de la dictadura. 

La vida nocturna en sociedades azotadas por la represión se ha documentado ampliamente. 

¡¿Cómo olvidar Persépolis de Marjane Satrapi?! Una biografía de las juventudes iraníes de finales de los años setenta. Durante los tiempos más duros del régimen islámico, se organizaban fiestas nocturnas donde las juventudes se atrevían a reír, bailar y expresar sus ideas libremente. 

Y qué decir de los últimos años del franquismo. Almodóvar catapultó la marginal vida nocturna madrileña a los escenarios internacionales con filmes como: Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón. 

En estos tres escenarios, la vida nocturna y la fiesta gestarían a su modo, los grandes cambios culturales de principios de los años ochenta. Resistencia cultural y política.

Por las noches las mujeres se liberaban del Estado Islámico, los jóvenes chilenos encontraban refugio en las fiestas de toque a toque y la comunidad gay encontraba una forma de expresión durante el régimen franquista. 

¿Quién dice que en las transformaciones sociales no puede haber gozo y alegría? Emma Goldman, reconocida feminista reivindicaría esta premisa al hablar de la lucha como un eje de transformación social y personal. 

Si bien es cierto que en muchas ocasiones resulta difícil imaginar formas lúdicas para manifestarse ante la violencia y la muerte; a lo largo de la historia algunos colectivos han encontrado momentos para expresar formas de rebeldía creativa.

Y la culpa no era mía, ni cómo estaba, ni cómo vestía

Herederas de este legado, este 25 de noviembre, el colectivo Las Tesis realizó un acto en el Centro de Santiago, irrumpieron en el espacio público con una potente coreografía. Un performance rotundo, sus cuerpos… un mensaje de libertad ante las violencias. 

“Y la culpa no era mía ni dónde estaba ni cómo vestía
el violador eres tú…”

“El patriarcado es un juez
que nos juzga por nacer
y nuestro castigo es la violencia
que ya ves…”

“Duerme tranquila, niña inocente,
sin preocuparte del bandolero
que por tus sueños dulce y sonriente, vela tu amante Carabinero…”

Las Tesis debe su nombre a la idea de representar por medio del arte las premisas de teóricas feministas… representar ideas filosóficas a través una puesta en escena.

Sus cuerpos erizaban la piel con una coreografía perfecta, un grito de libertad, un canto rebelde y prometedor. Trazaron geografías inesperadas… nos hablaron de libertad. Por unos minutos, desafiaron el miedo a transitar por las calles. Por unas horas, intervinieron el espacio público, se apoyaron unas a las otras, desafiaron el statu quo

En menos de 24 horas esta colectiva acumuló más de un millón de vistas en redes sociales.

Este acto público nos recuerda que en Chile y otras regiones del mundo, la danza, la música y el gozo también forman parte de la resistencia. Algunos le llaman catarsis; otros… poesía.

Este viernes 29 de noviembre, colectivas de varios países han convocado a replicar esta experiencia demostrando que es posible bailar y hacer revolución.

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Guionista, reportera, radialista. Cubre temas culturales, sexualidad, salud, género y memoria histórica. En sus ratos libres explora el mundo gastronómico y literario. Cofundadora de Periodistas de a Pie.

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