En Esmeraldas, donde los nacimientos se celebran con arrullos, la violencia y el colapso sanitario amenazan la vida cotidianamente. Del 24 al 26 de julio de 2026, la provincia acogió el III Congreso de Partería Ancestral y Sanadoras, que reunió a más de un centenar de parteras de Ecuador y delegaciones internacionales en un acto político de resistencia frente al abandono estatal
Texto: Gabriela Ruiz Agila
Foto: Josep Vecino
ECUADOR. – En Esmeraldas, el nacimiento es un acontecimiento comunitario que se sella con el arrullo. Este canto tradicional afroecuatoriano aleja los malos vientos, convoca la protección de los santos y teje el cordón umbilical invisible que unirá a ese nuevo ser con el bosque, el río y el mar de sus ancestros.
«Al cruzar un puente, encontré un tesoro, un niñito de plata que parecía marfil, yo lo reviraba, yo lo reviré, mi niñito de plata, mi niñito lindo es».
—¡Lindo es!—, responden al unísono quienes acompañan.
«El arrullo es un rezo de la alegría por la vida», explica Juanita Francis Bone, de Mujeres de Asalto. Los arrullos forman parte de la memoria colectiva que se transmite de forma oral de generación en generación.
No se canta para entretener, se canta para fundar una identidad, porque constituye un ritual de preservación cultural y memoria ancestral. Los arrullos tradicionales son herramientas vivas aplicadas antes, durante y después de las labores de parto.

En ese territorio donde la vida se celebra con cantos, hablar de la provincia de Esmeraldas es «hablar de una permacrisis», señala la propia Juanita Francis Bone, representante del colectivo Mujeres de Asalto, que impulsó y coorganizó el III Congreso de Partería Ancestral y Sanadoras con acompañamiento internacional.
El evento ocurrió del 24 al 26 de julio de 2026 y reunió a más de un centenar de parteras de la Costa, Sierra y Amazonía ecuatoriana, junto a delegaciones internacionales. Se entregaron once reconocimientos a quienes actúan de manera política, cultural y judicial en Esmeraldas para cuidar de la vida.
La activista señala las causas del discurso político que estigmatiza a Esmeraldas como un «territorio de sacrificio»: «Hay que reconocer que la administración de los gobiernos se refleja en la vida digna o no de la gente y, desgraciadamente, en estos momentos, la militarización, la declaratoria del conflicto armado interno, no tener una estrategia real de seguridad ha impedido que Esmeraldas crezca por sus atractivos turísticos», y es calificada como un «territorio de sacrificio» o una «zona de guerra».
Esta discursividad encasilla a Esmeraldas, deshumanizando a sus habitantes y utilizándola como el escenario de fondo para justificar la militarización, el abandono de la inversión social y la normalización de la violencia.
El primer semestre de 2026 cerró con 172 homicidios intencionales registrados en Esmeraldas, concentrando, junto a Guayas, Manabí, El Oro y Los Ríos, cerca del 85 % de las muertes violentas a escala nacional. A esto se suma el alarmante repunte de delitos como el secuestro y una tasa proyectada a nivel nacional que sitúa a Ecuador en niveles históricos de letalidad (rozando los 49 homicidios por cada 100 000 habitantes).
Celebrar el III Congreso de Partería Ancestral precisamente en esta provincia constituye un acto político de contranarrativa radical. Significa dislocar el relato oficial de la muerte para colocar en el centro el relato del nacimiento y el cuidado de la vida. Se llevó a cabo en Esmeraldas debido a su profundo arraigo cultural afroecuatoriano y a su urgente realidad social, consolidándose como un acto de resistencia frente al histórico abandono estatal.
La provincia enfrenta una severa vulneración en su infraestructura sanitaria, marcada por la presencia de dos hospitales gravemente afectados y colapsados estructuralmente: el Hospital General Delfina Torres de Concha, que sufrió el desmantelamiento de sus servicios originales, y el Hospital del IESS Esmeraldas, sumido en constantes denuncias por desabastecimiento crónico de insumos médicos, falta de ambulancias y áreas de atención inoperativas.
En medio de este colapso sanitario y la violencia estructural, las familias rurales y urbano-marginales siguen recurriendo masivamente a las sanadoras y comadronas. Ellas son quienes verdaderamente garantizan el cuidado de la vida y el derecho a un parto digno, cubriendo el vacío del Estado y salvando vidas en los territorios más aislados.
Mientras el Estado y las bandas criminales disputan el control de los cuerpos a través del terror y la desidia sanitaria, las sabias y comadronas demuestran que Esmeraldas es un territorio generador de conocimiento, sanación y soberanía comunitaria. El congreso le dice al país que la provincia no solo exporta cifras de criminalidad, sino que exporta cátedra de medicina ancestral, articulación plurinacional y resistencia colectiva frente a la crisis.
La Asociación de Partería y Medicina Ancestral “Guardianas de la Vida” (APAMAGU) fue la organización anfitriona del miércoles en Muisne.

El Congreso responde a un proceso plurinacional, a la construcción de un tejido organizativo que se ha consolidado año tras año en diferentes regiones del Ecuador.
El I Congreso Nacional se celebró en octubre de 2023 en Cotacachi, provincia de Imbabura, enfocado en sentar las bases organizativas y redactar un primer manifiesto de exigencia de derechos ante el Estado. El II Congreso Nacional continuó esta ruta de descentralización y fortalecimiento organizativo (llevado a cabo en la Amazonía), permitiendo consolidar el Consejo Plurinacional de Sabias y Parteras.
El congreso de 2026 en Esmeraldas convocó de forma masiva a mujeres de la Sierra, como las parteras kichwa de Otavalo y Cotacachi, y de pueblos originarios de la Amazonía, como los shuar y kichwa amazónicos, uniendo la medicina andina, amazónica y costeña.
El encuentro adquirió una dimensión global al integrar delegaciones de Puerto Rico, Colombia, Guatemala y Estados Unidos. Entre las invitadas destacaron lideresas globales de la partería afrodescendiente, como Zul (Zulma Oliveras Vega), de Puerto Rico, defensora de los derechos de nacimiento, junto a Flor Montero, de la organización Birth Center Equity, de Estados Unidos, quienes compartieron estrategias de resistencia ante los altos índices de violencia obstétrica que sufren las mujeres afrodescendientes en el continente.

El Congreso fue el escenario para formular duras observaciones a la gestión del Ministerio de Salud Pública (MSP) y las normativas estatales, impulsando un hito histórico para la región.
Las parteras denunciaron la criminalización encubierta de su labor, los obstáculos burocráticos para la certificación oficial y el racismo institucionalizado del sistema de salud, que minimiza el dolor de las mujeres gestantes afro e indígenas. Señalaron que las políticas de salud intercultural son meramente decorativas y no asignan recursos reales para proteger la soberanía médica de los pueblos.
Ante estas deficiencias institucionales, el Congreso sirvió de marco para el lanzamiento de la primera Escuela de Partería Negra en Esmeraldas. Esta escuela se fundamenta en la necesidad de preservar la memoria histórica, asegurar el relevo generacional de los saberes y garantizar la autonomía comunitaria para atender la salud sexual y reproductiva desde la propia identidad cultural, utilizando herramientas ancestrales como la herbolaria y los arrullos tradicionales.
Ante el colapso del sistema de salud formal en Esmeraldas, la partería ancestral ha dejado de ser únicamente una práctica cultural para convertirse en la primera línea de respuesta sanitaria y de supervivencia materna en la provincia.
El Congreso demostró que el conocimiento ancestral une las luchas de los pueblos indígenas y afrodescendientes de la Costa, Sierra y Amazonía, construyendo una red internacionalizada que combate la violencia obstétrica a escala continental.
La creación de la Escuela de Partería Negra en Esmeraldas marca un cambio de paradigma: las parteras ya no solo resisten las imposiciones del Estado, sino que crean sus propias instituciones formativas autónomas para proteger su patrimonio inmaterial y defender los nacimientos dignos.
Hay una transición a la institucionalidad comunitaria que continúa fortaleciendo el tejido social en una provincia que se niega a ser tomada en cuenta únicamente como territorio de sacrificio. En cada nacimiento vive la esperanza.
Gabriela Ruiz Agila @GabyRuizMx Investigadora en prensa, migración y derechos humanos. Cronista. Es conocida como Madame Ho en poesía. Premios: Primer lugar en Premio Nacional de Periodismo Eugenio Espejo [Ecuador, 2017]; segundo lugar en el Concurso Nacional de Poesía Ismael Pérez Pazmiño con Escrituras de Viaje [Ecuador, 2016]; primer lugar en Crónica del Cincuentenario organizado por la UABC con Relato de una foránea [México, 2007].
Ayúdanos a sostener un periodismo ético y responsable, que sirva para construir mejores sociedades. Patrocina una historia y forma parte de nuestra comunidad.
Dona