Leyendo:
Cartoneras y encantos

Hay proyectos editoriales conmovedores en México, hechos casi sobre las rodillas, que buscan rescatar la narrativa y el alma de los pueblos que no llega ni a los libros de las grandes editoriales, o a las revistas, mucho menos a la televisión o la radio. La Cartonera es uno de ellos

@lydicar

En una librería de viejo en Cuernavaca, me encuentro unos folios encuadernados entre tapas de cartón. El cartón está pintado de forma rudimentaria: acrílico verde, mostaza y azul, que asemejan un paisaje. Una choza bosquejada por unas rayas. Unas aves infantiles en el cielo. El arte está firmado: unas delgadas letras rojas. La edición está foliada; tengo en mis manos la número 82.

En la segunda de forros, una hoja fijada con diurex advierte: Varios autores. Kosamalotlahtol. Arcoiris de la palabra, Volumen  3. 

Tomo prestado una historia de Xoxocotla. Narración que, a su vez, La Cartonera recuperó de los archivos Sentlalistli in Tlakeualistli Tonemilis Xoxokoltekayotl, “hojas escritas a mano con información escueta de una serie de narraciones transmitidas por Ricardo Alberto Castañeda, Anselmo Florentino y Miguel López Cambrón durante la década de los noventa”. 

La historia dice, más o menos, así: 

Dicen que en el mes de mayo, ya en vísperas de la Fiesta de la Ascensión, dos morilleros de Malinalco fueron a vender a Jojutla sus morillos. Éstos son unos troncos muy buenos para levantar casas o corrales.

Ahí pasaron la tarde, hasta que terminaron de vender. Luego regresaron, arreando sus bestias cada quien, y les cayó la noche cuando ya casi estaban de regreso a Malinalco y pasaban por donde está la Cruz.

En medio de la nada, estaba abierta una tienda. Uno de los morilleros le dijo al otro: –Espérame, voy a comprar unos cigarros–, mientras desmontaba y se metía a la tienda. 

–Bueno, no te tardes–, respondió  el otro, y avanzó un poco. Cuando volteó, no vio a su amigo, ni la tienda. Sólo los animales de éste.

Esperó un poco pero le dio miedo. Y emprendió el regreso. En el pueblo, cuando lo vieron llegar sin el compañero, lo acusaron de haberlo matado. Él respondió que no, que era su amigo, que por supuesto que no.

Y pasó un año durante el cual los familiares del amigo renegaban de él. Y de nuevo era la fiesta de la Ascensión, y el morillero fue a Jojutla a vender.

A la vuelta, por la noche, pasó por la Cruz, y ahí estaba la tienda, abierta. Se acercó y vio a su amigo de pie.

–Ándale, compadre, ¡vámonos!

–Espérame, espérame, que todavía no pido mis cigarros–, dijo el amigo, mientras tomaba una copita.

–Ándale, vámonos–, insistió el hombre, y lo jaló y sacó de la tienda.

El amigo le reprochó: ¡Qué malo eres! Han cerrado. ¿Cómo voy a pedir mis cigarros?

–¡Pero si llevas un año aquí!

Por fin lo convenció y regresaron al pueblo. Fueron a la casa del señor de los cigarros, que venía pálido, pues duró un año sin comer. Sin nada, se presentó ante su señora. Ésta tuvo que disculparse con el amigo, a quien creía que había dañado a su marido.

Pero el señor del encanto duró ocho días vivo y luego murió. “Yo creo que porque su espíritu ya estaba ahí en la tienda esa”.

***

Hay proyectos editoriales conmovedores en el país. Proyectos hechos casi sobre las rodillas,  que buscan rescatar la narrativa y el alma de los pueblos que no llega ni a los libros de las grandes editoriales, o a las revistas, mucho menos a la televisión o la radio.

Uno de estos proyectos es el de La Cartonera, con sede en Cuernavaca, Morelos. Cada sábado, se reúnen, y con amigos e interesados, impulsan un proyecto de encuadernación con material reciclado. Cada portada es única; y depende de la idea y la emoción del tallerista.

Con los contenidos, la editorial busca precisamente rescatar libros raros, y también la sabiduría oral de los pueblos. Llevan 10 años escribiendo o editando libros sobre papel y cartón reciclados, haciendo ejemplares únicos, buscando historias escondidas.

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Lydiette Carrión Soy periodista. Si no lo fuera,me gustaría recorrer bosques reales e imaginarios. Me interesan las historias que cambian a quien las vive y a quien las lee. Autora de “La fosa de agua” (debate 2018).

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