Leyendo:
Alma de relámpago

El trueno y el rayo están asociados a la energía que fecunda la tierra. La conexión entre masculino en el cielo, y la tierra, femenina. En lo poco que nos llega de las cosmogonías prehispánicas, se ha olvidado la participación de esta y otras fuerzas que vinculan ambos mundos

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En Mesoamérica, las diversas culturas hablan de que los cuerpos tienen muchas almas, o nahuales. Por lo general cuando hablamos de nahuales, pensamos en animales o brujos: perros, peces, coyotes. Pero hay una manifestación de energía que es recurrente en Mesoamérica: los nahuales truenos o rayos.

Por ejemplo, en una historia previa, se narró cómo los pobladores de San José El Paraíso, en Oaxaca, tuvieron que optar entre tres hombres con tres nahuales distintos: el del cangrejo, el del cometa y el del trueno para destapar un río subterráneo. Al final optaron por el cangrejo, ya que tanto cometa con trueno eran excesivo.

Según el libro de Elisa Ramírez Castañeda, Héroes fundadores, reyes subterráneos y seres extraordinarios, los truenos están asociados al maíz, a la lluvia. Estos seres fantásticos y poderosos se casan con mujeres lluvia o ranas. El trueno trabaja en repartir la humedad.

Entonces, los truenos, rayos y centellas están emparentados con la lluvia y la vida, y con los animales de sangre fría. Así lo muestra la siguiente leyenda mixe recabada por Ramírez Castañeda, la cual dice más o menos lo siguiente:

Un hombre de Camotlán tuvo una hija. La mamá ya había muerto, así que el hombre se casó con otra mujer, pero ésta no quería a su entenada. 

Una vez, cuando la muchacha salió de casa, la madrastra destapó un jicalpestle (jícara decorada y pintada) que la joven tenía muy bien tapado, y de ahí salieron muchas culebritas. Cuando aquélla regresó y se percató de lo ocurrido, inmediatamente salió a buscar por el monte sus culebritas. Pero no las halló a todas. 

Muy enojada, la joven guardó las culebritas en el jicalpestre y se dirigió a una gruta conocida como la Cueva de la Muchacha; entró a la tierra, y salió por otro lugar llamado “Cueva del Mar”.

Después de tres días, el papá de la muchacha muy preocupado la fue a buscar. La halló ahí, afuera de la cueva del mar.

–¿Hija, por qué me dejaste?

–Tú no tienes la culpa, papá. Mi madrastra así lo quiso. No quiere a mis hijos. Pero en ocho días te iré a visitar con tu yerno.

–¿Te casaste ya?

–Papá, mi marido es Rayo. Cuando vaya a tu casa, vas a poner dos petates y cinco cajas grandes para que tengas dinero. Y no tengas miedo cuando veas que tu yerno es culebra. Después se va a transformar en gente.

El final del cuento asevera que ahora tenemos leyendas debido a la mujer que dejó ir a los hijos de la muchacha y de Rayo.

El trueno y el rayo están asociados a la fecundación: la energía que fecunda la tierra. La conexión entre el principio masculino en el cielo, y la tierra, femenina. Lo curioso es que en lo poco que nos llega de las cosmogonías prehispánicas, se ha olvidado la participación de esta y otras fuerzas que vinculan ambos mundos. Como si hubiéramos olvidado la concatenación de un mundo que requiere de todas sus partes, y donde las relaciones entre ellas son más importantes que tan solo la suma.

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Lydiette Carrión Soy periodista. Si no lo fuera,me gustaría recorrer bosques reales e imaginarios. Me interesan las historias que cambian a quien las vive y a quien las lee. Autora de “La fosa de agua” (debate 2018).

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