La falta de una política hídrica del Estado mexicano para las comunidades indígenas y rurales cada vez se acentúa más, mientras que los talamontes siguen haciendo de la suya y los incendios forestales arrasan con los cerros. y también: propuestas que replanteen el uso de agroquímicos en las comunidades
La sequía avisó, pero nadie previno el desastre












