En San Felipe Otlaltepec, Puebla, el poder no se disputa entre partidos políticos sino entre secciones territoriales que lo rotan cada dieciocho años. Aquí las autoridades se eligen por asamblea, se valora más la experiencia comunitaria que el dinero y el sistema de cargos ceremoniales mantiene vivo el tejido social. Esta es la historia de un pueblo que ejerce su autonomía de espaldas al Estado
Organizar lo común: el ejemplo de los ngiwa












