En Argentina el agronegocio aprovechó la cuarentena para destruir a sus anchas unas 200 hectáreas diarias de monte nativo que no se recuperarán nunca más. Con topadoras y fuegos intencionales destruyó la biodiversidad para producir cultivos transgénicos y vacas que dan carne para exportación, mientras el hambre de los locales aumentaba. Un negocio redondo para el fin del mundo
Que arda: no hay virus que frene al agronegocio












