Mauricio Martínez fue detenido el pasado 17 de julio y posteriormente vinculado a proceso por narcomenudeo y posesión de armas de uso exclusivo del Ejército. Su padre denuncia irregularidades durante el cateo y organizaciones señalan una posible criminalización por su activismo propalestino, mientras una campaña mediática difundió imágenes de su detención y lo presentó como culpable antes de que existiera una sentencia
Texto y fotos: Camilo Ocampo
CIUDAD DE MÉXICO. – Mauricio Martínez es un activista que, de acuerdo con su familia y organizaciones sociales, ha participado en movilizaciones y actividades de solidaridad con el pueblo palestino. Desde su detención, el pasado 17 de julio, su caso ha sido denunciado como un acto de criminalización relacionado con su activismo.
El pasado jueves 23 de julio, después de una audiencia, Mauricio fue vinculado a proceso por los delitos de narcomenudeo y posesión de armas de uso exclusivo del Ejército. Sin embargo, organizaciones y activistas que acompañan el caso sostienen que las acusaciones en su contra fueron fabricadas y que el proceso forma parte de una persecución relacionada con su actividad política.
Su padre, Ramón Sánchez Medina, en entrevista para Pie de Página, realizada el pasado 21 de julio afuera del Reclusorio Varonil Oriente, en la Ciudad de México, habló sobre la detención y el proceso que enfrenta su hijo, además de las irregularidades que denuncia.

De acuerdo con lo relatado por su padre, todo comenzó la madrugada del 17 de julio, cuando un grupo de agentes irrumpió en su domicilio.
Según lo dicho, todo ocurrió poco después de la una de la mañana, cuando Mauricio se acercó para avisarle que había personas afuera del domicilio que intentaban entrar por la fuerza.
Ramón, quien utiliza un aparato de oxígeno para dormir, se levantó y se acercó a la puerta. «Luego luego me encañonaron y me sacaron fotos. Les pregunté qué estaba pasando y me dijeron: “Es un cateo”», relató.
El padre de Mauricio asegura que, aunque les dijo que abriría la puerta, los agentes golpearon la entrada con un ariete táctico. Después, alrededor de 20 personas encapuchadas y sin identificaciones visibles ingresaron al domicilio. La familia fue sentada en el comedor mientras los agentes apuntaban con sus armas.
«Yo conozco a mi hijo, sé quién es. No hay nada. Les dije: “Van a sembrar algo”», contó Ramón.
De acuerdo con su relato, minutos después los agentes le informaron de que habían encontrado un arma en el domicilio. Sin embargo, asegura que nunca se la mostraron. Los agentes continuaron revisando las habitaciones y posteriormente sacaron a Mauricio esposado.
La familia no pudo acompañarlo de inmediato. Según su padre, los agentes les impidieron salir mientras se llevaban a su hijo. Un sobrino intentó seguir la patrulla en motocicleta, pero también fue detenido por los policías para impedirle continuar.
Tras la detención, la familia comenzó a revisar el domicilio. Fue entonces cuando, según Ramón, se dieron cuenta de que también faltaban pertenencias.
«Se llevaron el joyero de mi esposa. Teníamos sus ahorros, 70 000 pesos, sus joyas, sus anillos, su tarjeta del Bienestar. En mi cuarto se llevaron tres relojes. Se llevaron mi alcancía, que ya tenía años echándole monedas de 20», narró.
También, dijo, desaparecieron 1500 pesos que llevaba en su cartera, además de algunas tarjetas y documentos.
La familia sospechó que los agentes habían intentado eliminar registros de la intervención. Ramón explicó que los vecinos cuentan con cámaras de seguridad y que, al revisar las grabaciones, descubrieron que los agentes habían apuntado con un láser los dispositivos y retirado los que estaban instalados en el exterior de su vivienda.
«Lo primerito que llegaron fue a quitar las cámaras», afirmó.
Sin embargo, una cámara de un vecino logró registrar parte del operativo. La familia cuenta ahora con ese material, que, según su padre, podría ser presentado como evidencia durante el proceso.
La versión de la familia también contradice algunos de los señalamientos que aparecen en la carpeta de investigación, de acuerdo con lo que el abogado les ha informado. Ramón asegura que las autoridades sostienen que Mauricio tenía droga y un arma, además de que habría amenazado a personas en la calle.
En medios de comunicación también se difundió la versión de que durante el operativo se habrían encontrado 80 bolsas con una sustancia cristalina y alrededor de 20 bolsas con una sustancia verde. La familia rechaza estas acusaciones y sostiene que existen inconsistencias en la forma en que se documentó el cateo.
«Están mintiendo», afirmó Ramón al referirse a la versión de los agentes sobre cómo ingresaron al domicilio y realizaron la diligencia.

Para su padre, Mauricio no es la persona que describen las acusaciones. Lo define como un joven dedicado a actividades cotidianas, al deporte y a la fotografía.
«Es una persona a la que le gusta andar en bicicleta, le gusta ir a correr. Va lunes, martes, jueves y viernes a la alberca olímpica. […] Le gusta sacar fotos, luego anda vendiendo collares en Coyoacán. A eso es a lo que se dedica nada más, a la fotografía, luego se va a la montaña», contó.
Pero Ramón también sabía que su hijo participaba en movilizaciones y actividades políticas. Mauricio, dijo, estaba involucrado en movimientos sociales y había expresado públicamente su desacuerdo con distintas situaciones del país.
«Yo sabía que sí andaba en eso», relató.
El padre también contó que, después de la detención, una compañera de Mauricio se acercó a la familia y le mostró mensajes que, según dijo, habían llegado al teléfono de su hijo y contenían amenazas.
Ramón asegura que Mauricio nunca le había contado que estuviera siendo vigilado o seguido. Sin embargo, ahora considera que su activismo podría estar relacionado con su detención.
«Yo digo que es eso, y está involucrado alguien con mucho poder», respondió cuando se le preguntó si consideraba que el proceso contra su hijo estaba relacionado con su actividad como activista.
Desde que fue detenido, organizaciones y activistas han denunciado que el caso de Mauricio podría formar parte de un proceso de criminalización contra quienes participan en movimientos sociales y expresan públicamente su solidaridad con Palestina.
A la detención siguió una campaña de estigmatización en redes sociales y medios de comunicación. De manera inmediata, el comunicador conocido como C4 Jiménez difundió imágenes de Mauricio durante su detención y publicó información sobre el caso, presentándolo con calificativos y apodos asociados con el narcotráfico, antes de que existiera una sentencia.
Las imágenes de la detención, según han denunciado personas cercanas al caso, habrían sido compartidas por agentes que participaron en el operativo. Su difusión ocurrió mientras Mauricio aún no había sido presentado ante un juez y sin que existiera una resolución judicial que determinara su responsabilidad.
Para las organizaciones y personas que acompañan el caso, esta exposición pública contribuyó a construir una narrativa que lo presentó como culpable antes de que pudiera ejercer plenamente su derecho a la defensa.
La Constitución mexicana establece el principio de presunción de inocencia. El artículo 20 señala que toda persona imputada debe ser considerada inocente mientras no se declare su responsabilidad mediante sentencia. Este principio también implica que las autoridades deben evitar presentar públicamente a una persona como culpable antes de que exista una resolución judicial.
La difusión de imágenes de personas detenidas y la publicación de datos que puedan prejuzgar su responsabilidad han sido señaladas en distintos momentos como prácticas contrarias a este principio. En el caso de Mauricio, su familia y las organizaciones que lo acompañan cuestionan que la información del operativo haya sido filtrada y utilizada para construir una imagen pública de culpabilidad desde las primeras horas de su detención.
Mientras el proceso judicial continúa, Mauricio permanece privado de la libertad. Para su padre, la exigencia es que el caso sea investigado con imparcialidad y que su hijo pueda enfrentar el proceso con pleno respeto a sus derechos.
«Yo conozco a mi hijo, sé quién es», repite Ramón al recordar la madrugada en que los agentes ingresaron a su casa.
Para la familia, la disputa no solo se encuentra en los tribunales. También está en el terreno público, donde denuncian que Mauricio fue presentado como culpable antes de que un juez determinara su responsabilidad y que su activismo político y su solidaridad con Palestina fueron utilizados para estigmatizarlo.
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