El clóset de cristal

18 julio, 2026

A diez años de su publicación, releo El clóset de cristal (Ediciones B) de Braulio Peralta, libro sobre Carlos Monsiváis, quien le repetía al autor: “Si yo salgo [del clóset] me van a etiquetar como un autor gay y no quiero eso, porque me van a limitar en todo lo que hago públicamente. No puedo y no lo voy a hacer…”

Por Évolet Aceves / X: @EvoletAceves

A diez años de su publicación, revisito El clóset de cristal (Ediciones B, 2016), libro del periodista cultural Braulio Peralta, quien desde su propia historia y desde la cercanía que tuvo con el autor de Apocalipstick, fue tramando esta obra testimonial en que el autor funge como un cronista con la lente puesta sobre Carlos Aceves Monsiváis, en este libro también recoge entrevistas con gente que lo rodeó, que lo conoció, que lo admiró, que le temió; gente que fue cercana a él.

Dice Braulio Peralta en su libro sobre Monsiváis: “…ahora hay quienes lo denuestan, esos a los que apoyó en su carrera, en sus trabajos, con su obra o textos periodísticos […] Los incautos —que todo lo creen y no lo leen— no entienden que los que lo critican buscan ser vistos a sus costillas, aun muerto, porque es la manera en que pueden figurar; son los menos, desde luego. Son los sin obra, también. Ninguno de ellos tiene un clásico del periodismo como mínimo, ni cedieron en fideicomiso su acervo cultural como él con El Estanquillo, la casa de su presencia. La mezquindad engendra amargura…”

Cito este fragmento porque, aunque diez años han pasado desde la publicación de este libro, continúa siendo contundentemente vigente.

El clóset de cristal da cuenta de los incansables esfuerzos de Monsiváis para formar parte, tras bambalinas y no tanto, de la liberación y de la lucha por los derechos de homosexuales, lesbianas, trans y travestis —a quien el autor de Escenas de pudor y liviandad decía admirar por la valentía a la que se enfrentaban al salir a la calle.

Es también un libro que registra la evolución y el transcurrir del movimiento LGBTQ+ en México desde su formación, en la década de los setenta. Y el libro recrea incluso la década anterior, los sesenta, cuando “los morrales y los huaraches eran la mexicanidad, la moda del universitario pobre”, para explicar los antecedentes, los orígenes del movimiento en México, la creación de los primeros grupos orquestados por jóvenes pertenecientes a la comunidad LGBT+ y defensores de derechos, de sus derechos; el importante papel que tuvieron tanto Nancy Cárdenas como Monsiváis, quien —a la manera de Silvia Pinal salvando la cinta Viridiana del gobierno franquista— envió a México en 1971 carteles y folletos desde Londres, “mientras se desempeñaba como lector de literatura mexicana e hispanoamericana”.

Entre la gran variedad de nombres mencionados en estas páginas, resalta el de Xabier Lizárraga, antropólogo, dibujante y uno de los varios líderes políticos que participó en las primeras marchas del orgullo —antes de llamarse así—, así como el de Juan Jacobo Hernández, quien desde su época de estudiante en la Facultad de Filosofía y Letras en la UNAM mucho impulsó el movimiento —y hasta la fecha continúa haciéndolo.

En otro de sus libros, Otros nombres del arcoíris: Alegatos contra el machismo (Ediciones B, 2017), Braulio Peralta escribe: “Carlos Monsiváis, Nancy Cárdenas y Tina Galindo unen fuerzas con Juan Jacobo Hernández, Luis Prieto y otros amigos para formar un grupo: el Frente de Liberación Homosexual”.

Las lesbianas no se quedaban atrás, y hasta la fecha han tenido, notoriamente, menor reconocimiento del que merecen.

A veces hace más falta voltear a ver la historia de nuestro país, lo que se gestó y lo que se gesta en México. No todo fue Stonewall. Se le aplaude a Marsha P. Johnson en México como si hubiera tenido sangre azteca, mientras pocos conocen el nombre de Nancy Cárdenas, de Juan Jacobo Hernández, de Xabier Lizárraga, de Henri Donnadieu, y aún menos el de José María “La Pepa” Covarrubias, o el de Fernando Vigoritto, junto a tantos y tantos más nombres que continúan pasándose por alto. Dice Peralta en su libro: “…Pero los gays, como muchos mexicanos heterosexuales, no leen”.

Fueron las lesbianas quienes comenzaron el justo reclamo de derechos a la comunidad LGBT+, al menos en México. Nancy Cárdenas, Tina Galindo, Emma Almada y otra Emma a la que llamaban “La Espina”. La gota que derramó el vaso fue el despido injustificado a Fernando Vigoritto, amigo de Nancy Cárdenas a quien “lo ‘habían corrido de la tienda Searsde Insurgentes, por joto’, lo contaba y se inflamaba de coraje. Reunieron cartas de protesta a Sears, mismas que Carlos redactó”.

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A Carlos Monsiváis no le interesaba figurar entre los representantes homosexuales del movimiento LGBT. Y más que no le interesara: no quería. Cuenta Peralta que Monsiváis le dijo muchas veces: “Si yo salgo [del clóset] me van a etiquetar como un autor gay y no quiero eso, porque me van a limitar en todo lo que hago públicamente. No puedo y no lo voy a hacer…”.

Argumenta Peralta que, a raíz de que el VIH comenzó a crecer en la población mexicana, Monsiváis dedicó una buena parte de sus artículos periodísticos a informar y concientizar a sus lectores sobre el tema.

Tampoco es que Monsiváis fuera un angelito. El trato que daba a políticos era distinto que el que daba a periodistas, y a su vez a escritores, a gente del espectáculo, a la familia, a novios y amantes. Era un hombre de cuidado que tenía muy claro el panorama sociopolítico y cultural de su tiempo. Una línea muy bien trazada y segmentada a conveniencia. Lo que también tenía claro era el no tener que admitir públicamente su orientación sexual. Algo completamente válido y que, hoy en día, debería continuar siendo respetado por quien así lo desee. Cada quién es libre de decirlo o no públicamente. Y está bien.

Dicho lo anterior, quien haya leído a Carlos Monsiváis puede darse cuenta de que la entrevista apócrifa publicada hace unas semanas, no eran claramente las palabras de Monsiváis. No era ni su discurso ni su manera de expresarse, y menos en una entrevista, como la publicada —y luego eliminada— de El Universal, aludiendo burda y vulgarmente a una supuesta homosexualidad del expresidente de México, Andrés Manuel López Obrador, sin antes haber pasado por ningún filtro de revisión previo a su publicación. El autor de dicha entrevista no pudo demostrar la veracidad de las falsedades publicadas.

Molesta el que se haya tomado la figura de Monsiváis y el de su orientación sexual para tratar de denigrar no sólo al expresidente, sino a Carlos Monsiváis y de pilón a la comunidad homosexual. Y luego en el mes de junio… Mala jugada y muy mal jugada, pero bueno, la creatividad de la derecha suele flaquear cada vez con mayor encono.

Por último: aunque El clóset de cristal ya está fuera de circulación, aún está disponible en la librería Somos Voces, en la Zona Rosa (CDMX) y, si se corre con suerte, también se puede conseguir en las librerías de ocasión. Es un hermoso libro narrado en segunda persona y que no tiene desperdicio, sobre todo para aquellos interesados en conocer, de primera mano, un testimonio no sólo de alguien que convivió muy de cerca con Carlos Monsiváis, también de alguien que formó parte fundamental en la consolidación y en la historia del movimiento LGBTQ+.

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everaceves5@gmail.com

Évolet Aceves es cuentista, novelista, poetisa, cronista y ensayista. Autora de la novela Tapizado corazón de orquídeas negras (Tusquets, 2023), forma parte de la antología Monstrua (UNAM, 2022). Periodista cultural, fotógrafa con dos exposiciones individuales. Escribe su columna en Pie de Página. Ha vivido y estudiado en Toluca (México), Varsovia (Polonia), Albuquerque (Nuevo México, EEUU) y Nueva York, donde actualmente reside con la beca GSAS otorgada por la Universidad de Nueva York, donde también da clases. Colaboradora en revistas y semanarios: Dominga (Milenio), El Cultural (La Razón), Nexos, Replicante, Este País, entre otros. Su obra ha sido presentada en ferias del libro y universidades de México, Estados Unidos, Polonia y Alemania.