Durante 22 horas, el latido de América Latina no se escuchó en un petitorio ni en una toma política, sino en la voz de 86 estudiantes que, turnándose frente al micrófono, le devolvieron la sangre a un libro. A las afueras de la Biblioteca Central de la UNAM, la Plataforma Universitaria Antiimperialista Mexicana convirtió la lectura de Las venas abiertas de América Latina en un acto de resistencia poética y política
Texto y fotos: Andrea Amaya
CIUDAD DE MÉXICO. — El evento se posicionó como una respuesta crítica a lo que los organizadores denominan el desarme teórico de la juventud actual y la derechización de los espacios universitarios.
Carolina Cabrera, estudiante y organizadora, explicó que el maratón busca recuperar herramientas críticas frente a la actual doctrina geopolítica en la región:
«Nos han desarmado teóricamente para comprender lo que sucede, la masa estudiantil ya no reacciona como antes. La pregunta es qué sucede que los estudiantes no se levanten de la misma manera», cuestionó Cabrera en entrevista para Pie de Página.
Para los organizadores, este maratón es una herramienta de formación política ante lo que consideran una epistemología secuestrada por intereses ajenos a la soberanía nacional. Cabrera fue enfática al citar la necesidad de una militancia activa:
«El Che Guevara decía que necesitábamos construir muchos Vietnam. Hoy, esta actividad pretende que aquí construyamos nuestro propio Vietnam. No tomando las armas, sino retomando las armas que nos han quitado: la conciencia y la organización».

La inauguración del evento contó con la participación del escritor y analista político Federico Bonasso, quien vinculó la actividad con la resistencia literaria clásica de la ciencia ficción para resaltar la importancia de mantener viva la historia regional.
«Yo no sé si ustedes leyeron Fahrenheit 451 de Bradbury… donde los bomberos en el futuro se dedican a quemar los libros. El protagonista encuentra una comunidad de mujeres y hombres libro que han memorizado cada uno una obra fundamental para que el fuego del olvido y el fuego del sistema no las elimine de la historia. Lo que están haciendo hoy es algo maravilloso», afirmó Bonasso.
Por su parte, la académica y analista Teresa Rodríguez de la Vega aprovechó el foro para cuestionar la gestión actual de la universidad y la pérdida de la presencialidad como motor de cambio social.
«Hay que repoblar la universidad en nuestras aulas, bibliotecas, pasillos y cubículos… para que la universidad vuelva a ser el hogar seguro para los movimientos e iniciativas populares. Ojalá la universidad se vuelva un lugar seguro para una Latinoamérica que necesita todos nuestros ojos, voces y voluntades», señaló.

El maratón no se limitó a la lectura. Entre los cinco capítulos del libro, se realizaron mesas de análisis, rap conciencia y lectura de poesía. Además, se instaló un centro de acopio en solidaridad con Cuba, en respuesta a la crisis energética que atraviesa la isla.
«No se necesita bombardear para poner en jaque a un pueblo, y la muestra es el bloqueo a Cuba», denunció Cabrera, subrayando que el apoyo material es solo un paso en una lucha más amplia que debe escalar a la exigencia política hacia los gobiernos.
Al concluir las 22 horas de lectura, el eco de Galeano permaneció en la plaza. La Plataforma advirtió que este es solo el inicio de una serie de actividades para «democratizar la universidad de arriba para abajo» y despertar a una generación que, en palabras de los participantes, «siente las injusticias de una manera tremenda», pero necesita canales para convertir ese sentimiento en acción.
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