“¡La Fiscalía no nos escucha, hagamos ruido!”

6 diciembre, 2019

Frente a las instalaciones de la Fiscalía General de la República, integrantes de Búsqueda Nacional en Vida por Nuestros Desaparecidos reivindicaron la búsqueda en vida y denunciaron que las autoridades no tienen imaginación para buscar a las personas vivas. La dependencia federal atrajo 14 casos

Texto: Daniela Rea

Fotos: Heriberto Paredes

–Compañeras, ¿la Fiscalía nos escucha cuando le hablamos?- pregunta Lucy López a sus compañeras afuera de las instalaciones de la Fiscalía General de la República.

–¡No!- responden las mujeres con cazuelas y cucharas en mano.

–Pues entonces ¡hagamos ruido!

Y el estruendo de las cazuelas golpeadas con piedras, palos, cucharas suena en las afueras de la Fiscalía. El estruendo que anuncia coraje, frustración, fuerza, dolor, ausencia.

Integrantes de Búsqueda Nacional en Vida por Nuestros Desaparecidos, casi todas madres, esposas y hermanas, se manifiestan afuera de la FGR para exigir la atracción a nivel federal de las  investigaciones por desaparición, mayor cantidad y calidad de ministerios públicos que investigan los casos y acciones concretas en las líneas de investigación, que permitan dar con los desaparecidos y entender las lógicas del crimen para que puedan evitarse otros crímenes. En concreto, las familias reivindican la búsqueda en vida y denuncian que las autoridades no tienen imaginación para buscar a las personas vivas.

“Queremos una búsqueda en vida, pero ellos no saben cómo hacerlo, sólo saben buscarlos muertos. Nosotros estamos cansados de buscar en fosas, queremos encontrarlos vivos”, reclama Lucy López, originaria de Torreón, Coahuila, una de las convocantes de la Búsqueda Nacional en Vida que se ha desarrollado toda la semana en la Ciudad de México.

–Compañeras, ¿queremos que encuentren a nuestros desaparecidos?– insiste Lucy.

–¡Sí!

–Pues entonces ¡hagamos ruido!

Y de nuevo retumba la FGR con los cacerolazos. Las madres, hermanas, esposas golpean con furia y coraje las cazuelas que pronto quedan abolladas, incluso un par de cazuelas se rompen. Las madres, hermanas, esposas comienzan a llorar conforme golpean los trastes. No hablan, no dan su testimonio. Golpean y lloran.

 –Compañeras, ¿son escuchadas cuando piden revisar bien su carpeta de investigación?–, pregunta Lucy.

–¡No!

–Entonces ¡hagamos ruido!

Y el ruido sigue y sigue y sigue durante la mañana en la FGR hasta que un funcionario menor baja y les dice que recibirá a una comitiva. Entran varias mujeres, entre ellas Lucy López, que busca a su hija Irma Claribel, y Tranquilina Hernández, que busca a su hija Mireya. Una hora al menos están arriba las mamás. Mientras las mamás abajo comparten en un círculo cómo se han sentido en la sesión de hoy. Varias fueron las que lloraron.

“Yo golpeaba fuerte porque quería que sintieran mi coraje, por eso golpeé”, dice Luz Elba Hernández que busca a su hijo Bryan.

“Yo vi el dolor de mi compañera y mi dolor también empezó a salir muy grande”.

“Me sentí molesta cuando me di cuenta que nosotros estábamos afuera esperando que nos recibieran y que a los LeBarón el presidente los recibió en Palacio Nacional… y él (el presidente) dice que es del pueblo”, dice Feliciana Rueda, que tiene a dos hijos desaparecidos.

“Nosotras somos López, Hernández, Vázquez, no somos LeBarón, por eso me sentí indignada cuando me di cuenta que a ellos los recibieron. No se vale que haya distinciones, nosotras somos dignas de que nos reciban. No aguanto este coraje. No tenemos nada contra los LeBarón, sino contra la injusticia y las distinciones. Me siento tan desgarrada y es importante para mí estar aquí compartiendo con ustedes, compañeras”, dice María Teresa Espinosa Márquez.

El reclamo al trato diferenciado ha estado presente en esta visita. Mientras las mamás se manifiestan afuera, se enteran que un funcionario judicial de Estados Unidos está en las oficinas de la Fiscalía para revisar la investigación de la masacre de la familia LeBarón. Se enteran porque un grupo de reporteros hace guardia esperando noticias. Y un día antes, durante la protesta en Palacio Nacional, se enteraron que la familia LeBarón fue recibida por el Presidente.

La comitiva de las mamás sale de las oficinas de la FGR con una buena noticia, han abierto expedientes en el fuero federal para 14 de las familias del grupo, cuyos casos estaban en el fuero local y no avanzaban. Pero los trámites los llevan a cabo un par de funcionarios menores en la calle, afuera de la Fiscalía. Les dice que pueden pasar de dos en dos. Una de las mamás reclama, ¿por qué nos tienen esperando? ¿por qué afuera? El funcionario, Miguel Jorge Ramírez Castro, les dice que están en seguimiento de casos y que todos los cubículos están ocupados, por eso no las pueden hacer pasar.  La molestia de las mamás es evidente. Coraje, furia, dolor que revienta cazuelas.

–Compañeras, ¿nuestros hijos merecen ser buscados? 

–¡Sí!

–Pues entonces ¡hagamos ruido!

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Reportera. Autora del libro “Nadie les pidió perdón”; y coautora del libro La Tropa. Por qué mata un soldado”. Dirigió el documental “No sucumbió la eternidad”. Escribe sobre el impacto social de la violencia y los cuidados. Quería ser marinera.

Fotógrafo y periodista independiente residente en México con conexiones en Guatemala, El Salvador, Honduras, Costa Rica, Cuba, Brasil, Haití y Estados Unidos.

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