El único y particular nacimiento de Venus

9 noviembre, 2019

Un poema de Eduardo Sierra Romero

Por: Eduardo Sierra Romero

Imgenés: Duilio Rodríguez

Es mi mano sobre el pecho de tu Venus,

es mi manto sobre la noche de tu cabello,

de mi suelo corrugado surges en danza,

mi viento lleva a las flores a

arremolinarse alrededor de tu ritmo.

El más sacro tornado ritual.

La naturaleza se transfigura en transparencia

y sus colores tornan palidez sobre tu piel,

manantial de todas las mareas

que pretenden alcanzar La Luna.

El reposo de las almas hasta que

diriges tu sonrisa, en el palacio de jade

se refleja toda su soledad en tus 

pausas. Y no hay

Jerusalén para tus asedios.

Mis soldados más valientes se han tirado

al mar dentro de tu boca, y desde

mi pequeño naufragio–salvavidas ruego

por la apertura que me deslice a tu

tu tacto, que me enreda en tus extremidades.

No estará aquí para dar la vuelta

el hilo de plata que ahoga las

gargantas cuando rigen falsas promesas.

Todo el tarot gira en torno a sí mismo

y falla en reflejar nuestra sombra sobre

el agua. Fénix dentro de fuego, fuego dentro

del ave, renacen las cenizas.

Qué tantas revoluciones cuelgan del meñique

que cuelga de la mano que cuelga del cielo,

y que el cielo se cuelgue de ti.

Un momento después, en el discurrir de

lo hirviente, el mismo pecado, y la espera.

En el vago andar del cante, canta La Luna,

ciega de tus pasos, provocadora de incendios

y humedad en la mirada.

Oscuros en mi mano, palpamos lo invisible,

revolucionario en lo triangular interior, causo terremotos,

de la mano, del manto, del suelo y del viento

apenas surge mi figura para reconocerte.

Contenidos anteriores:

Escalofrío y el alba

Nuestro renacimiento


Poeta y periodista. Me interesa el autoconocimiento y la exploración intuitiva de la realidad desde la perspectiva espiritual.