El precio de cumplir con los caprichos de la FIFA

13 junio, 2026

El gobierno de México cumplió con las condiciones impuestas por la FIFA. Sin embargo, los movimientos sociales reclaman que existen otras prioridades. En este contexto, la única que gana es la derecha apátrida, que busca regresar al poder con la ayuda de Trump

Texto: Rogelio López  

Foto: Andrea Amaya

CIUDAD DE MÉXICO. –  El momento más recordado de la inauguración del Mundial México 86, sin lugar a dudas, es la rechifla que se llevó el presidente Miguel de la Madrid; difícilmente podría haber sido de otra forma. Eran los primeros años de la aplicación del modelo neoliberal y habían pasado seis años de lo que posteriormente se conocería como la “década pérdida”, caracterizada por la caída de los precios del petróleo, el crecimiento de la deuda pública, el inicio de las privatizaciones, la inflación y las devaluaciones constantes. En pocas palabras vivíamos el inicio de la pesadilla neoliberal. 

No obstante, el aspecto que más reclamó la gente con sus abucheos a uno de los presidentes más grises en la historia de México no fue únicamente la situación económica. También expresaba el repudio a su incapacidad y soberbia en el manejo de la crisis que generaron  los sismos de septiembre del año anterior, 1985. 

En primer lugar, al desmovilizar a la sociedad, que había respondido de forma espontánea a la tragedia organizando brigadas dedicadas a la  búsqueda y rescate de sobrevivientes y cuerpos, así como a la remoción de escombros. Estas tareas fueron restringidas y delegadas  al Ejército mexicano y a los cuerpos de seguridad y rescate; En segundo lugar, por el rechazó inicial del presidente De la Madrid, a aceptar la ayuda que solidariamente ofrecida por otras naciones. El resultado fue devastador: las cifras oficiales registraron 10 mil víctimas mortales, aunque estimaciones no oficiales plantean la existencia de  hasta 20 mil. Un hecho que sin duda fue determinante para el resquebrajamiento del régimen priista que se encontraba en plena descomposición.

Estas decisiones generaron enojo e indignación en distintos sectores de la sociedad mexicana, que cuestionaban que, en tales condiciones, se realizará el evento deportivo e incluso algunos exigían su cancelación. 

La inauguración del  Mundial de 2026 

Algunos han querido interpretar la ausencia de la presidenta Claudia Sheinbaum en la ceremonía inaugural del Mundial como un acto fríamente calculado desde el momento que anunció su decisión de sortear su boleto para que, en su lugar, asistiera una mujer que practicara el futbol. Según esta explicación, la mandataria habría buscado no exponerse a posibles las muestras de rechazo por parte de algún sector del público. 

En su lugar, la presidenta contempló asistir al Fan Fest instalado en el Zócalo de la Ciudad de México, sin embargo, como ella misma declaró, esto dependía de la existencia de condiciones propicias para hacerlo.

Finalmente apareció en el Deportivo Hermanos Galeana en la Alcaldía Gustavo A. Madero. 

Un frío mundial 

Aún así, el contexto actual es muy distinto al vivido hace 40 años, y no solo en lo que respecta a la realidad social o económica del país, sino también en el ámbito deportivo, al disputarse únicamente 13 de los 104 partidos en territorio nacional; Además, como hemos expuesto en este mismo espacio, los precios prohibitivos de los boletos para asistir a los estadios hacen que el Mundial 2026 esté dirigido a los mirreyes whitexicans, excluyendo a la inmensa mayoría de población mexicana.

En el plano deportivo, a diferencia de otros mundiales en los que existía confianza en que  la selección mexicana pudiera realizar un buen papel y llegar a disputar el famoso “quinto partido” —una ilusión alimentada por los medios de comunicación propietarios de los derechos de la selección y por los patrocinadores—. En esta ocasión, el tricolor, como también se le conoce, no ilusiona, lo que es la consecuencia lógica un proceso de preparación plagado de improvisaciones que incluyó el paso de tres entrenadores, la ausencia de figuras destacadas entre los jugadores convocados y una liga de futbol profesional saturada de jugadores extranjeros y naturalizados que obstaculiza el desarrollo de futbolistas mexicanos. 

Todos estos factores generan serias dudas sobre la posibilidad real de “hacer historia” en este torneo y  disputar no sólo el quinto partido, sino el sexto, a pesar del buen resultado que obtuvieron ante Sudáfrica al que vencieron 2-0. 

Los caprichos de la FIFA

En 1974, Colombia fue nombrada la sede del Mundial de 1986. Sin embargo, en 1982 ante la imposibilidad de cumplir con las condiciones impuestas por FIFA para organizar el torneo, el presidente Belisario Betancur anunció en cadena nacional por televisión, la decisión de renunciar a la organización del campeonato. 

Justificó su determinación argumentando que las necesidades reales de Colombia debían estar por encima de los intereses de la “multinacional del Mundial” —como calificó a la FIFA—. Remató su mensaje diciendo que en Colombia: “tenemos muchas cosas que hacer y no hay ni siquiera tiempo para atender las extravagancias de la FIFA y de sus socios;  García Márquez nos compensa lo que perdamos de vitrina con el Mundial de futbol”.

Así fue como el Mundial de 1986 llegó a México.

Ahora la historia es distinta. En el afán de cumplir con los compromisos adquiridos con la FIFA, el gobierno ha otorgado prácticamente todas las facilidades para la realización de un evento organizado por un ente privado que, además de que obtener y repatriar sin costo ganancias extraordinarias,  recibe —además de sus patrocinadores— beneficios fiscales y exenciones de impuestos. 

La justificación ha sido que  los convenios con la FIFA fueron firmados en 2015, durante la administración de Enrique Peña Nieto, y que la derrama económica prevista constituye un incentivo más que suficiente para cumplir con las exigencias de una entidad que otorga premios de la paz a Donald Trump al mismo tiempo que hace un infierno la vida de nuestros connacionales —y otros inmigrantes “no blancos”— en Estados Unidos. 

Como en otros muchos ámbitos, las herencias recibidas, nuestra ubicación geográfica y el segundo periodo de Trump, han dejado muy poco margen de maniobra para adoptar una decisión similar a la tomada por Colombia. En ese contexto es difícil imaginarse a la presidenta Sheinbaum dando un discurso como el de Betancur.   

El Mundial de las protestas

No es la primera vez que en la inauguración de un Mundial está acompañada de manifestaciones. Hace 12 años, en Brasil, un sector importante de la población protestó por el gasto de dinero público canalizado a cumplir las condiciones de la FIFA en materia de nuevos estadios, seguridad y renovación urbana, en lugar de invertir esos recursos en educación, salud y vivienda. 

Tampoco es que hayan faltado motivos para la protesta en los mundiales de Qatar 2022 y  Rusia 2018. En el primer caso, cientos de personas murieron en los trabajos de los preparativos para el Mundial, relacionados con la construcción de estadios y otras obras de infraestructura. Mientras autoridades cataríes reconocieron entre 400 y 500 fallecidos, investigaciones periodísticas  reportan la muerte de 6 mil 500 personas. En el caso de Rusia, al igual que  en Qatar, también hubo denuncias por violaciones a los derechos laborales y humanos de los trabajadores, así como de  la población LGBTQ+. 

Sin embargo, en ambos países los gobiernos autoritarios, a diferencia de lo que ocurre en México, simplemente prohibieron cualquier manifestación de protesta.

Pero la presidenta comete un error al reafirmar que los “extremos se juntan”, colocando en el mismo saco a los grupos que participan en las distintas movilizaciones —maestros de la CNTE, madres buscadoras, los padres de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, vecinos por las obras y el despojo, y propietarios de palcos en el Estadio Azteca— y a Ricardo Salinas Pliego,  deudor fiscal y dueño de la segunda televisora más grande del país, quién utiliza sus canales para golpear al gobierno. 

La presidenta puede sentirse molesta por las protestas; sin embargo, este enojo no debe desvirtuar la validez de las causas que dan origen a la protesta social, que como el Mundial también es una herencia del pasado. 

Antes de que las tensiones sigan escalando y estas se salgan de control, conviene recordar una frase recurrente del presidente Andrés Manuel López Obrador: “Hay que serenarse”. Es necesario reflexionar y tener presente que todo esto será aprovechado por la derecha de nuestro país, y aunque en este momento no tenga la fuerza suficiente para retar al gobierno, el apoyó que está dando la administración Trump —e Israel— financiando a grupos golpistas  como sucede en Honduras, Colombia y en otras naciones, en determinado momento puede inclinar la balanza, por lo que es necesario no dejar resquicios que puedan ser aprovechados.  

Y por supuesto, tampoco está de más que la selección mexicana nos sorprenda con buenas actuaciones que contribuyan a generar un ambiente que disminuya la tensión. 

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