La FIFA según Infantino: un espectáculo de lucha libre

2 agosto, 2026

Gianni Infantino junto a Mikel Arriola, Hugo Sánchez, Oscar Perez y Jorge Campos durante el partido de fútbol entre las selecciones de México vs Inglaterra correspondiente a la fase de 8vos de final de la Copa Mundial de la FIFA 2026, en el Estadio Ciudad de México. FOTO: EDGAR NEGRETE LIRA/CUARTOSCURO.COM

La pasada Copa del Mundo mostró cómo la FIFA ha subordinado el fútbol a los intereses económicos, políticos y mediáticos contrarios al deporte. Si se continúa por ese camino, el deporte más popular del mundo terminará convertido en un espectáculo gringo más

Texto: Rogelio López

Foto: Edgar Negrete Lira / Cuartoscuro

CIUDAD DE MÉXICO. – Prácticamente todos los viernes, a las siete u ocho de la noche, dependiendo del huso horario, las pantallas de muchas familias de Estados Unidos y de otras partes del mundo se encienden para disfrutar SmackDown, el espectáculo semanal de lucha libre profesional estadounidense, donde lo menos importante es el deporte.

El creador de este show es Vince McMahon, quien, junto con su familia, operó durante décadas la World Wrestling Entertainment —mejor conocida como la WWE—, hasta que en 2023 la empresa se fusionó con la UFC —promotora de combates de artes marciales mixtas— bajo el conglomerado TKO Group Holding. Un dato curioso es que la AAA —la triple A—, empresa mexicana que junto al Consejo Mundial de Lucha Libre (CMLL) popularizó este deporte en México durante la década de los noventa, hoy también forma parte de ese conglomerado.

El producto televisivo de la familia McMahon exhibe los elementos más nefastos, pero al mismo tiempo más rentables, de la cultura televisiva estadounidense: machismo, sexismo, patriotismo, xenofobia, violencia y trato degradante hacia las mujeres. Bajo esta fórmula, y usando el ring como escenario, se desarrollan durante todo el año absurdos sketches. Sin embargo, el pináculo del espectáculo es la celebración anual de WrestleMania, el Supertazón o la Copa del Mundo de la lucha libre estadounidense.

Por este escenario han desfilado una gran diversidad de personajes de la farándula, deportistas y políticos, quienes participan gustosamente en las más grotescas puestas en escena. Sin embargo, son los propios miembros de la familia McMahon quienes han protagonizado las funciones más bochornosas, al extremo de disputar peleas entre ellos.

Donald Trump, el «ajonjolí de todos los moles»

Y, claro, no podría faltar el «ajonjolí de todos los moles»: Donald Trump. El actual mandatario de Estados Unidos fue la estrella principal en WrestleMania 23: La batalla de los millonarios. La función, celebrada en 2007, consistió en un duelo al estilo de la Roma antigua, que enfrentó en este coliseo moderno a dos luchadores previamente seleccionados por los contemporáneos «Césares»: Trump y McMahon, para que lucharan en su representación. El gladiador que se alzó con la victoria obtuvo el derecho de rapar al otro millonario. En esa ocasión, Trump le cortó el cabello a McMahon.

Otro aspecto que une a McMahon y a Trump, además de sus millones, es que ambos han sido denunciados por abuso sexual. En el primer caso, Vince llegó en 2022 a un acuerdo con una extrabajadora. En el caso de su amigo Trump, en julio pasado fue condenado a pagar 5.6 millones de dólares a E. Jean Carroll, la escritora que lo denunció.

Hoy, la esposa de Vince, Linda McMahon, está al frente del Departamento de Educación de la administración de Donald Trump.

Gianni Infantino al frente de la FIFA: La SmackDownización del fútbol

El 5 de diciembre de 2026 se celebró el sorteo para definir los grupos del Mundial 2026, y es precisamente esta fecha la que, a mi parecer, marca el inicio de lo que hoy he denominado la SmackDownización de la FIFA; es decir, la adopción en el fútbol del modelo de espectáculo «americano» —estadounidense, mejor dicho—, el cual muchas veces raya en lo grotesco.

Y si creen que exagero, basta recordar que fue precisamente durante ese sorteo que Gianni Infantino otorgó el desconocido Premio FIFA de la Paz a Donald Trump. Escuchar al presidente de la FIFA presentar «al hombre que ha logrado la paz en ocho guerras y que hace grandes esfuerzos por lograr una más, buscando alcanzar la paz entre Ucrania y Rusia», mientras al mismo tiempo veíamos el acoso contra países como Venezuela o la persecución de los inmigrantes, bajo un claro perfilamiento racial, por parte del ICE —la Gestapo de Trump— en todo Estados Unidos, resulta vergonzoso.

Fueron incontables las muestras de sumisión y zalamería de Infantino hacia Trump, al extremo de concederle la petición de retirar la tarjeta roja mostrada a Folarin Balogun, goleador del equipo de las barras y las estrellas, porque Trump consideró que no existió falta en la jugada en la que fue expulsado el jugador —hijo de inmigrantes nigerianos—. En contraste, Infantino no intercedió en ningún momento por el trato indignante que recibió la selección de Irán, a la que el gobierno de Estados Unidos impidió pernoctar en su territorio, obligándola a regresar a Tijuana después de cada encuentro.

Por todo esto y más, la premiación y la condescendencia de Infantino hacia Trump resultaron aún más vergonzosas que ver a Vince McMahon golpeando a su propia hija.

Y, si esto no fuera suficiente, recordemos que el showman Infantino, en ese mismo evento, presumió las acciones filantrópicas del organismo que rige el fútbol mundial al afirmar que, gracias a la Fundación FIFA: «hemos brindado educación a diez mil niños».

No parece estar nada mal semejante muestra de generosidad; sin embargo, contrasta con la miserable donación de un millón de dólares que hizo la FIFA para la reconstrucción de Venezuela, después de que este país fue azotado por dos grandes sismos el 24 de junio. Lo anterior, a pesar de que esta organización sin fines de lucro, que no pagó impuestos en los países donde se celebró el Mundial 2026, obtuvo más de 12 mil millones de dólares en ganancias. Insisto: esto es más grotesco y despreciable que cualquier escena protagonizada por la familia McMahon, y eso ya es mucho decir.

No solamente se trata de hechos que impliquen acciones cínicas, vergonzosas y de mal gusto. También está el hecho de que el negocio, el afán de un lucro desmedido, se ha colocado por encima del deporte. Y que no se nos malinterprete: en manos de la FIFA siempre ha sido así; muestra de ello son la comercialización del Mundial y los torneos que organiza la FIFA. Sin entrar al tema de la corrupción, nunca como ahora ha sido tan evidente la avaricia en la gestión del italo-suizo. A continuación exponemos algunos ejemplos.

El nuevo formato del Mundial de Clubes. Un torneo que originalmente llevaba el nombre de «Copa Mundial de Clubes», que se disputaba una vez al año y sin sede fija —Japón, Catar, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, etcétera—. Con Infantino, desde el año pasado, el torneo dejó atrás a los siete equipos para incorporar a treinta y dos equipos. En lugar de los ocho partidos del formato anterior, ahora se disputaron sesenta y tres encuentros. A diferencia del anterior formato, que se jugaba en diciembre, esta edición se celebró en Estados Unidos. Asimismo, la FIFA vendió los derechos de transmisión a DAZN —»el Netflix» de los deportes— por mil millones de dólares. Con este nuevo formato, y sin reparar en la salud física de los jugadores por el estado de las canchas y por disputarse en pleno verano, la FIFA obtuvo 2 mil millones de dólares de ganancias.

Las pausas de hidratación. Durante el Mundial 2026 fuimos testigos de la transformación de los partidos de fútbol, tradicionalmente disputados en dos tiempos, en encuentros de cuatro tiempos gracias a la implementación de las pausas de hidratación. Bajo el pretexto de permitir que los jugadores se hidrataran, el árbitro detenía el juego al minuto 22 de cada tiempo durante tres minutos, lapso que fue comercializado y por el cual la FIFA obtuvo aproximadamente 250 millones de dólares en ganancias —aunque algunos medios hablan de 500—.

El elevado costo de las entradas a los partidos. A la imposibilidad de encontrar boletos en las plataformas de venta autorizadas por la FIFA, los aficionados tuvieron que lidiar también con los [precios dinámicos]; es decir, el incremento del costo de las entradas conforme aumentaba la demanda, sin que ninguna autoridad interviniera, con excepción de Nueva York, donde el alcalde demócrata socialista Zohran Mamdani presionó a la FIFA para que pusiera a la venta boletos accesibles de 50 dólares.

Las multas por transmitir los partidos sin licencia durante el Mundial. Otro hecho vergonzoso fue la incitación, por parte de la FIFA, a las autoridades para perseguir y castigar a los dueños de locales comerciales que sintonizaran los juegos de fútbol —incluso si eran transmitidos por televisión abierta— sin contar con el permiso expedido por el organismo, exponiéndose al pago de costosas multas.

Termina el Mundial, el vínculo entre Infantino y Trump se consolida

No conforme con todo lo anterior, el día 28 de julio Infantino anunció el plan para crear la FIFA Forward Enterprise, una empresa valuada en 20 mil millones de dólares que, a cambio del 20 % de participación, otorgaría los derechos de comercialización de la Copa del Mundo y otros torneos organizados por el organismo. Entre los principales inversionistas y promotores del proyecto se encuentra Joshua Kushner, hermano de Jared —yerno de Trump y esposo de Ivanka Trump—.

Para convencer de su proyecto a las 211 federaciones de fútbol afiliadas a la FIFA, Infantino les ofreció veinte millones de dólares a cada una. Sin embargo, algunas confederaciones, como la UEFA —la máxima autoridad de fútbol en Europa y responsable de torneos como la Champions League y la Eurocopa—, anunciaron su rechazo al proyecto, al considerar que condiciona los intereses deportivos a los de un fondo de inversión, es decir, el afán de lucro. Incluso amenazaron con boicotear cualquier torneo organizado por la FIFA al negarse a participar.

En el caso de la Federación Mexicana de Fútbol (FemexFut), incondicional a Infantino, se limitó a señalar que analiza la propuesta.

Si el proyecto de Infantino prospera, no será extraño que el Mundial termine de convertirse en una versión de la WrestleMania y que Donald Trump entre de cambio para cobrar un penal.

Rogelio López