El olvidado asesino del apóstol de la democracia

28 febrero, 2020

Francisco Cárdenas fue la mano ejecutora del asesinato de Francisco I. Madero y de José María Pino Suárez. Mientras los autores intelectuales se hicieron del poder, Cárdenas se convirtió en un condenado a muerte y murió siete años después del magnicidio

@ignaciodealba

La Revolución Mexicana fue la primera en el mundo en ser fotografiada. Los protagonistas de esos años atormentados quedaron para la posteridad. Quizá uno de los trabajos más acuciosos es el que hizo Agustín Víctor Cassasola, en el «Archivo Cassasola», de fiestas populares, acontecimientos políticos y personajes históricos. Entre ellos está Francisco Cárdenas, el asesino de Francisco I. Madero.

En la fotografía tomada por Casasola, el asesino sale mirando fijamente a la cámara, se adivinan unos ojos negros, mirada profunda en gestos serios, casi reflexivo. Bigote bien recortado con puntas hacia arriba, pelo rizado, cara cuadrada y orejas en forma de asa. El hombre lleva puesto el traje de charro, bien ataviado, con bordados con tanto rigor que parece uniforme. 

Sobre la vida de Cárdenas de conoce poco: que nació entre los límites de Jalisco y Michoacán, en el municipio de Venustiano Carranza; que su origen humilde lo empujó a enlistarse en el ejército en el estado de Hidalgo; que estuvo en servicio de guardias rurales, y en la milicia tuvo varios arrestos, por reñir y por su afición al alcohol.

Durante el porfiriato alcanzó el rango de mayor y protagonizó batallas contra diversos grupos de revolucionarios. Combatió para sofocar la incipiente revolución iniciada en 1910 por Francisco I. Madero.

Pero Madero logró instalar su gobierno con la salida de Díaz, aunque no pudo erradicar el porfirismo

Los más de 30 años del régimen Porfirio Díaz consolidaron una sociedad reacia a los vientos democráticos. Algunos gobernadores, militares, funcionarios, periódicos y, sobre todo, las clases más acomodadas, beneficiadas del régimen porfirista, apostaron a que el gobierno de Madero no funcionara.

El coahuilense fue el líder revolucionario más preocupado por la democratización del poder en México. Su consigna de campaña es utilizada hasta la fecha: “sufragio efectivo, no reelección”. Pero su gobierno apenas duró 15 meses.

La conspiración, protagonizada por Victoriano Huerta, Manuel Mondragón, Bernardo Reyes y Félix Díaz, con el apoyo del embajador estadounidense Henry Lane Wilson, alcanzó a Madero en el Palacio Nacional el 18 de febrero de 1913. 

El general Aureliano Blanquet, encargado del Palacio, fue el último en volcarse contra la presidencia de Madero. El hombre encargó a Teodoro Jiménez Riverol apresar al presidente. En el Salón de Acuerdos, donde había una reunión de gabinete, se armó una trifulca para impedir su detención por parte de soldados golpistas. Al grito de “¡al presidente no se le toca!”, el capitán Gustavo Garmendia mató a Riverol e inició la balacera.

Marcos Hernández, hermano del ministro de Gobernación, usó su cuerpo para recibir dos balas que matarían a Madero. En medio de la confusión y los disparos, el presidente se escurrió hasta el elevador para escapar del lugar. Encontró a Blanquet en el patio. Sin saberse traicionado acudió a él, pero el general lo apresó. También detuvo al vicepresidente José María Pino Suárez y a Felipe Ángeles (el único general que se mantuvo fiel al maderismo). 

Ejecutado el golpe, el presidente, el vicepresidente y el general fueron llevados al salón de la Intendencia, aún en Palacio Nacional, donde fueron encerrados. Ahí se le hizo firmar al presidente su renuncia, que fue aceptada por la Cámara de Diputados. 

El 22 de febrero Francisco Cárdenas fue llamado a Palacio Nacional, donde el propio Victoriano Huerta, quien llevó las riendas del golpe, le pidió la ejecución de Madero y Pino Suárez.

Pasadas las diez de la noche, los prisioneros fueron levantados so pretexto de que serían internados en Lecumberri.

“Qué, ¿no voy yo también?”, dijo Ángeles, quien fue obligado a quedarse, después de darle un abrazo a Madero. 

El mayor Cárdenas y los detenidos abordaron un par de vehículos que bordearon la penitenciaría, Cuando frenó el Protos donde viajaba el presidente, Cárdenas ordenó: “¡Que se baje, carajo!”.

Madero forcejeó y fue golpeado con la cacha de la pistola. Cuando bajó del vehículo Cárdenas le dio dos tiros en la cabeza. Una escena similar sucedió con el vicepresidente.

A un costado de Lecumberri, ahora convertido en el Archivo General de la Nación, se lee en un monumento: “En este sitio fueron sacrificados el presidente Francisco I. Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez defensores de las libertades democráticas. El 22 de febrero de 1913″.

Después de los asesinatos, Cárdenas combatió las insurgencias de los revolucionarios que se levantaron contra el gobierno de Huerta y en 1914, cuando cayó el gobierno golpista, huyó a la capital de Guatemala. Ahí, sabiéndose perdido, se suicidó en la Plaza de Armas, antes de ser extraditado a México, en noviembre de 1920.

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Fue educado en escuelas católicas hasta que se volvió ateo. Es huraño y trotamundos. Estudió periodismo y nunca se graduó. Suele tener más fe en las viejas narrativas que en las nuevas. Le gusta escribir historias.

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