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Cuando Manolete toreó en la monumental de México

Manuel Laureano Sánchez, conocido como Manolete, tuvo una cercana y poco conocida relación con México. El matador cordobés estuvo en nuestro país, al menos, en dos ocasiones y en algún momento se imaginó vivir aquí, pero uno de los mejores toreros del mundo encontró la muerte en un ruedo lejano

@ignaciodealba

Manuel Laureano Sánchez, Manolete, lidió por primera vez en México en diciembre de 1945. La ganadería de Torrecillas en la antigua plaza de toros de la Ciudad de México, ubicada en la calle de Durango de la colonia Condesa -donde ahora se encuentra una plaza comercial-. Ahí, torero cordobés, conocido como el “Monstruo” compartió el cartelón con los toreros Silverio Pérez y Eduardo Solórzano.

En su segundo toro de la tarde, Manolete recibió una cornada en la pierna izquierda y tuvo que ser operado. Unos 35 mil aficionados apreciaron el espectáculo, entre ellos la actriz María Félix y Sofía Álvarez.

Manolete fue famoso porque reinventó el toreo. Su figura, alargada y elegante, dio burlas suaves a los toros. El cordobés era estatuario y sobrio, sus piezas alargadas convirtieron al capó en flores. El hombre componía de cualquier encaste una buena lidia.

Los inicios de Manuel Laureano Sánchez fueron pobres. Nacido en 1917 en la calle Tomás Cabrera #2A en Córdoba, España, fue descendiente de un torero fallecido.

Él heredó únicamente el apodo de su padre “Manolete”. La casta de la familia taurina estaba venida a menos, pero desde corta edad. el chico aprendió con urgencia el oficio familiar para llevar comida a su casa, a sus 21 años tomó alternativa en su ciudad natal.

La fama de Manolete se extendió por la península ibérica probablemente después de hacer una histórica corrida con el toro “Ratón”, de Pinto Barreriros. Para muchos expertos esta corrida hecha en Madrid fue la más importante de su carrera.

Algunos videos conservan parte de lo que se vivió aquella tarde, lo demás está relatado en crónicas taurinas. El cronista taurino José Vicente escribió, sin miedo a ser cursi:

Pisa el ruedo como si llevase a sus espaldas cuarenta generaciones de toreros. Este es Manolete, a quien se rinden propios y extraños y que en su arte llega a cimas incalculables. Es hermoso coronar con la juventud el triunfo. Y coronarlo con el riesgo y el peligro, con el heroísmo de la muerte, escurrida entre cascadas de arte y alegría”

Pero Manolete prefería al público mexicano, quizá porque en España era duramente criticado por la prensa y por otros toreros, que decían que ganaba demasiado, que toreaba animales chicos, y que su estilo era malo. En México, en cambio, Manolete llegó como una gran personalidad. En alguna entrevista explicó que la diferencia con su país era que a un mexicano “una corrida en España le parecería algo frío”.

En la segunda ocasión que el cordobés llegó a México inauguró nada menos que la Monumental Plaza de Toros México, el 5 de febrero de 1946.

La antigua plaza de toros de la Condesa era obsoleta y un empresario libanés invirtió en la construcción del nuevo recinto, en lo que se supone se convertiría en la Ciudad de los Deportes, al final sólo se construyeron un estadio de futbol y el caso taurino.

En el cartelón estuvieron, además de Manolete, Luis Castro (el Soldado) y Luis Procuna (el Berrendito de San Juan). Ese día hizo su famoso pase “manoletina” sujetando el capote por detrás con las dos manos. La corrida de apertura tuvo un lleno total, con 50 mil espectadores.

Parte de su estancia en México, Manolete la pasó en la hacienda de la ganadería La Punta, ubicada en el estado de Jalisco.

No solo estaba enamorado de la afición mexicana, también de las playas del pacífico, donde el cordobés pasó días de descanso. En diversas ocasiones, le propuso a su pareja, Lupe Sino, mudarse a México.

Pero nunca volvería a este país. Su última corrida fue al año siguiente en la plaza de Linares, en España. Antes de la corrida Manolete se quejaba de que el público le exigía demasiado. Llegó más flaco que de costumbre al ruedo, al paseíllo entró con Gitanillo de Triana y Luis Miguel Dominguín, quien tenía pique con el cordobés, mientras que la prensa aseguraba que Manolete era “el pasado” y Dominguín “el futuro” del toreo.

Los toros eran de la ganadería Miura, la leyenda negra de sus buriles ya era famosa, animaron el cartel.

Manolete logró llevarse una oreja, pero su segundo toro, negro y entrepelado, llamado Islero, entró al ruedo con aparente docilidad. Parecía una lidia sin problema, pero el matador optó por torearlo por el pitón derecho, el más difícil en ese animal.

En la estocada final, Manolete logró meter el metal hasta el fondo del morrillo, pero también el animal cogió al torero por el muslo derecho, perforando la femoral.

“Murió matando”, el animal quedó en el ruedo, el hombre moriría horas después en un hospital.

Lupe Sino, la ex pareja de Manolete, se enamoró del empresario mexicano José Rodríguez Aguado, con el que se vino a vivir a México. Ambos se casaron en 1950 y vivieron en la calle Camelia, de la colonia La Florida de la Ciudad de México. El matrimonio duró un año, antes de que Sino volviera a Madrid.

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Fue educado en escuelas católicas hasta que se volvió ateo. Es huraño y trotamundos. Estudió periodismo y nunca se graduó. Suele tener más fe en las viejas narrativas que en las nuevas. Le gusta escribir historias.

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