En noviembre pasado, un mes antes de la inauguración del Tren Maya, abrió en Mérida el Parque La Plancha, el nuevo espacio público de la capital yucateca. Pero a su inauguración no fueron invitadas las familias cuya reubicación nada menos que permitió se concretara el parque. A ellos se les debe algo demasiado importante
Mérida: un gran parque y una promesa incumplida












