Arranca el Tren Maya, con la amenaza del desgobierno local

19 mayo, 2020

El gobierno federal está a tiempo de reforzar las autoridades ambientales locales, sobre todo el desgobierno que hay en Campeche en materia ambiental, también replantear el proyecto y hacer infraestructura inmobiliaria sirva para una península sustentable

@eugeniofv

La mañana de este lunes, el titular del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur), Rogelio Jiménez Pons, anunció el arranque de las actividades para la construcción del Tren Maya. Los tramos con los que iniciará son los que van de Palenque, en Chiapas, a Cancún, en Quintana Roo, pasando por Calkiní, Mérida e Izamal. El arranque del Tren Maya ocurre sin que se haya dado respuesta a muchas de las más importantes amenazas que trae a la región. En forma muy notable, no se han planteado soluciones a la debilidad de los gobiernos de los tres órdenes y su incapacidad para defender las selvas y litorales y para regular y ordenar el desarrollo urbano que el megaproyecto promete traer.

Dos ejemplos de los impactos potenciales del Tren Maya que no se pueden resolver si no se fortalecen el andamiaje institucional y las capacidades de gobierno y gobernanza de la zona están en Escárcega y en Calkiní, dos de las estaciones de Campeche. En la primera, según ha dicho Jiménez Pons, se instalará un parque agroindustrial, y en la segunda estará uno de los nuevos centros urbanos para recibir al turismo.

El desgobierno en Campeche en materia ambiental es de tal magnitud que durante los últimos siete años ha sido siempre el primer o el segundo estado con más deforestación en el país. Varios análisis señalan que esto se debe al auge de la agricultura mecanizada y, en gran parte, de la palma africana. De hecho, Campeche es el único estado de la península de Yucatán en el que el sector agropecuario ha ganado peso en la economía desde 2003. Si el impacto del campo en las selvas ha sido tan brutal es porque la ley, simplemente, no se aplica. La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) no tiene ni los recursos ni el personal necesarios para lidiar con este proceso, amén de la corrupción que sigue lacerando al Estado todo. 

Ahora, sin que se fortalezcan ni Profepa ni las instituciones de los tres órdenes que deben combatir la destrucción de bosques y selvas, se busca fortalecer al sector agropecuario de la región. Al efecto se instalará un parque agroindustrial que se instalará en Escárcega -epicentro, por cierto, de la deforestación en el estado. 

Una situación similar es la que ocurre con el desarrollo urbano -y en esto el turismo ha tenido desde siempre un impacto muy negativo. Uno de los problemas crónicos a nivel local es que los pobrísimos recursos que suelen manejar los municipios les impiden gobernar efectivamente sus territorios, y la corta duración de los periodos municipales (está por verse si este problema se remedia con la reelección) ha hecho de la inmediatez la norma, cuando la planeación urbana requiere de horizontes largos.

El municipio de Calkiní tenía en el último censo algo más de quince mil habitantes, y según los datos más recientes del INEGI, tan solo el 7 por ciento de sus manzanas tenían banqueta en todas sus vialidades y menos del 40 por ciento tenía alumbrado público en todos sus lados. El Tren Maya promete convertir Calkiní en un polo de desarrollo urbano y, con ello, llevarle alcantarillado e infraestructura urbana. Ahora bien, el problema con la infraestructura urbana no es solamente instalarla: es que hay que mantenerla, y el gobierno municipal de Calkiní no tiene, al día de hoy capacidad para hacerlo, con lo que todo lo instalado podría perderse en poco tiempo. 

Además, si Fonatur tiene éxito y logra que ese polo urbano atraiga a nueva población y genere nuevas oportunidades económicas, podría esperarse que crezca su tamaño. Sin embargo, el municipio no tiene las capacidades para regular ese crecimiento. El riesgo de que ocurra una expansión desordenada, que rompa el tejido social y haga imposible mantener la infraestructura urbana es enorme, y las pequeñas ciudades del país son muestra de lo dañino que puede ser esto. Los ejemplos de Acapulco, de Cuernavaca o del mismo Cancún dan para temer mucho lo que puede ocurrir.

El hecho de que el Tren Maya arranque por fin no quiere decir que no haya tiempo para corregir estos problemas. Todavía se está a tiempo de fortalecer a las autoridades ambientales para defender el entorno y dar mayores capacidades a los municipios. También se está a tiempo de replantear el proyecto, haciendo que la infraestructura inmobiliaria sirva para hacer una península de Yucatán más sustentable y no entregarla al capital inmobiliario especulativo. No es tarde. 

Consultor ambiental en el Centro de Especialistas y Gestión Ambiental.

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