Jugadores mexicanos en Europa y el fantasma del «Jamaicón»

29 agosto, 2026

Trofeo previo a la final del Campeonato Sub-20 de la Concacaf entre las selecciones de México vs Estados Unidos, en el Estadio Banorte. FOTO: EDGAR NEGRETE LIRA/CUARTOSCURO.COM

Un jugador mexicano regresa de Europa y, casi al mismo tiempo, otros dos emprenden su aventura en el fútbol del Viejo Continente. Y aunque el fantasma del «Jamaicón» viaja en sus maletas, eso no les preocupa: saben que, a su vuelta —fracasen o triunfen—, serán recibidos como estrellas

Texto: Rogelio López

Foto: Edgar Negrete Lira / Cuartoscuro

HOUSTON, TEXAS. — Una de mis mejores amigas se apellida Villegas. Su papá, Fernando, fue jugador profesional del Atlante durante la década de los setenta. Cuando supe esto, hice la siguiente deducción:

Apellido Villegas + exjugador de fútbol = «Jamaicón».

Para salir de dudas y saber si existía alguna relación entre ellos, en una plática con el señor Fernando —a quien su hija, Marco y yo llamábamos en secreto y con cariño «Don Ferru»— decidí preguntarle por el famoso Jamaicón:

—¿Es algo de usted? —le dije.

—No —respondió Don Fernando.

La coincidencia estaba únicamente en el apellido.

Sin embargo, la charla no terminó ahí. «Don Ferru», al formar parte del medio del fútbol, además conocía algunos detalles de la historia del porqué el jugador cuyo apodo y apellido se han convertido en la referencia más usada para describir el fracaso del futbolista mexicano en el extranjero.

Me contó que había conocido directamente al Jamaicón —o eso fue lo que entendí— y me platicó una historia sobre él.

En las concentraciones de la selección mexicana, a los muchachos les gustaba gastar bromas al Jamaicón, cuyo mote, según la leyenda, fue originado por su gusto por el agua de jamaica.

En una ocasión, los jugadores se encontraron con un moderno bebedero de agua, una máquina desconocida para José Gerardo, el nombre real del Jamaicón. Cuando llegó su turno de beber, el líquido no salía. Él no entendía lo que pasaba, hasta que uno de sus compañeros le dijo que para que brotara el agua tenía que cantarle.

«Ahí tienes al Jamaicón, cantando frente al bebedero» —me dice Don Fernando—.

Mágicamente comenzaba a salir el agua. Los compañeros que rodeaban a uno de los baluartes de la defensa del Campeonísimo, aquellas Chivas de la década de los sesenta que lograron ocho campeonatos de liga en aquella década, intentaban aguantar la risa mientras veían cómo, al mismo tiempo que el Jamaicón cantaba, otro de los jugadores apretaba con su pie un pedal que posibilitaba la expulsión de agua en el bebedero.

Finalmente, uno de ellos le explicó a José Gerardo el mecanismo del bebedero.

Reflexionando sobre aquella anécdota, hoy me surgen algunas dudas que no estaban presentes en el momento en que me contaron la historia y que, a la distancia, ponen en duda su veracidad, o por lo menos, la presencia de Don Ferru en aquella broma.

Y no es que ponga en duda la credibilidad del papá de mi amiga, pero la diferencia de edades —aproximadamente unos quince años entre ambos— dificulta la posibilidad de que hubieran coincidido en alguna concentración.

Independientemente de ello, valoro haber conocido en su voz aquella anécdota que nos remite a dos aspectos presentes en la historia del fútbol mexicano: el bullying y las dificultades que tienen los jugadores mexicanos para triunfar en el extranjero.

En esta ocasión nos enfocamos en el segundo aspecto.

El regreso del Chino Huerta

En esta semana se dio a conocer que César Huerta, mejor conocido como el «Chino», el futbolista mexicano mundialista en 2026, después de una estancia de año y medio en el Anderlecht, equipo de media tabla de la liga de Bélgica, regresa a los Pumas de la Universidad.

Esta noticia ha generado muchas reacciones en el medio futbolístico. Periodistas, exjugadores y directores técnicos que trabajan como comentaristas en distintos medios ven esto como la clara muestra del fracaso del jugador en su aventura en el fútbol europeo, más aún porque Huerta formaba parte de un equipo de media tabla de una liga rankeada en el número 10 del fútbol europeo, es decir, una liga de nivel medio.

Sin embargo, a diferencia del Jamaicón, que extrañaba la birria, el pozole, los sopes y a su mamacita, como cuenta el mito, el «Chino» dice que, a pesar de estar lejos de casa y de su gente, la adaptación en Europa no fue un problema.

La causa real de su regreso, en palabras de Huerta, fue la lesión que sufrió; y aunque ya se había recuperado físicamente, no pudo recobrar su nivel futbolístico por falta de oportunidades para mostrarse. Para Huerta, su regreso no es un retroceso.

A mi parecer, las razones de Huerta para regresar son completamente válidas; sin embargo, como dicen otros, esto no implica que su experiencia en Europa no se considere un fracaso.

El sacrificio ante todo

Conocedores del tema hablan de que el jugador mexicano en México está bastante cómodo, ganando buenos sueldos, y que esta es una de las razones por las que no busca jugar en el extranjero, porque esto implica muchas veces ganar menos.

Hoy, cuando salen, saben de antemano que a su regreso serán bien acogidos por cualquiera de los grandes clubes del fútbol mexicano.

Ejemplo de esto abundan. De mis tiempos —cuando aún había glaciares en los volcanes— recuerdo con gran molestia el regreso de Luis García, bicampeón goleador con los Pumas, quien, después de su paso por Europa, regresó al América, el odiado rival.

Recientemente están los casos de Lainez a los Tigres, Jorge Sánchez al Cruz Azul, y así una pléyade de jugadores.

Exjugadores, como Hugo Sánchez, cada vez que puede recuerda los sacrificios que hizo para jugar y mantenerse en Europa. «Ego», como también lo nombran, ha platicado en diversas ocasiones que el Atlético de Madrid, equipo al que llegó a España a principios de la década de los ochenta, en determinado momento el presidente del club amenazó con regresarlo a México.

Ante este amago, el jugador mexicano accedió a bajarse el sueldo para mantenerse en España.

Otros, como Carlos Salcido y Ricardo Osorio, también han hablado de las dificultades que pasaron para adaptarse a la vida en Europa. Por ejemplo, al tener que aprender, el primero, el idioma neerlandés, y el segundo, alemán, pues era el idioma en que se comunicaban con sus entrenadores.

En una entrevista, Osorio, de origen oaxaqueño, contó lo que sufría con la comida en Alemania, de forma tal que cada vez que volvía a México, su mamá le llenaba su maleta de comida para su regreso.

Salcido y Osorio, al igual que Márquez, Andrés Guardado, Raúl Jiménez, el «Chicharito» Hernández, Pavel Pardo y el «Chucky» Lozano, todos en distintos grados, triunfaron en Europa.

Sin embargo, la lista de los que no lo hicieron es solo un poco más larga; la razón de ello es que la cantidad de jugadores que emigran al Viejo Continente es muy pequeña.

Uno llega, otros se van

Una semana antes del regreso de Huerta a los Pumas, se anunció la salida de Armando González, mejor conocido como la «Hormiga», a Europa. Con 23 años de edad, el goleador del Rebaño Sagrado y jugador de la selección mexicana llegó a un acuerdo por aproximadamente 14 millones de dólares para jugar con el equipo griego del Olympiacos.

Algunos de los expertos en la materia cuestionan que se haya ido a la liga griega y no a una liga más competitiva. Otros plantean que el equipo griego puede ser un trampolín para que dé el salto a una liga más competitiva. Este argumento se ha empleado en muchas ocasiones para justificar la salida de jugadores mexicanos a ligas y equipos medianos en Europa. Lo mismo se decía del Chino Huerta, de Orbelín Pineda —uno en la liga belga y otro en la turca—.

Asimismo, esta semana también se da por un hecho la salida del mediocampista y capitán del Cruz Azul, Erik Lira, quien tiene un acuerdo para jugar con el Mónaco, equipo de la liga francesa, el mismo equipo al que llegó Rafa Márquez a Europa a la edad de 20 años.

A diferencia del talento argentino o uruguayo, que sale de su país hacia Europa antes de los 20 años, González ya tiene 23 años, y aún es considerado una «joven» promesa. En cambio, Lira ya es un jugador consolidado a sus 26.

No sabemos qué les depara el futuro en Europa. Las únicas dos cosas que tienen claras son: que en su maleta viaja el fantasma del «Jamaicón» Villegas, y que, cuando estén de regreso, sin importar si triunfan o fracasan, no tendrán de qué preocuparse: las puertas de los grandes equipos siempre están abiertas para repatriar a los jugadores con antecedentes europeos. Dicho antecedente los convierte automáticamente en estrellas.

Rogelio López