Un loco y un vasco: dos formas distintas de vivir el futbol

5 julio, 2026

FOTO: MOISÉS PABLO/CUARTOSCURO.COM

Si bien el buen momento de la selección mexicana no puede atribuirse a la suerte, no podemos negar que hay ocasiones en que esta juega un papel especial. Un equipo del que se tenían pocas expectativas con Javier Aguirre, el bombero vasco, como entrenador, hoy se encuentra en la antesala de hacer historia. En cambio, para Marcelo el «Loco» Bielsa —un hombre que entiende que en el futbol la forma es fondo—, no habría estado de más una pizca de suerte para que su equipo obtuviera mejores resultados y con ello se reivindicara el trabajo de uno de los técnicos más íntegros del medio

Texto: Rogelio López

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CIUDAD DE MÉXICO. – El Mundial no siempre es justo. Hay equipos que marcan una época, como la Holanda de Johan Cruyff, la legendaria Naranja Mecánica, que con su concepto de «futbol total» revolucionó este deporte y sentó las bases del futbol moderno. A pesar de ello, tristemente, nunca pudo alzarse con el campeonato del mundo. Perdió dos finales consecutivas: la de 1974 con Alemania y la de 1978 ante Argentina.

Sin embargo, existen otras injusticias que trascienden el plano de lo deportivo. Tal es el caso del trato que recibió el equipo de Irán en la presente Copa del Mundo, producto de una serie de irregularidades, arbitrariedades y maltratos a los que fueron sometidos tanto los jugadores como el cuerpo técnico y el equipo de apoyo.

Por ejemplo, con las restricciones impuestas en el visado de la selección de Irán, se imposibilitó que pudieran establecer su campamento de preparación y entrenamiento en Tucson, Arizona, desde donde tenían previsto desplazarse a todos sus encuentros, celebrados en territorio estadounidense. En lugar de ello, el equipo persa fue obligado a trasladar su campamento a la ciudad de Tijuana, en México.

Más allá de la cordialidad, la hospitalidad y el vínculo fraterno que se generó entre la selección de Irán y los habitantes de Tijuana, las condiciones adversas impuestas por Estados Unidos —y en los hechos avaladas por la FIFA— inclinaron la cancha en favor de los equipos a los que tuvo que enfrentar el conjunto persa.

Aun así, el Team Melli no perdió durante sus cotejos y quedó eliminado de la siguiente fase del torneo por un gol de último minuto que les fue anulado en su último encuentro y por la diferencia de goles que favoreció a Senegal. A pesar de esta injusticia, los iraníes dieron un gran ejemplo de dignidad.

El loco Bielsa

Otro tipo de injusticias se presentan con los entrenadores en los Mundiales. El caso que me interesa destacar es el de Marcelo Bielsa, quien hasta el 30 de junio dejó de ser director técnico de la selección de Uruguay, equipo que no logró superar la fase de grupos del torneo. Algo similar ocurrió con la selección de Argentina en el Mundial 2002, también dirigida por él.

Tras la eliminación, las críticas no tardaron en aparecer. Al «Loco» —sobrenombre que se ha ganado por su obsesión y la intensidad con la que vive el futbol— se le responsabilizó del fracaso. Algunos, como Jorge Ramos, reconocido comentarista deportivo de nacionalidad uruguaya, calificaron como una «vergüenza» la actuación de un equipo que presume dos campeonatos del mundo y que fue incapaz de derrotar a las selecciones de Arabia Saudita y Cabo Verde al empatar con ambas selecciones y, finalmente, perder ante España.

Se señalaron distintas causas para explicar la eliminación: la mala relación entre los jugadores y el entrenador y el planteamiento táctico. Independientemente de la validez de las críticas, lo que me interesa destacar es la postura que asumió Marcelo Bielsa ante las críticas y la eliminación del equipo.

Con total serenidad, a diferencia de lo ocurrido después del partido, durante la conferencia de prensa en el Estadio Centenario de Montevideo, donde anunció su renuncia, ofreció una amplia explicación de las razones que, a su juicio, llevaron a la eliminación del representativo charrúa.

En un ejercicio de autocrítica asumió su responsabilidad y reconoció que hubo algunos aspectos de su método de trabajo que no fueron bien recibidos por los jugadores. Este hecho hizo que reflexionara sobre su postura para adaptarse a la mentalidad de los jóvenes jugadores.

Durante la hora y media que duró el encuentro con los medios, Bielsa fue detallando con paciencia y la meticulosidad que lo caracterizan la interpretación de lo sucedido, dando muestra de su compromiso como entrenador y del don de persona que hay detrás del técnico argentino originario de la ciudad de Rosario.

FOTO: ADOLFO VLADIMIR /CUARTOSCURO.COM

Las locuras de Bielsa: el gol que su equipo se dejó marcar

Entre las locuras de Bielsa, una de las más recordadas es la orden que dio, cuando dirigía al Leeds United de la Segunda División de Inglaterra, para que su equipo le «devolviera» un gol al equipo contrario y se dejaran marcar un gol en su propia portería.

Su equipo había conseguido un gol precedido por una falta que había dejado lesionado a un jugador del equipo contrario; sus compañeros exigían a los jugadores del Leeds que sacaran el balón para que el cuerpo médico asistiera al jugador; los jugadores del Leeds hicieron caso omiso y anotaron en la portería contraria. Antes de reanudarse el juego, Bielsa dio la orden a su equipo.

Por este gesto, tanto el club como su entrenador fueron reconocidos con el Premio Fair Play que otorga la FIFA en reconocimiento al espíritu deportivo y al juego limpio. Marcelo Bielsa no asistió a la ceremonia; en su lugar envió un mensaje, leído por uno de sus auxiliares, en el que expresó que la acción de su equipo servía para: «dar un ejemplo en cuanto a valores y resaltar qué es lo que está bien».

Y es precisamente esa integridad —dentro y fuera de la cancha— lo que Bielsa ha tratado de transmitir a lo largo de toda su carrera. Paradójicamente, esa misma defensa de estos principios y valores es la que también le ha ocasionado enfrentamientos y problemas en un mundo donde, con frecuencia, el negocio termina imponiéndose al juego.

Esto explica sus críticas a la incorporación de las pausas de hidratación en el Mundial, que desde su perspectiva transforman el futbol en un partido dividido en cuatro tiempos, modificando con ello uno de los aspectos esenciales del juego. Bajo esta lógica, podemos inferir por qué el técnico argentino fue descartado desde un inicio para dirigir a la selección mexicana rumbo al Mundial 2026.

El «Vasco» Javier Aguirre

En una entrevista, Carlos Hermosillo, ícono del Cruz Azul y uno de los más importantes delanteros en la historia del futbol mexicano, recuerda su debut como jugador profesional con el América, en 1984. Tras la lesión de Gustavo Echaniz, ingresó al terreno de juego para sustituirlo. El exjugador y ahora comentarista en Fox Sports cuenta que se encontraba muy nervioso al ingresar al partido. Sin embargo, a este nerviosismo se le sumó la impresión que tuvo cuando ya estaba dentro del campo: «Vi a un jugador que sostenía en sus manos dos dientes. Se los acababa de tirar de un codazo Javier Aguirre».

Ante la escena, que asustó a Hermosillo, el debutante escuchó al propio Javier Aguirre que con total naturalidad le gritó:

—Hey, chamaco, no te preocupes. No pasa nada.

Raúl Arias, exjugador profesional y entrenador de futbol profesional, campeón con Necaxa y con el San Luis, cuenta una historia similar.

Durante un partido amistoso entre Cruz Azul y Atlante, en un tiro de esquina recibió del Vasco —como también se le conoce a Aguirre— un codazo que le arrancó un diente:

—Salió volando mi diente; yo lo tomé al vuelo con la mano —relata Arias.

Al terminar el encuentro, Javier Aguirre y él se despidieron cordialmente «como caballeros». Años después coincidieron en un viaje en la ciudad de Los Ángeles, California. Arias aprovechó para preguntarle a Javier si recordaba aquel incidente.

—¿A poco sí? —respondió el Vasco con risas simulando apenarse.
—No te hagas —contestó Arias entre risas.

Algunos dirán que tirarse los dientes era parte del juego. «Era una época donde se valía de todo», suele recordar el «Tuca» Ferretti, quien incluso ha contado que algunos futbolistas llevaban agujas y alfileres para agredir a sus rivales durante los partidos.

Ya como técnico, Javier Aguirre tampoco ha estado exento de actos antideportivos, como la ocasión en que, siendo director técnico de la selección mexicana, pateó a un jugador de la selección de Panamá que corría por la banda frente a la banca mexicana. Después ofreció disculpas; sin embargo, la imagen del entrenador contrasta completamente con el fair play que representa Marcelo Bielsa.

Un bombero «vasco»

A pesar de estos episodios, Aguirre es una de las figuras más respetadas en el medio del futbol.

Sus capacidades como entrenador no están puestas en duda. Ha sido el técnico mexicano más exitoso en Europa y, si bien ese éxito no se refleja en títulos, sino en el número de equipos y los años que dirigió en el viejo continente, donde es reconocido por dirigir equipos «chicos» que tienen problemas de descenso en España, se ha convertido en lo que dentro del medio se conoce como un «bombero»: un entrenador especializado en rescatar equipos en situaciones límite, esto es, en apagar incendios.

Esta trayectoria lo ha llevado a dirigir a selecciones nacionales como las de Egipto, Japón y México —en tres ocasiones—.

La suerte de Aguirre (y de los dirigentes del sector mexicano)

El proceso de la selección mexicana rumbo al Mundial 2026 estuvo marcado por la improvisación y la incertidumbre. Javier Aguirre llegó como el tercer entrenador del ciclo, después de Diego Coccay Jaime Lozano. El resultado era previsible: una selección poco convincente que no entusiasmaba a nadie.

En este contexto llegó el Mundial. Tres juegos, tres victorias, cero goles en contra y con paso perfecto se logró el boleto a la siguiente ronda. Si bien el equipo manifestó solvencia, aún no se veía realmente una mejoría real. Fue hasta el cuarto partido, frente a Ecuador, que la selección mostró algo nuevo y diferente, con lo que algunos consideran el mejor partido de una selección mexicana en la historia de los Mundiales. Esta actuación ha llenado de confianza a los mexicanos, quienes en su mayoría creen que este equipo puede hacer historia en su encuentro contra la selección de Inglaterra en los octavos de final.

Sin demeritar el trabajo de Javier Aguirre al frente de la selección nacional, y el gran partido que brindaron los jugadores con una actuación que rayó en la perfección, «se alinearon los astros» en un momento decisivo. Este acontecimiento no solo beneficia a la selección, además impacta de forma positiva en las arcas de la FIFA, Adidas —al ser la playera de juego de la selección una de las más vendidas— y Tepito.

Para la Femexfut, los dueños y dirigentes del futbol mexicano, estos resultados son un bálsamo ante los cuestionamientos por los manejos poco claros que se dan en el balompié nacional con temas como la multipropiedad, la eliminación del ascenso y descenso, y el exceso del número de extranjeros en los equipos, aspectos que terminan afectando la formación y el desarrollo del futbolista mexicano, materia prima de la selección. Lo más probable es que los resultados obtenidos en el Mundial se traduzcan en un «cheque en blanco» que avale la continuidad de la forma en que se maneja el futbol en México.

El futbol, en muchos aspectos, es un reflejo de la sociedad: dentro y fuera de la cancha se reproducen comportamientos mezquinos y generosos. El ganar como sea —»haiga sido como haiga sido», como dijo el espurio— se impone cada vez más sobre el buen trato del balón. Mourinho vs Guardiola. El tiempo ha puesto a cada uno en su lugar. Sin embargo, ese mismo tiempo no siempre es generoso con todos y muchas veces premia a los que no se lo merecen, mientras a otros, como el Loco Bielsa, les sigue regateando su reconocimiento.

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