El silencio en las gradas nos da lecciones de historia 

27 junio, 2026

Aficionados de República del Congo mostraron su particular forma de apoyar a su selección quien perdió 1-0 ante la Selección de Colombia, durante su segundo juego de la Copa del Mundo 2026, que se llevó a cabo en el Estadio Guadalajara. FOTO: CÉSAR GÓMEZ/CUARTOSCURO.COM

Un hombre elegantemente vestido de saco rojo, camisa amarilla, corbata roja y pantalón azul permanece inmóvil sobre un pedestal. Mientras el resto del público observa y se emociona con lo que sucede en la cancha de fútbol, él levanta el brazo y el puño. Un acto político en pleno Mundial que para algunos pasa inadvertido

Texto: Rogelio López

Foto: César Gómez Reyna / Cuartoscuro

CIUDAD DE MÉXICO. – En estas semanas del Mundial, una de las notas que más han destacado los medios que dedican algún espacio al torneo de fútbol fue la noticia de que, después de una cuarentena de 25 días en su país, Michek Nkuka Mboladinga ya estaba en Guadalajara, México, para apoyar a su selección, que se enfrentaría a Colombia el martes 23.

La nota era acompañada de las imágenes de un hombre de tez oscura, delgado, vestido con un saco azul cobalto en el que resaltan dos estampados. Uno de ellos muestra un puño en alto con los colores de su selección y el otro, una imagen en blanco y negro que, por la pose que adopta este aficionado en las fotografías y vista a la distancia, parece ser un autorretrato.

Michek es mejor conocido como Lumumba Vea, el aficionado más famoso del equipo representativo de la República Democrática del Congo —a partir de ahora, RDC—, quien en los partidos de su selección realiza un performance como acto de protesta al vestir traje, camisa y corbata que combinan con los colores de la bandera de su país; luego sube a un pedestal y permanece inmóvil de pie, con la mano derecha en alto, como si fuera una estatua, durante todo el partido, representando a Patrice Lumumba.

Una vez que termina el encuentro, Michek baja de su pedestal y atiende las solicitudes de quienes desean tomarse una foto con él, incluidos los aficionados del equipo contrario. La escena se repite durante su llegada al estadio hasta su salida. Muchos de estos aficionados publican en sus redes sociales la fotografía con Lumumba Vea; otros simplemente hacen referencia al acto como una anécdota más. Sin embargo, en los comentarios siempre aparece algún curioso que pregunta: «¿Sabes quién fue Lumumba?».

Por ejemplo, la actriz colombiana Cristina Hurtado, quien asistió al partido en Guadalajara, publicó en X un comentario sobre el performance de Michek que recibió diversas críticas. En respuesta, la actriz difundió un video en el que, visiblemente molesta e indignada, expresó:

«Ahora resulta que yo tenía que saber la historia de independencia de la RDC y que tenía que tener clarísimo quién era el personaje que ayer estaba en el partido de fútbol [Lumumba Vea]».

Más adelante expresó su gratitud a internet y a Dios, porque, gracias a esa herramienta, ahora sabía quién era ese personaje. Sin embargo, concluyó diciendo que:

«No le interesa saber cuál es la historia de independencia de los países de África, de Oriente, a no ser que algo cercano a mi vida suceda. La verdad prefiero estudiar otras cosas y saber otras cosas».

Seguramente otros curiosos también despejaron sus dudas —por decirlo suavemente— consultando algunas notas con encabezados como este: «La trágica historia detrás de Lumumba Vea», o bien otras en las que hablan del fusilamiento de Patrice Lumumba.

Sin embargo, a esta «trágica historia» y al fusilamiento le hacen falta algunos detalles fundamentales que respondan a preguntas básicas como ¿quién?, ¿cómo? y ¿por qué?

Empecemos con el ¿por qué?

Aficionados de República del Congo mostraron su particular forma de apoyar a su selección quien perdió 1-0 ante la Selección de Colombia, durante su segundo juego de la Copa del Mundo 2026, que se llevó a cabo en el Estadio Guadalajara. FOTO: CÉSAR GÓMEZ/CUARTOSCURO.COM

En algún momento de mi vida escuché que algunos se referían a Zaire, el país que hoy es la RDC, como el Congo Belga. En el siglo XIX los imperios coloniales se repartieron África, y a Bélgica le «tocó» el Congo. Su nombre oficial en ese momento era Estado Libre del Congo y fue propiedad exclusiva del rey Leopoldo II entre 1885 y 1908, a quien se le pasó un poco la mano en eso de llevar la civilización y el progreso a estas tierras.

Con la espada —o mejor dicho, el fusil— en una mano y la cruz en la otra, los emisarios del rey Leopoldo explotaron este territorio, extrayendo marfil, diamantes, cacao, caucho y otras materias primas claves para la época. Recordemos que el petróleo terminaría por sustituir al caucho como recurso estratégico. Para estas tareas utilizaron a la población esclavizada: niños, mujeres y hombres sin distinción trabajaban en las plantaciones de caucho; si no cumplían las cuotas establecidas, simplemente les amputaban alguna extremidad. Testimonio de ello son las imágenes que muestran a personas mutiladas posando junto a los capataces o estos emisarios. Algunas estimaciones hablan de un genocidio de hasta diez millones de personas.

Para el orden internacional establecido después de la Segunda Guerra Mundial, que los antiguos imperios mantuvieran sus colonias ya no estaba bien visto. Aun así, las nuevas democracias europeas se las ingeniaron para mantener el control sobre sus antiguos territorios.

En el caso del Congo, tuvieron que pasar más de siete décadas para que el país alcanzara formalmente su independencia en 1960, y es precisamente en este proceso donde aparece la figura de Lumumba. A regañadientes, Bélgica otorgó la independencia al Congo; Patrice Lumumba fue elegido primer ministro. Sin embargo, los belgas —en alianza con Estados Unidos y el Reino Unido— buscaban mantener un control sobre el país.

En un discurso que con el tiempo se convertiría en un referente del panafricanismo y de las luchas por la independencia de varios países africanos, Lumumba hizo un recuento del sufrimiento y las atrocidades que había padecido su pueblo durante la dominación belga y dejó claro que el Congo sería independiente, habría justicia y sus recursos y riquezas serían aprovechados por su pueblo.

El ¿quién? y el ¿cómo?

El discurso de Lumumba no cayó muy bien entre quienes hasta ese momento se habían beneficiado de la riqueza del Congo. Como suele ocurrir, buscaron resolver las cosas como lo hacen los «europeos civilizados», es decir, promoviendo y financiando un golpe de Estado a Lumumba.

En esta operación participaron la CIA —Estados Unidos—, el MI6 —Reino Unido— y los servicios de inteligencia belgas. Lumumba fue capturado, fusilado, su cuerpo desmembrado y disuelto en ácido.

Lo único que quedó de Lumumba fue un diente, gracias al cual pudo confirmarse su identidad.

Hasta aquí no resulta extraño que esta historia no haya despertado interés en Cristina Hurtado, quien apoyó a Abelardo de Espriella en la contienda por la presidencia de Colombia, un abogado que se hizo conocido, entre otras cosas, por poseer la nacionalidad estadounidense, por defender a integrantes de grupos paramilitares y por asesinar gatos con fuegos artificiales por diversión.

El poder de lo simbólico

Sin embargo, el acto de Michek Nkuka Mboladinga, o Lumumba Vea, ha logrado visibilizar un hecho que con frecuencia es presentado simplemente como una «trágica historia», cuando en realidad se trató de un magnicidio impune impulsado por las potencias de la época para mantener el yugo sobre el Congo y, por extensión, sobre el resto del continente africano, mediante la imposición de gobiernos afines a sus intereses.

En el contexto del Mundial, algunas personas continúan expresando actitudes racistas hacia las selecciones africanas. Un ejemplo de ello fueron las declaraciones de Bastian Schweinsteiger, exseleccionado alemán y campeón del mundo en 2014, quien, en un análisis antes del partido entre Alemania y Senegal, afirmó que este último tenía un «estilo africano [que se caracteriza]… por ser poco ortodoxo, poco salvaje, poco táctico; estamos preparados para lo imprevisible». Hecho que recuerda en cierta medida la imagen de África oscura, misteriosa, salvaje en contraposición a lo civilizado que representaban los europeos, que cultivó Joseph Conrad en su famosa obra El corazón de las tinieblas.

Y si finalmente esas visiones siguen imperando para describir el fútbol de los países africanos, poco importa que muchos de sus jugadores hayan nacido en Europa y sean hijos de inmigrantes, como muchos de los jugadores que actualmente integran el equipo de Alemania.

Como recuerda el Diego, al referirse a lo que comentaba Romelu Lukaku, delantero del equipo de Bélgica e hijo de congoleños:

—Cuando meto un gol, soy belga.
—Cuando juego mal, soy del Congo.

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