6 junio, 2026

Lo primero que se ve al cruzar Reforma y Bucareli son los nombres. Más de 200, grabados sobre acero, colocados a unos pasos del antimonumento de Ayotzinapa. El 30 de mayo, familias de periodistas asesinados y desaparecidos instalaron el antimonumento «Aquí nadie olvida», una exigencia de justicia que ahora forma parte de la ruta de la memoria de la capital
Texto: Alejandro Ruiz
Foto: Galo Cañas y Alberto Roa / Cuartoscuro
CIUDAD DE MÉXICO.— Hay nombres que pesan. Más de 200 están grabados en una estructura de acero que desde el 30 de mayo de 2026 se levanta en la esquina de Reforma y Bucareli. Frente al antimonumento de los 43 estudiantes de Ayotzinapa y a unos pasos del de la guardería ABC, una nueva exigencia de memoria se integra a la ruta: la de los periodistas asesinados y desaparecidos en México.
El antimonumento “Aquí nadie olvida” lo impulsaron Tejidos Solidarios y la Red Nacional de Familias de Personas Periodistas Asesinadas y Desaparecidas. Griselda Triana, coordinadora ejecutiva de la organización y esposa de Javier Valdez Cárdenas —el corresponsal de La Jornada asesinado el 15 de mayo de 2017 en Culiacán—, explica los motivos de esta lucha con la claridad de quien ha convivido demasiado tiempo con la impunidad.
“Este proyecto lo venimos pensando desde hace mucho tiempo porque ante la impunidad que existe ante los crímenes contra periodistas, la única certeza que tenemos las familias es la impunidad”, dice Triana en entrevista.
Y añade:
“Si al Estado, a las autoridades, se les olvida que tienen una deuda con las familias y también con colegas periodistas, pues las familias no olvidamos. Las familias tenemos memoria y tenemos que seguir exigiendo justicia”.

La elección del sitio no es casual. El antimonumento se ubica en la esquina de la información, un lugar conocido así por la cantidad de medios que solían concentrarse en la zona, y que ahora es ya un territorio de memoria donde convergen distintas luchas.
“Es muy simbólico que el antimonumento esté colocado en ese sitio. Se integra a la ruta de la memoria”, señala Triana, haciendo referencia a todos los sitios de memoria que desde hace años se han levantado en la Avenida Reforma.
El antimonuento, además de impactante, es una pieza que está hecha para leerse de cerca, para detenerse. Triana reflexiona:
“Era muy importante que los nombres de cada periodista quedaran grabados. Necesitamos que quienes transiten por esa zona se detengan y puedan ver sus nombres. Hay que nombrarlos. Por eso sus nombres están ahí grabados».
En la pieza se cuentan a más de 200 periodistas asesinados y 35 desaparecidos. La cifra, explica Triana, no proviene de una sola organización —Artículo 19, Propuesta Cívica y Reporteros Sin Fronteras manejan conteos distintos—, sino de un cotejo que las propias familias realizaron bajo un criterio definido.
“El criterio que tomamos como base es que, precisamente como el 98% de los crímenes permanecen en la impunidad, mientras no haya autoridad que demuestre que no fueron asesinados por su labor periodística, siguen siendo colegas asesinados y desaparecidos”, sostiene Triana.
Y añade:
“El día que las autoridades vengan y nos demuestren que los asesinaron por otras razones. El día que haya sentencias, que haya condenas, entonces retiramos esos nombres. Pero mientras eso no suceda, sus nombres van a estar ahí”.

La colocación del antimonumento ocurre nueve años después del asesinato de Javier Valdez, cuyo autor intelectual sigue sin ser castigado. El 15 de mayo de 2017, el periodista fue interceptado a plena luz del día a una cuadra de las instalaciones del semanario Río Doce, en Culiacán, Sinaloa, y recibió doce disparos. Hablaba, escribía y denunciaba al narcotráfico.
Aunque se logró la captura y condena de los autores materiales, el autor intelectual del crimen permanece impune. Los recursos legales interpuestos por la familia continúan sin resolverse, y como han señalado algunos medios de comunicación, en esta impunidad puede estar involucrado al exgobernador de Sinaloa, Quirino Ordaz Coppel, quien ha sido nombrado en el caso como presunto responsable de planear o encubrir el asesinato, sin que hasta la fecha las investigaciones hayan avanzado en esa línea.
A ese silencio institucional se refiere Triana cuando habla de lo que enfrenta el periodismo en México. “Javier ya advertía que en México no hay condiciones para hacer periodismo. No hay ninguna garantía para que quienes desempeñan esta labor lo hagan con seguridad”, afirma.
Y luego, con una mezcla de pesimismo y convicción, añade:
“A mí me preocupa ese silencio institucional, que finalmente se convierte en una forma de violencia institucional porque no hay señales de que las cosas puedan ser diferentes para ejercer la libertad de expresión en México. Eso nos tiene que preocupar. Por lo tanto, yo quiero pensar que este antimonumento va a ser un recordatorio permanente de que no deben seguir ocurriendo más crímenes contra periodistas, pero también para que el Estado recuerde que tiene que garantizar el ejercicio periodístico en este país”.
“Al buen periodismo le hace falta una sociedad que lo acompañe”, solía decir Javier Valdez. Su esposa lo recuerda ahora como un faro en medio de un ecosistema mediático cada vez más complejo, donde abundan las noticias falsas y el descrédito hacia el oficio. Sin embargo, cree que hay razones para sostener la esperanza:
“Muchos de ustedes le siguen apostando a que la sociedad esté bien informada. Siempre va a haber medios independientes que sí son responsables y sí están verificando la información. Creo que la sociedad tiene que en algún momento aprender a distinguir la información que está consumiendo”.
Sobre el antimonumento recién colocado, Triana pide que la gente se acerque. Que lo recorra. “Si pueden, coloquen hasta una florecita”, dice.
En la esquina de la información, los nombres aguardan. Son más de doscientos. No son cifras. Son ausencias que las familias se niegan a dejar en el olvido.
Periodista independiente radicado en la ciudad de Querétaro. Creo en las historias que permiten abrir espacios de reflexión, discusión y construcción colectiva, con la convicción de que otros mundos son posibles si los construimos desde abajo.
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