«Nada humano me es ajeno»: Guardiola y sus lecciones fuera de la cancha

30 mayo, 2026

Luego de 10 años como entrenador del Manchester City, Pep Guardiola se despide del club donde lo ganó todo;  sin embargo, su legado principal no son los títulos ni los trofeos. Su mayor herencia está fuera de la cancha: su compromiso con los más débiles

Texto: Rogelio López  

Foto: FC Barcelona

CIUDAD DE MÉXICO. – Es 2016. En un clásico taxi inglés viaja Josep “Pep” Guardiola, la más reciente contratación del Manchester City, equipo inglés que, como muchos otros clubes de futbol en el mundo, ahora es propiedad de algún oligarca —ruso, chino, saudí, catarí o emiratí—; en este caso, del jeque Mansour bin Zayed, un integrante de la familia real emiratí. El vehículo se detiene para que suba un nuevo pasajero: un niño de unos 10 años aproximadamente con su jersey azul del equipo.  Rápidamente deja atrás su  sorpresa, va directo al grano y con total seguridad y le dice a Guardiola: “Ahora que te tenemos aquí vamos a ganar todos los trofeos”. Unos segundos después con genuina preocupación, el pequeño aficionado pregunta: ¿Dónde los vamos a poner?

Su paso por Manchester

Después de 10 años de dirigir al Manchester City y ganar con el equipo inglés una Champions League —el trofeo más codiciado del futbol mundial—, 6 ligas y  otros títulos hasta alcanzar la cifra de 20, el técnico catalán Josep Guardiola, mejor conocido como “Pep” por decisión propia, ha dejado la dirección técnica del segundo equipo más importante de la ciudad considerada la cuna de la Revolución Industrial por el desarrollo de la industria textil en el siglo XVIII. 

En una emotiva despedida, en la que la maestra de ceremonias era interrumpida por los cánticos de los “Citizens” —nombre con el que se le conoce a los aficionados del equipo inglés—, Pep, en medio del campo y visiblemente nervioso por estas muestras de cariño, escuchaba las palabras que le dirigió su interlocutora: “Cambiaste para siempre la historia de este club de futbol”. Cuando le tocó hablar, pidió silencio, con cierta  incredulidad preguntó: ¿Qué es lo que he hecho para que me expresen su cariño de esta forma? Las gradas estallaron con los cánticos: “We’ve got Guardiola”—Tenemos a Guardiola—; las pantallas mostraban  personas felices, emocionadas e incluso algunas que lloraban mientras cantaban. Después de agradecer a su familia, el entrenador catalán dijo que siempre lo hicieron sentir como en su casa. “Cuando me vean en la calle, aquí o donde sea, acérquense y denme un abrazo. Lo necesito”. Las gradas estallaron nuevamente.  

A esta emotiva despedida, se suman las muestras de cariño que expresaron algunos aficionados afuera del estadio. Ante un micrófono y una cámara, le dedicaron algunas palabras de agradecimiento.  Pep, visiblemente conmovido al escuchar los testimoniosderrama algunas lágrimas. 

Nada humano me es ajeno

“Nada humano me es ajeno”. Como lema de una universidad —UACM— que se posiciona como una institución humanista, esta frase suena muy apropiada para representar esos valores como guía institucional. Sin embargo, cuando la escuchamos en boca de un entrenador de futbol, la expresión adquiere otra resonancia. 

Para muchos Guardiola, es el mejor entrenador de futbol, no solo por la cantidad de títulos ganados o promover un juego ofensivo y vistoso que prioriza el buen trato del balón, el cual llevó a su más alto nivel con el  “tiki taka” del  Barcelona de Messi, Iniesta y Xavi y con el Manchester City (clubes con los que ganó la Champions). 

Sin embargo, la grandeza del técnico catalán, quien el 24 de mayo dirigió su último partido como entrenador del equipo inglés, no radica únicamente en sus éxitos deportivos, sino en su posicionamiento, siempre crítico, respecto a distintos temas. Tales son  los casos del independentismo catalán, el genocidio en Palestina, la persecución y criminalización de los migrantes —en Europa y Estados Unidos—, entre otros, situándose siempre del lado de los oprimidos. 

El 29 de enero en Barcelona, con su  “kufiya” en el cuello, Pep Guardiola  participó como orador en el concierto Manifesto X Palestine, un evento que reunió a distintas personalidades que se solidarizaron con el pueblo palestino. En su discurso denunció  la parsimonia y la indiferencia de la sociedad que ve el sufrimiento de los niños palestinos y  la tragedia de los migrantes que cruzan el Mediterráneo para llegar a Europa. También señala a los responsables: los “poderosos”, a quienes acusa de actuar con cobardía.  Ante estos hechos, afirmó el catalán: “Hay que dar un paso adelante, no mirar para otro lado e involucrarnos(…).Estamos demostrando que estamos del lado de los más débiles que en este caso es Palestina”. 

El entrenador de futbol que no se centra en  el futbol

Como es normal en un mundo distópico, donde los victimarios se hacen pasar por las víctimas, hubo quienes se indignaron por  estas declaraciones. En Manchester, el Consejo de la Comunidad Judía de la ciudad emitió un comunicado criticando al entrenador por sus comentarios: “Guardiola es un entrenador de futbol. Si bien sus reflexiones humanitarias pueden ser bien intencionadas, debe centrarse en el futbol. El Manchester City está siendo perjudicado por él al desviarse del futbol y opinar sobre asuntos internacionales”

Días después en una rueda de prensa fue cuestionado por su participación en el evento y su posicionamiento en torno al genocidio en Palestina. La respuesta de Guardiola fue contundente al afirmar que él no puede dejar de ver lo que pasa frente a sus ojos —ya sea el genocidio en Palestina o lo que pasa en Ucrania, Rusia o Sudán— sin tomar una posición: “Son nuestros problemas, como humanos…” y agregó: “Me duele cuando matan a miles de personas inocentes.¿No puede la gente sentirse un poco afectada? Lo siento, debo decirlo”, y remató diciendo “Siempre estaré ahí”. 

En pocas palabras: “Nada humano me es ajeno”

Un legado que va más allá del futbol

Su legado no son los trofeos ni los títulos que han ganado los equipos que ha dirigido, tampoco el fútbol vistoso, ofensivo y basado en la posesión del balón que practican sus jugadores. Su principal herencia son las lecciones de humanidad y dignidad que el también exfutbolista da fuera de la cancha. 

A diferencia de las  estrellas del balompié que sirven de floreros sonrientes en los actos de los poderosos —basta recordar las visitas de Messi y Ronaldo a la Casa Blanca, donde convivieron  gustosamente con Donald Trump, una persona vinculada a los archivos Epstein —una red que involucra a miembros de las más altas esferas del poder acusados de abuso sexual y otros delitos—  y cuyas decisiones han causado la muerte y el arresto de miles de personas, Guardiola, como en su momento Maradona, Cruyff —quien decidió no asistir al mundial de Argentina 1978, celebrado bajo una dictadura militar— o  Sócrates quien impulsó la Democracia Corinthiana y acepto jugar en Italia para leer a Gramsci en su idioma original,  y en cambio dieron muestras de compromiso y dignidad, evitando, entre otras cosas, asociar su imagen a personas de esta índole,  siempre colocándose al lado de los más débiles. 

El viaje en taxi 10 años después

Pasaron diez años. Nuevamente el entrenador catalán viaja en taxi y, como la primera vez, también lo acompaña el mismo aficionado. El niño se ha convertido en un veinteañero. Durante el viaje, se ponen al corriente de lo que ha pasado todo este tiempo. Por fin llegan a su destino. Salen del vehículo y, antes de entrar al lugar,  Pep pregunta a su acompañante  si recuerda su antigua preocupación. Abren la puerta de un enorme salón y aparecen los trofeos ganados por el equipo al mando de Guardiola. 

Y, por supuesto, en estos tiempos donde la guerra por la verdad se lucha también en los medios digitales no podía faltar su animación en Lego.

Portal periodístico independiente, conformado por una red de periodistas nacionales e internacionales expertos en temas sociales y de derechos humanos.