Cubista, dadaísta y surrealista, en Duchamp la identidad de género formó parte esencial de su creación artística. Tras más de 50 años de no haber una exposición retrospectiva del artista francés Marcel Duchamp, regresa la exposición homónima al Museum of Modern Art (MoMA) en Nueva York
Por Évolet Aceves / X: @EvoletAceves
Marcel Duchamp (1887–1968) es primordialmente conocido por ser el más emblemático pionero del ready-made, lo que comúnmente se conoce como arte objeto, sin embargo, al recorrer esta exposición y adentrarnos en su quehacer artístico, nos damos cuenta de cómo su obra va bastante más allá del arte objeto.
Duchamp era, antes que nada, un esteta y también un artista plástico. Al inicio de la exposición se aprecian sus primeros dibujos y pinturas hechas durante la adolescencia y su adultez temprana. Luego de haber pasado una decena de años haciendo magníficas acuarelas, óleos y fascinantes dibujos a lápiz y tinta, comenzó a emplear objetos de la vida cotidiana para yuxtaponerlos entre sí, creando esculturas que pasaban a ser paradojas existenciales, como aquella de la rueda de bicicleta giratoria incrustada sobre un banco de madera, o bien, aquel urinal recostado, quizás la más conocida de él.
En su pintura comenzó experimentando con el arte impresionista, así como con modelos realistas y dibujando caricaturas de las personas a su alrededor, no sólo de sus hermanas, también de gente que formaba parte de su entorno cotidiano, aunque no fueran cercanos a él.
Continuó con la pintura cubista, también realizó múltiples collages y pinturas dadaístas, comenzando a utilizar elementos de los medios impresos, como letras de titulares de periódico recortadas y pegadas en lienzos de papel, a los cuales agregaría líneas con colores rojos, verdes y negros; también haría recortes de fotografías de la prensa para añadirlos a sus cuadros. Perteneció a las corrientes dadaísta, cubista, surrealista y aún fue más allá.
Duchamp creía en lo que llamaba “arte retinal”, motivo que lo llevó a experimentar con el ensamblaje de objetos, utilizando herramientas asociadas a la modernidad, a la industrialización de un mundo nuevo y mecanizado. Ejerció el uso de la electricidad para darle movimiento a sus creaciones mecánicas para así ostentar en sus obras alusiones oculares, modernas e hipnóticas.
No se quedó ahí, su identidad de género formó parte esencial de su creación artística.
Acuñó un pseudónimo, un alter ego femenino, llamado Rrose Sélavy, nombre elegido por Duchamp por la semejanza acústica con la frase en francés c’est la vie (“así es la vida”) para fungir como la autora de aquellas obras más apegadas a la moción de la ocularidad, de la ilusión visual; asimismo, firmó como Rrose Sélavy una mediana escultura bajo el título “Fresh Widow”, jugando con el título y la escultura misma: una ventana con bordes verde turquesa y cristales negros, realizada en 1920 y firmada como COPYRIGHT ROSE SELAVY. La “R” inicial a este nombre se lo aumentó años después, para ser entonces Rrose Sélavy.
Es decir, más allá de ser un pseudónima, era una identidad con la que imaginaba, jugaba a pertenecer a la vida glamurosa y pudiente de las mujeres francesas de inicios del siglo XX, Sélavy era también algo así como la imagen de la mujer empresaria, decoradora, dueña de su propia marca, incluyendo la de un gracioso perfume, como se puede apreciar en la fotografía tomada por Man Ray en la que se aprecia en adornado óvalo a Sélavy, fotografía montada sobre una imagen publicitaria de perfume, cuyo nombre dice con tipografía Art Déco: “BELLE HALEINE Eau de Voilette”, nuevamente, jugando con el nombre del agua de baño, la eau de toilette; y, como si no fuera suficiente, hasta debajo de la imagen y en letras pequeñas, como muchos perfumes suelen anunciar su proveniencia o ciudades donde pueden adquirirse: “NEW YORK, PARIS”.
El humor en Duchamp juega un papel crucial.
Hacia el final de la exposición hay centenares de manuscritos, cartas y postales con letra y puño de Duchamp, y más de una decena de pequeñas maletas manufacturadas por él, y que contienen igualmente pequeñas esculturas de su creación; éstas me recuerdan a casas de muñecas portátiles, de esas que se abren y adentro hay todo un universo fantasioso de muñecas. Las maletas son de distintos tamaños y colores; todas irrepetibles.
La mayor parte de su obra más representativa la realizó Rrose Sélavy, así fue firmada; por mencionar algunas de ellas: los poemas giratorios escritos en francés, colocados de manera circular sobre una plataforma negra y con letras blancas, las maletas portátiles con esculturas de diminuto formato, los objetos de dibujos circulares y giratorios, el perfume.
“Marcel Duchamp” es una exposición larga, enorme, que nos hace inmiscuirnos en la vida y la creación no sólo de Duchamp, sino de los inicios del siglo XX. Duchamp vivió la mayor parte de su vida en Francia, pero también vivió en Nueva York en su etapa temprana (1915–1923) y luego durante la Segunda Guerra Mundial (1942–1968), donde realizó gran parte de su obra.
La obra inaugurada la semana pasada, estará en el MoMA hasta el 22 de agosto de 2026.
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Évolet Aceves es cuentista, novelista, poetisa, cronista y ensayista. Autora de la novela Tapizado corazón de orquídeas negras (Tusquets, 2023), forma parte de la antología Monstrua (UNAM, 2022). Periodista cultural, fotógrafa con dos exposiciones individuales. Escribe su columna en Pie de Página. Ha vivido y estudiado en Toluca (México), Varsovia (Polonia), Albuquerque (Nuevo México, EEUU) y Nueva York, donde actualmente reside con la beca GSAS otorgada por la Universidad de Nueva York, donde también da clases. Colaboradora en revistas y semanarios: Dominga (Milenio), El Cultural (La Razón), Nexos, Replicante, Este País, entre otros. Su obra ha sido presentada en ferias del libro y universidades de México, Estados Unidos, Polonia y Alemania.
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