Edición genética: una forma más de generar organismos genéticamente modificados

16 abril, 2026

La edición genética abarca diversas técnicas utilizadas para manipular el material genético de los seres vivos mediante moléculas y procesos que, a su vez, han sido modificados a partir de otros organismos. Estas técnicas eluden deben ser estrictamente reguladas, pese a que hay presiones contra los gobiernos para no hacerlo. Este es el primero de tres artículos para explicar de qué tratan y por qué un mal manejo puede constituir un riesgo.

Mariana Benítez y Ana Wegier*

¿Qué es la edición genética y cómo se usa?

La edición genética es un conjunto de técnicas de la biotecnología moderna mediante el cual se manipula y altera el material genético de los seres vivos, es decir, sus secuencias de ADN o ARN[1]. Dado que los rasgos de los seres vivos están determinados en gran medida por su material genético, el cual se transmite de generación en generación, al modificarse éste se modifican aspectos heredables de su morfología, metabolismo, fisiología e interacción con otros organismos.

Entre otras cosas, estas técnicas permiten eliminar o cambiar parte de las secuencias de ADN o introducir secuencias con material genético de diferentes especies, utilizando moléculas y procesos moleculares que, a su vez, han sido diseñados o modificados a partir de los mecanismos de otros organismos, frecuentemente de microorganismos. Esto hace posible que los organismos adquieran características que no han sido heredadas de una generación a otra —es decir, sin los procesos naturales de recombinación, selección y reproducción que históricamente han dado forma a los seres vivos—. Estas características pueden ir desde rasgos llamativos, como la fluorescencia, hasta otros considerados más “funcionales”, como la incorporación de genes que permiten que un cultivo, por ejemplo, produzca insecticidas o fungicidas.

En efecto, entre los principales usos de la edición genética está la modificación de cultivos. Ya hay incluso productos liberados para su cultivo comercial en EE.UU., como el maíz DP915635 desarrollado con estas técnicas por Corteva, quejunto con Bayer, Syngenta y BASF, conforman el grupo de las cuatro compañías que controlan el mercado global de semillas y agroquímicos. Estos desarrollos, aunque a veces se maquillan de sustentabilidad o tratan de vincularse a la Agroecología, se enmarcan fundamentalmente en los paradigmas de la Revolución Verde, que ha impulsado la utilización de semillas comerciales, plaguicidas, herbicidas y otros insumos para aumentar la producción de monocultivos sin considerar los costos ambientales y sociales. Y más allá de la agricultura, el uso de la edición genética se ha explorado o llevado a muy diversos ámbitos: el desarrollo de fermentos y otros productos de alimenticios (ej. la “miel libre de abejas”, que paradójicamente se promueve ante el declive de las poblaciones de abejas causado por la expansión y uso de agrotóxicos de la agricultura industrial), el desarrollo de fármacos y tratamientos, el control de vectores de enfermedades, e incluso la supuesta conservación de biodiversidad. Pero veamos con mayor detalle cómo funcionan estas técnicas para poder ponderar sus riesgos y pertinencia más adelante (Edición Genética 2/3).

La principal diferencia entre las técnicas de ingeniería genética previas y la edición genética radica principalmente en el grado de control sobre el sitio de modificación y el tamaño de la modificación. Técnicas anteriores, como la biobalística —“pistolas de microproyectiles”— o el uso de bacterias como Agrobacterium, introducen ADN en posiciones no siempre predecibles del genoma, lo que requiere procesos largos de selección para identificar organismos viables. Por su parte, la edición genética utiliza herramientas como las nucleasas dirigidas (por ejemplo, sistemas como CRISPR-Cas, TALENs o nucleasas de dedos de zinc), conocidas como “tijeras moleculares”, que permiten cortar y modificar secuencias específicas del ADN, lo que ha llevado a describirla como una tecnología de “precisión”. Es con base en esto que sus promotores dicen que ahora sí estamos ante técnicas de modificación genética seguras y presionan a los gobiernos a desregularlas para sus diversos usos. Sin embargo, esa precisión no es total pues, con mayor o menor frecuencia dependiendo de la técnica específica, ocurren cortes en secuencias equivocadas. Y más importante aún, esta precisión se refiere al sitio de corte esperado, no a la ausencia de efectos no deseados; dada la complejidad de la regulación genética, incluso un cambio en la región esperada puede tener consecuencias inesperadas (más sobre esto en Edición Genética 2/3).

En asociación con otros métodos, la edición genética permite eliminar, reemplazar o multiplicar secuencias rápidamente en una población. Ésta, sobre el método CRISPR, se ha utilizado como base para desarrollar los llamados impulsores genéticos (gene drives en inglés), que son sistemas diseñados para forzar la herencia de un rasgo específico a través de las generaciones, haciéndolo propagarlo en una población. Esta propagación puede ser muy rápida. Para tener una referencia, en un proceso de herencia mendeliana, la copia de un gen materno o paterno tiene un 50% de probabilidad de ser heredado a la descendencia, mientras que un impulsor puede aumentar esa probabilidad a 99%, de manera que en muy pocas generaciones una copia modificada, se encuentre en prácticamente en toda la población. Sin impulsores, una modificación genética se propagaría lentamente, pero los impulsores permiten que una modificación se extienda muy rápidamente en una población silvestre, incluso si es perjudicial y reduce la adecuación del organismo a su ambiente.

Sin embargo, no todos los impulsores tienen los mismos objetivos y funcionamiento. Existen los de reemplazo que convierten una copia de gen A en una copia B en una población, y han propuesto entre otras cosas como estrategias en salud pública (ej. mosquitos con que no transmiten malaria). Pero también existen otros, como los de supresión, diseñados para propagar un gen que causa infertilidad o sesgo de sexo (ej. sólo se producen mosquitos machos), con el objetivo de colapsar a la población de cierta especie. Estos últimos son obviamente más controvertidos, pero ambos implican incertidumbres y riesgos, muchos irreversibles y algunos catastróficos (Edición Genética 2/3). Hasta la fecha no se ha autorizado ninguna liberación al ambiente de un organismo con un impulsor genético de reemplazo o supresión, pero ya se han hecho experimentos en laboratorio o en condiciones confinadas y hay planes para realizar los primeros ensayos de campo en los próximos años, principalmente en Santo Tomé y Príncipe  y otras partes de África . 

La edición genética también se promueve como parte de estrategias de conservación de la biodiversidad. La posibilidad de generar nuevas variantes genéticas con estas técnicas se ha usado para decir que pueden ayudar a recuperar la diversidad genética, sobre todo en poblaciones pequeñas en que hay poca variación genética –incluso hay quienes hablan de usarlas para “desextinguir” especies como el mamut u otros animales. De nuevo, detrás hay simplificaciones peligrosas. Ciertamente, la diversidad genética es parte fundamental de la biodiversidad; favorece la capacidad de las poblaciones de resistir, adaptarse y evolucionar, lo que se traduce en resiliencia de los ecosistemas y, en el caso de los cultivos, en seguridad y soberanía alimentarias. Sin embargo, la diversidad genética es una propiedad emergente de las poblaciones (conjuntos de muchos individuos distintos de la misma especie), y es resultado de dinámicas ecológicas como la reproducción, movimiento y selección de los seres vivos, entre otras. Mantener la biodiversidad en todas sus dimensiones (genética, taxonómica, agrobiodiversidad y biocultural) requiere de cuidar y permitir que sigan ocurriendo los procesos ecológicos, evolutivos y sociales que la han generado.

La edición genética supera las barreras naturales de la reproducción

Hemos dicho ya que la edición genética utiliza la maquinaria molecular modificada de ciertos organismos, por ejemplo de bacterias, para alterar el material genético de otros. El proceso en sí, y las moléculas que se introducen a las células, han sido diseñados en laboratorio mediante biotecnología moderna y provienen de otras especies. También hemos mencionado que la edición genética permite insertar material genético nuevo en un organismo. En efecto, la edición genética es cada vez más usada para producir transgénicos: organismos con uno o más genes de otra especie, introducidos mediante técnicas de ingeniería genética. El maíz DP915635 del que hablamos antes es ejemplo de ello, pues aquí la edición genética fue utilizada para incorporar secuencias de especies reproductivamente incompatibles, un helecho y una bacteria, en el genoma de esta planta. En otros casos, se han desarrollado métodos para alterar el material genético de las células germinales o gametos impactando directamente la herencia transgeneracional. De hecho, uno de los principales objetivos de muchos programas de modificación de cultivos mediante edición genética es lograr que los cambios sean heredables, es decir, que se transmitan de forma estable a través de las semillas sin tener que repetir el proceso de modificación en cada ciclo de cultivo.  Por otro lado, hemos descrito cómo la edición genética está siendo usada para facilitar que ciertas modificaciones se extiendan en las poblaciones mucho más amplia y rápidamente de lo que lo harían a través de los procesos de reproducción, herencia y selección naturales.

Todas estas instancias muestran que la edición genética supera las barreras naturales de la reproducción, eludiendo los procesos naturales de cruzamiento y recombinación. Crea organismos con combinaciones genéticas que es biológica o  estadísticamente imposible que surjan por mutación espontánea en un individuo en tiempos evolutivos realistas. Más aún cuando implican cambios simultáneos en múltiples sitios (edición múltiple o multiplex), requieren de introducir secuencias exógenas, ocurren en regiones de alta conservación donde una mutación sería prejudicial o letal –por lo que no se extendería en poblaciones naturales–, o generan rasgos incompatibles con las interacciones ecológicas de los organismos en su entorno, por mencionar algunos ejemplos. Si bien hay modificaciones puntuales que pueden surgir por procesos naturales como la mutación, como argumentan los promotores de la edición genética, éstas técnicas crean, dirigen y amplifican estos cambios a partir de moléculas y mecanismos moleculares exógenos y modificados de otros organismos. Al hacerlo, evaden procesos de regulación genética, metabólica y del desarrollo importantes para la integridad, supervivencia y evolución de los organismos en sus entornos ecológicos. Todo esto implica un desplazamiento significativo respecto a los ritmos y límites propios de la evolución natural y la domesticación de plantas, animales y otros seres vivos.

Dado que la edición genética supera las barreras naturales de la reproducción y la recombinación mediante el uso de la biotecnología moderna, e implica riesgos a la salud y a los ecosistemas (Edición genética 2/3), es relevante considerar la definición de biotecnología moderna del Protocolo de Cartagena, el cual retoma dichas barreras que fungen como el «filtro» natural que la biotecnología moderna traspasa para crear organismos genéticamente modificados. Éste es un acuerdo internacional sobre Seguridad de la Biotecnología que fue firmado por México y que es jurídicamente vinculante. Por otro lado, en la reforma constitucional hecha en 2025, el término de barreras naturales de la reproducción se utilizó como criterio jurídico para definir y prohibir el cultivo de maíz genéticamente modificado, y prevenir amenazas al ambiente, la salud y el patrimonio biocultural (más sobre esto en la entrega Edición genética 3/3). Para otros organismos y aplicaciones, estas tecnologías se encuentran reguladas por la Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados (LBOGM), así como por otras disposiciones en materia de salud y medio ambiente. En conclusión, en México, el desarrollo, liberación y uso de organismos modificados por edición genética están sujetos a evaluación, autorización y seguimiento por parte de las autoridades competentes y deben ser estrictamente regulados.


* Mariana Benítez trabaja como investigadora titular en el Laboratorio de Ciencias de la Sostenibilidad, en el Instituto de Ecología de la UNAM. Sistema Nacional de Investigadores.

**Ana Wegier trabaja como investigadora titular en el Jardín Botánico en el Instituto de Biología de la UNAM. Sistema Nacional de Investigadores.

[1] En ocasiones se habla también de “edición génica” y “edición genómica”. Si bien estos términos permiten precisar matices, aquí usaremos solamente “edición genética” para abarcar a esta familia de técnicas que forman parte de la biotecnología moderna.

(Continuará)


 [1]https://www.colibri.udelar.edu.uy/jspui/handle/20.500.12008/51078

 [2]https://www.nongmoproject.org/blog/new-gmo-alert-bee-less-honey-and-bean-less-coffee-a-translation-guide/

 [3]https://www.ajtmh.org/view/journals/tpmd/111/2/article-p341.xml

 [4]https://link.springer.com/article/10.1186/s12936-024-04952-9

Lydiette Carrión Soy periodista. Si no lo fuera,me gustaría recorrer bosques reales e imaginarios. Me interesan las historias que cambian a quien las vive y a quien las lee. Autora de “La fosa de agua” (debate 2018).