30 noviembre, 2025
Lourdes Almeida rescata el trabajo de más de 700 fotógrafas pioneras nacidas hasta 1920 en un proyecto editorial que propone un «zurcido no invisible» a la historia de la fotografía, recuperando voces sistemáticamente borradas de los relatos canónicos desde una perspectiva feminista que comprende el archivo como acto de justicia historiográfica
Por Jacob Bañuelos Capistrán / Ig @jibcjac
En el panorama actual de la cultura visual, donde persisten los relatos historiográficos sesgados que privilegian las narrativas masculinas, Lourdes Almeida plantea una urgente necesidad de reescribir la historia de la fotografía. Nacida en la Ciudad de México en 1952, estudió fotografía en Florencia, Italia, y participó en el mítico taller Pláticas de Invierno sobre la fotografía impartido por el maestro Manuel Álvarez Bravo en el CUEC de la Universidad Nacional Autónoma de México. Su reciente investigación sobre las pioneras fotográficas del siglo XIX y principios del XX sugiere que estamos ante un fenómeno sistemático de invisibilización que requiere una intervención crítica y meticulosa para ser reparado.
Vivimos en una época donde, a pesar de los avances en equidad de género, persiste la tendencia a minimizar o ignorar las contribuciones de las mujeres en el desarrollo histórico de las artes y las ciencias. Frente a esta realidad, Almeida identifica en la fotografía decimonónica un campo particularmente afectado por este fenómeno de borramiento sistemático. Su propuesta editorial parte de la metáfora del zurcido —oficio textil que la propia autora practica— como estrategia de reparación del tejido histórico.
Su propuesta historiográfica parte de interrogantes fundamentales: ¿Cómo recuperar las voces de fotógrafas sistemáticamente excluidas de los relatos canónicos? ¿De qué manera podemos documentar un fenómeno histórico que deliberadamente se ha ocultado? ¿Cómo construir un archivo que dé cuenta de la amplitud del trabajo fotográfico femenino en los albores del medio? Para abordarlas, Almeida ha desarrollado un proyecto editorial ambicioso dividido en dos volúmenes que documentan más de 700 fotógrafas pioneras.
El proyecto Zurciendo la historia surge durante la pandemia de COVID-19, cuando la fotógrafa mexicana impartía un seminario en línea a través de la Escuela Activa de Fotografía, plantel Querétaro. La investigación se materializa en dos volúmenes: el primero, publicado en 2023, contiene 386 páginas con más de 350 fotógrafas organizadas temáticamente por géneros fotográficos (científicas, estudio, autorepresentación, guerra, ilustradoras, viajeras y vida cotidiana); el segundo, recientemente publicado (2025) tras una exitosa campaña de financiamiento colectivo que recaudó 343 mil pesos con 150 patrocinadores, se enfocará específicamente en fotógrafas de calle y fotoperiodistas.

El marco metodológico que propone Almeida recupera una estructura temática por géneros fotográficos. La primera dimensión aborda la fotografía científica, documentando mujeres que trabajaron en expediciones, laboratorios y proyectos de investigación visual. La segunda explora la fotografía de estudio, el género que más proliferó en el siglo XIX y donde muchas mujeres desarrollaron su práctica profesional. La tercera examina la autorepresentación, un capítulo particularmente revelador que documenta prácticas proto-selfie donde las fotógrafas construían elaboradas puestas en escena de sí mismas. La cuarta investiga la fotografía de guerra, con 42 mujeres documentadas que desafiaron las convenciones de género al cubrir conflictos bélicos. Finalmente, las fotógrafas ilustradoras de libros, viajeras y aquellas dedicadas a la vida cotidiana completan el panorama del primer volumen.
Para ilustrar la riqueza del proyecto, Almeida recupera casos paradigmáticos que ejemplifican la diversidad del trabajo fotográfico femenino en el período estudiado. Virginia Oldoini, condesa de Castiglione, desarrolló una sofisticada práctica de autorepresentación en la Francia del Segundo Imperio. Esta aristócrata italiana, quien trabajó como espía, creaba elaboradas puestas en escena fotográficas donde ella misma dirigía todos los aspectos de la composición, contratando fotógrafos únicamente para accionar el obturador. Sus imágenes anticipan en décadas la práctica contemporánea del autorretrato fotográfico.
Entre las fotógrafas mexicanas documentadas destacan figuras como Lola Álvarez Bravo, a quien durante mucho tiempo se le atribuyó haber aprendido fotografía de su esposo Manuel Álvarez Bravo, cuando en realidad, como documenta Almeida, ambos aprendieron simultáneamente el medio. Esta reconstrucción histórica desafía narrativas establecidas que sistemáticamente minimizaron la agencia y el talento de las mujeres fotógrafas, atribuyendo sus logros a influencias masculinas.

Desde la perspectiva histórico-contextual, estas fotógrafas operaban en condiciones de extrema dificultad. Como señala Almeida, en el siglo XIX las mujeres enfrentaban restricciones sociales severas: no tenían derecho a trabajar profesionalmente, no podían circular solas por espacios públicos y sus actividades estaban confinadas al ámbito doméstico. El equipo fotográfico de la época pesaba considerablemente, requería conocimientos técnicos complejos sobre óptica y química, y demandaba una dedicación que socialmente se consideraba incompatible con los roles femeninos prescritos.
En la dimensión técnico-material, Almeida documenta cómo estas pioneras dominaban procesos complejos que incluían la preparación de emulsiones fotosensibles, el manejo de cámaras de cajón con imagen invertida, el revelado químico y la impresión en diversos soportes. La caracterización de estas mujeres como «señoras ociosas» —según la terminología peyorativa de la época— revela el sesgo ideológico que las relegaba a la invisibilidad mientras desarrollaban prácticas profesionales de alto nivel técnico.
La dimensión de género atraviesa todo el proyecto. Almeida, quien se declara abiertamente feminista y fue activista durante diez años en Mujeres en Lucha por la Democracia, plantea que este trabajo de recuperación histórica tiene implicaciones políticas contemporáneas. El rescate de estas fotógrafas no solo corrige el registro histórico, sino que proporciona referentes para las nuevas generaciones de mujeres que trabajan en fotografía, demostrando que la presencia femenina en el medio no es reciente sino constitutiva de su desarrollo.
En un entorno historiográfico donde los grandes relatos de la fotografía —desde Beaumont Newhall hasta Susan Sontag— han privilegiado sistemáticamente a fotógrafos varones, el proyecto de Almeida propone una intervención crítica fundamental. No se trata, enfatiza la autora, de borrar los nombres masculinos de la historia, sino de reconocer que siempre hubo «fotógrafos y fotógrafas», que las mujeres desarrollaron los mismos géneros fotográficos que sus contemporáneos masculinos y que su trabajo merece igual reconocimiento historiográfico.
El análisis de Almeida resulta particularmente relevante en el contexto de los debates contemporáneos sobre equidad en el campo cultural. Su investigación documenta que, a pesar de trabajar con las mismas herramientas y los mismos temas, las fotógrafas del siglo XIX fueron sistemáticamente excluidas de exposiciones, publicaciones, colecciones museísticas y, finalmente, de los relatos históricos canónicos. Este patrón de invisibilización, argumenta, persiste en formas modificadas hasta el presente.
En la dimensión metodológica, el proyecto establece rigurosos criterios de documentación. Cada fotógrafa incluida cuenta con una página que contiene su retrato, una breve biografía y una selección representativa de su obra. Las imágenes provienen de fuentes verificables: museos, archivos institucionales, publicaciones históricas o acervos reconocidos. En casos donde la información biográfica resultó limitada o fragmentaria, Almeida optó por incluir a estas fotógrafas en apéndices temáticos, prefiriendo documentar su existencia aunque sea parcialmente antes que perpetuar su invisibilidad.

La metáfora del «zurcido» que titula el proyecto adquiere múltiples resonancias. Por un lado, evoca la práctica textil tradicional asociada con el trabajo femenino, resignificándola como labor historiográfica. Por otro, sugiere que la reparación del relato histórico no pretende ser invisible —como el zurcido perfecto que disimula la rotura— sino deliberadamente visible, señalando la ausencia que se busca remediar. Esta visibilidad estratégica de la intervención historiográfica distingue el proyecto de aproximaciones que simplemente «añaden» nombres femeninos sin cuestionar las estructuras narrativas dominantes.
La investigación de Almeida considera fundamental que proyectos como este no se limiten al ámbito académico especializado, sino que circulen ampliamente para transformar el imaginario colectivo sobre la historia de la fotografía. El formato de libro de consulta, con información sintética pero rigurosa, facilita su uso tanto en contextos educativos como en investigaciones más especializadas.
En una sociedad donde las genealogías culturales configuran las posibilidades de identificación y desarrollo profesional, la capacidad de reconocer una tradición histórica de mujeres fotógrafas adquiere una dimensión formativa fundamental. El marco historiográfico experimental que propone Almeida permite así reconocer y potenciar una tradición invisibilizada, ofreciendo herramientas para una comprensión crítica que aborde la fotografía no solo como práctica técnica, sino como campo atravesado por relaciones de poder y género profundamente imbricadas en las dinámicas históricas.
En un mundo donde la historia de la fotografía continúa enseñándose frecuentemente desde narrativas eurocéntricas y androcéntricas, la autora considera fundamental contar con proyectos historiográficos como este para desarrollar una comprensión más inclusiva y precisa. Su trabajo representa una contribución significativa para comprender la fotografía como práctica social donde las mujeres han sido siempre protagonistas, no excepciones, permitiendo identificar no solo las formas de exclusión histórica, sino también las estrategias de resistencia y producción cultural que las fotógrafas pioneras desarrollaron contra la invisibilización sistemática.
La labor de Lourdes Almeida trasciende la mera compilación documental para configurarse como un acto de justicia historiográfica. Al zurcir el tejido rasgado de la historia fotográfica, no solo recupera nombres y obras olvidadas, sino que desafía las estructuras epistémicas que produjeron y perpetuaron dicha invisibilización. En este sentido, Zurciendo la historia opera simultáneamente como archivo, como crítica historiográfica y como herramienta pedagógica para las futuras generaciones de fotógrafas que ahora pueden reconocer una genealogía de la cual son herederas.
Notas:
Para coocer más a Lourdes Almeida, recomiendo la entrevista titulada Para ser creativo hay que vivir, que le realicé el 12 de octubre de 2021 con Lourdes Almeida sobre su obra fotográfica se puede leer en el libro Desafíos creativos, teóricos y didácticos de la fotografía, disponible para descarga en: http://dccd.cua.uam.mx/repositorio/libros.php?libro=DesafiosCreativos
*Las imágenes han sido recuperadas el perfil del libro Zurciendo la historia vol. 1 en amazon.com
Doctor en Ciencias de la Información (Apto Cum Laude 1991-1995), en el Departamento de Comunicación Audiovisual y Publicidad II, Facultad de Ciencias de la Información, Universidad Complutense de Madrid. con la Tesis Doctoral: Fotomontaje Síntesis Visual: historia, teoría y práctica. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) desde 2005, actualmente es SNI-1. Actualmente es Director de la Maestría en Comunicación (MCO) y profesor e Investigador de Tiempo Completo Departamento de Industrias Creativas del Tecnológico de Monterrey-Campus Ciudad de México, donde imparte las materias de Fotografía e Imagen Digital y Fotoperiodismo. Pertenece a la Escuela Nacional de Humanidades y Educación del Tecnológico de Monterrey.
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