Vagina dentada

7 junio, 2019

El mito de la vagina dentada se repite de forma casi universal: una mujer con la capacidad de herir, castrar al hombre que la posea. Y como consecuencia, está el otro mito casi universal: el de la violación para “apaciguar”, y detener el poder “excedido” de la mujer. El temor a la mujer, la necesidad de domesticarla

Según un mito del pueblo qom, o toba, localizado en lo que ahora es el Chaco argentino, las mujeres bajaron del cielo, como seres poco menos que divinas. La leyenda va más o menos así:

Cuando Kharta creó el mundo no existían el frío, la enfermedad, la muerte ni el hambre. Creó unos hombres–animales que eran inmortales. Tenían plumas y pieles y garras, algunos podían volar. Éstos vivían felices cazando, pescando y recolectando, el mundo estaba creado para ellos y formaban una unidad entre hombres y naturaleza. Pero estos hombres sentían el impulso natural de la procreación, entonces depositaban su semen en calabazas. Los niños nacían pero como carecían de leche materna, comían tierra y morían.

Los hombres–animales acostumbraban salir a cazar y dejar a uno de ellos cuidando la comida. Era turno del hombre loro (Elé), ser vigilante, cuando, mientras esperaba, escuchó unos ruidos extraños que provenían de lo alto. Eran risas.

En esa época, las mujeres–estrellas bajaban del cielo por medio de cuerdas para robar la comida de los hombres. Elé las vio descender por las cuerdas y como eran muy lindas quiso tomar a una de ellas, pero estas mujeres tenían mucho poder y el hombre loro sufrió heridas en su boca, así perdió parte de su habla [de ahí que el loro sólo imite pobremente la voz humana]. Las mujeres comían por arriba y por debajo, ya que también tenían dientes en la vagina. Cuando terminaron de comer subieron por las cuerdas hacia Pulé, el cielo.

Cuando llegaron los demás hombres encontraron la comida saqueada y a Elé herido, quien no pudo contarles lo que había pasado. Decidieron que al día siguiente quedaría de guardián el hombre zorro (Voyagá), el más inteligente del grupo.

Al otro día, estando solo Voyagá, volvieron a descender desde el cielo las mujeres estrellas. Esta vez, golpearon tanto a Voyagá, que el hombre terminó desmayado.

Cuando volvieron los hombres deliberaron nuevamente sentados alrededor del algarrobo. Decidieron que al día siguiente quedara de guardián el hombre tatú (Pamaló), considerado el más fuerte del grupo. Pero ocurrió lo mismo. Así que Chiquii, el carancho, jefe espiritual del grupo, decidió cambiar de estrategia. Esta vez tenderían una emboscada a las mujeres. Un grupo se escondería en el monte cerca de la choza y Volé, el hombre halcón, volaría muy alto y cuando las mujeres estuviesen descendiendo, cortaría las cuerdas y las estrellas caerían fuertemente hacia la tierra. El golpe sería terrible y las mujeres quedarían a merced de los hombres.

La caída fue tan grande que las mujeres se enterraron en la tierra y los hombres debieron cavar para buscarlas. El tatú, que era muy bruto y tenía garras muy largas, dejó tuerta a una de ellas. El hombre zorro, que era muy apurado, sacó a dos de ellas y las llevó hacia el monte, “él quería probar primero” dice la leyenda. Pero como no sabía que tenían la vagina dentada, quedó castrado.

El hombre iguana tenía dos penes, entonces obsequió uno de ellos al zorro. Chiquii llamó a una reunión, deliberaron largamente y decidieron que el hombre mosca volaría más allá del mar para traer una solución. Así lo hizo y, de vuelta, trajo consigo el conocimiento del fuego. Pero trajo también el viento, el frío, la enfermedad y la muerte.

Llegó un fuerte viento frío. Las mujeres, que estaban desnudas, se pusieron a temblar y se arrimaron al fuego. Los hombres entonces, tiraron al fuego una piedra mágica que explotó y rompió los dientes de la vagina. De esa manera los hombres animales se unieron con las mujeres estrellas y sus hijos son el actual pueblo Toba.

Otra versión de la misma leyenda dice que el hombre luna se apiadó de los hombres, bajó a la Tierra y poseyó a todas las mujeres rompiendo los dientes de la vagina con su pene de piedra (he aquí otro mito universal: el de la violación), además las embarazó a todas.

Algunos hombres continuaron depositando su semen en calabazas, algunas de ellas cayeron al fuego y los niños nacieron de color negro, así se explica la presencia del hombre de color en América.

El mito de la vagina dentada se repite de forma casi universal. En muchísimas culturas que no están vinculadas entre sí, hay historias semejantes: una mujer con la capacidad de herir, castrar al hombre que la posea. Y como consecuencia, está el otro mito casi universal: el de la violación para “apaciguar”, y detener el poder “excedido” de la mujer.

En el Whashington post, la académica Emma Reese recupera las historias de la vagina dentada en India, y concluye que éstas tienen mucho que ver con la cultura de la violación en aquel país. En particular narra una:

Historias de esta venganza tienen generaciones ya, en Madhya Pradesh, donde se cuenta la historia de una mujer, cuya vagina “castiga” a los hombres, amputando sus penes. Por ello, un noble y rico señor ordena a cuatro hombres de distintas castas castigar, violar y someter a la mujer.

Uno de estos hombres inmovilizó a la chica y otro metió un pedernal, con el que tiró uno de los dientes. Otro insertó sus lenguas y arrancó los otros dos. La joven lloró de dolor, pero fue consolada por el hombre noble, quien dijo que se casaría con ella de inmediato.

Lo mismo ocurre con historias en India, en Sudáfrica, Rusia, etcétera. Es profundo temor a la mujer, explica la antropóloga Rita Laura Segato; una piedra fundacional de lo que en la actualidad llamamos patriarcado: temor a la mujer, la necesidad de domesticarla. De ahí que la violación tenga no sólo un componente instrumental, sino también simbólico.  

Referencias:

Oliva, Jorge (Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, julio 2007); La mujer y el mito

Columnas anteriores:

Una ofrenda contra Pemex

Chaco entre algodones

Lydiette Carrión Soy periodista. Si no lo fuera,me gustaría recorrer bosques reales e imaginarios. Me interesan las historias que cambian a quien las vive y a quien las lee. Autora de “La fosa de agua” (debate 2018).