Leyendo:
Chaco entre algodones

La historia de los tobas en la región del Chaco argentino ha estado ligada al algodón. Presente desde los relatos de su origen hasta los registros históricos de sus batallas en contra de la explotación

Los tobas conforman un pueblo originario localizado en la provincia de Chaco, Argentina. Son indígenas muy altos, fuerte y atléticos, de los cuales ya quedan muy pocos. A ellos se les atribuye una leyenda sobre la llegada del algodón que, palabras más, palabras menos, dice así.

En el Gran Chaco, el clima siempre era suave. Así que los tobas vivían felices en su apacible campamento. Siempre parecía primavera.

Por esta alegría, los tobas dedicaban muchas ofrendas al dios de la luz, Naktanoon. Pero el dios de las tinieblas, Nahuel, se puso celoso y decidió castigarlos. Así que les envió el invierno.

Los árboles perdieron las hojas, dejaron de ver a los animales, el campo y las ramas se cubrieron de escarcha… No tenían frutos que comer ni animales que cazar.

Los tobas estaban realmente desconcertados… ¡Nunca habían sufrido algo así!

El pueblo encomendó a miembros de la tribu, acompañados de dos aves y dos plantas, a que buscaran a Natkanoon. Las aves eran el picaflor (colibrí) y el pájaro viudita (de blanco plumaje). Las plantas, el Palo borracho y la planta del patito.

Una vez frente al dios, éste los escuchó y sintió lástima. Después les explicó que no podía cambiar la maldición de Nahuel, pero sí podía crear una planta nueva para ayudarlos. Y creó el algodón: suave como las plumas de la viudita, brillante como las plumas del picaflor, blanco como los capullos del Palo borracho y cálido como la planta del patito.

Estamos en la ciudad de Rosario, Argentina. El taxista es un hombre de unos 40 años, muy alto, moreno (inusualmente moreno en esta ciudad compuesta de inmigrantes europeos), su acento es marcado y fuerte, a veces casi ininteligible. Con ese acento narra un poco de su vida: no sabe mucho de política, ni de otros países; apenas lo que ve por televisión. Él nació y creció en un pueblito de la provincia de Chaco. Hace 20 años que se fue de ahí, y hace 10 años que lo visitó por última vez.

Desde México se sabe poco sobre Chaco. La única referencia inmediata es el nombre de Karen Ailén Grodzinski, una joven de 24 años que fue asesinada hace un par de años en la Ciudad de México por una banda de tratantes; ella huía de la pobreza; quería hacer arte, quería ayudar a la familia. Chaco.

El taxista narra un poco de su infancia, no por iniciativa, sino por pregunta directa.

–La infancia fue muy dura ahí. Teníamos que trabajar. Yo dejé de estudiar al séptimo año para trabajar en los campos de algodón. Y no era culpa de los viejos. La situación es muy dura. Es muy dura la vida en el campo.

–¿Algún recuerdo bello?

–No los culpo a ellos [los padres]. Había que trabajar, no había de otra. Me fui de ahí a los 16 años, con mi papá. Ahora trabajo para que a mis hijos les vaya mejor.

Los tobas en realidad se llaman qom. Los guaraníes y el hombre blanco los llamaban despectivamente “tobas”. Los qom han sido uno de los pueblos originarios más resistentes a la colonización en el Cono Sur. Este grupo se mantuvo independiente de la corona española y los posteriores gobiernos independentistas hasta muy avanzado el siglo XIX.

Eran guerreros. Desde el siglo XVII tenían predilección y gusto por los caballos, y aprendieron a ser excelentes jinetes. Los qom dieron vida de alguna manera a esta figura mítica del gaucho, que cabalga por la pampa argentina.

La primera gran conquista sobre sus territorios ocurrió en 1884, y es considerada una masacre; y ya estaba por ahí el tema del cultivo de algodón. Para 1924, el cultivo de algodón era negocio pujante en la zona. Los qom trataron de resistir de nuevo. Perdieron, y los asesinaron por montones. A los sobrevivientes los obligaron  a trabajar en las plantaciones interminables de algodón.

–¿No extraña su pueblo?

–Yyyyy, a veces me da curiosidad por ir. Era muy duro, el trabajo era muy duro.

–¿Siguen cultivando algodón?

–Sí, pero ahora hay maquinaria, no se requiere tanto peón.

La leyenda del algodón no es de las historias más populares del Gran Chaco.

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Lydiette Carrión Soy periodista. Si no lo fuera,me gustaría recorrer bosques reales e imaginarios. Me interesan las historias que cambian a quien las vive y a quien las lee. Autora de “La fosa de agua” (debate 2018).

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