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Una tarde con Judith Butler

Referente del pensamiento de género, la filósofa norteamericana visitó Buenos Aires. Para su conferencia se anotaron 15 mil personas y produjo furores. La periodista Cecilia González escribió este texto sobre el encuentro para la Revista digital La Agenda. Lo reproducimos con permiso del medio de de la autora

Texto: Cecilia González

Foto: Revista digital La Agenda

Es bajita, delgada y tiene el cabello corto, entrecano y peinado al medio. No usa maquillaje, ni aros ni bisutería alguna. Como único accesorio, un pañuelo verde cuelga amarrado a su maletín.

Judith Butler, la filósofa estadounidense de 63 años convertida a fuerza de libros, pensamiento y teorías en faro del firmamento feminista, entra a uno de los salones de la Universidad Tres de Febrero vestida con pantalón, camisa y zapatillas negras. El único toque discordante son sus medias verdes, ese color resignificado el año pasado en Argentina como emblema de la lucha por la legalización del aborto y que ya se ha expandido por América Latina.

“Voy a hablar en inglés, pero entiendo español”, dice la catedrática de la Universidad de California, en Berkeley, a la docena de periodistas que fuimos invitadas por la Untref para charlar con ella. Y lo dice con una sonrisa y una voz suave que mantendrá durante toda la tarde.

La mayoría de las periodistas partimos a la cita con Butler en una combi desde La Biela, el conservador y tradicional bar porteño en donde los mozos tuvieron que tomar un curso sobre género después de discriminar a una pareja de lesbianas por besarse en público. En el camino hacia la sede de la Untref en General San Martín, algunas confesamos la dificultad de asimilar las tesis desarrolladas por Butler en sus libros sobre género, cuerpos, lenguaje, teoría performativa, identidad o hegemonía. En sus ponencias o entrevistas, en cambio, la claridad de su discurso permite entender por qué es una referente del feminismo que, al estilo de una estrella pop, convoca a masas. Aquí, el equivalente es la creciente popularidad de Rita Segato. Lo comprobamos enseguida. Al llegar a la Untref, cientos de personas, la mayoría jóvenes veinteañeros, forman varias cuadras de fila desde hace horas para poder entrar al microestadio en el que Butler dialogará con activistas del colectivo Ni Una Menos después de su encuentro con las periodistas.

Ya en el salón, mientras esperamos a la filósofa y tomamos café y galletas, llega Claudia Piñeiro, la escritora que abrazó el activismo y hoy es una de las voces más potentes del feminismo argentino. Pola Oloixarac, frecuente crítica de algunos feminismos, presume el diseño de su libro Mona. La activista trans Marlene Wayer prefiere salir a hablar con los estudiantes que esperan por Butler. Las Ni Una Menos se identifican con sus remeras rosas. La tarde es alterada por la noticia del hallazgo de la nieta 129 que ha sido recuperada por Abuelas de Plaza de Mayo.

Entonces llega Butler. En un español entrecortado, celebra “el lindo día” regalado por el otoño porteño. Con nosotras sentadas en semi círculo y ella rodeada de fotógrafos y el salón cada vez más lleno de fans, la filósofa responde preguntas durante una hora, café en mano, con la ayuda de una traductora a la que felicita a cada rato por la manera en que interpreta sus palabras. “No soy binaria”, dice la impulsora de la teoría queer, recordando lo alejada que está de cualquier estereotipo, en particular los de género porque son meras construcciones sociales impuestas. También explica que el aborto es un derecho que pone en cuestionamiento quién tiene poder sobre el cuerpo de una mujer: “es porque el cuerpo de las mujeres es del Estado, de la Iglesia, o de la Iglesia dentro del Estado. Son amigos muy cercanos”.

Le pregunto por el MeToo mexicano, el movimiento que en las últimas semanas copó las redes sociales con denuncias anónimas y masivas de abusos y acoso contra mujeres. Periodistas, escritores, músicos, académicos y activistas fueron escrachados con nombre y apellido. Unos reconocieron sus “errores” y se disculparon. Otros fueron echados de su trabajo. Pero un famoso músico, Armando Vega Gil, decidió suicidarse después de ser acusado de abuso contra una menor de 13 años. El movimiento feminista impulsor de las denuncias entró en crisis.

–Es muy complicado –reconoce Butler–. MeToo es un movimiento muy importante porque ha ayudado a visibilizar los abusos sexuales, la violencia, la discriminación, eso tiene que ser expuesto, pero las feministas nos tenemos que plantear si buscamos justicia, porque desconfiamos y a veces dejamos aparte el sistema legal. Muchas veces se habla de cancelar a otra persona. ¿Qué buscamos: denunciar el acto o arruinarle la vida a otra persona? Decidir que la vida de alguien no merece respeto ya no es justicia. Las mujeres negras de Estados Unidos desarrollaron el concepto de “justicia restauradora” porque piensan que no está bien que los hombres negros terminen en la cárcel en donde van a terminar siendo oprimidos. Eso no ayudaría en nada. Hay que condenar los actos de abuso y no a la persona, porque si no, nos estaríamos convirtiendo en jueces y verdugos.

La conferencia termina y Butler es rodeada por pedidos de autógrafos y fotografías. Luego se reúne a solas con Marta Dillon, Verónica Gago y Cecilia Palmeiro, las activistas del Ni Una Menos con las que, un rato más tarde, compartirá un diálogo público en el microestadio de la Untref, en un evento al que se inscribieron 15 mil personas. Sólo caben 1400.

Una de ellas es Antonia Firpo, una joven de 19 años que estudia simultáneamente Relaciones Internacionales y Filosofía. Viene a pesar de que disiente con Butler. “Fui a varias charlas sobre su pensamiento y hay cosas que no comparto, pero la posibilidad de escucharla me parece muy piola para mi formación, para pensar desde otros ámbitos. Yo comparto un poco más de ideas con el feminismo radical que con la teoría queer, pero no puedo perder esta oportunidad”, explica.

A su lado, Lucila Druetta, estudiante de Sicología de 19 años, sí se confiesa fan de la filósofa: “me cuestan muchísimo sus libros, desarrolla pensamientos complejos, pero quizá escuchándola en vivo me ayude a entenderla mejor”.

La marea que colma el microestadio no es sólo femenina. Javier Marino, de 24 años y estudiante de Relaciones Comerciales Internacionales, cuenta que hace poco leyó “Deshacer el género” y se dio cuenta de la falta de información que hay en los medios e incluso en las universidades para abordar el tema “en medio de una coyuntura social urgente protagonizada por los feminismos, es necesario formarnos mucho más y mejor para crecer social y políticamente”.

Apenas entra Butler, una ovación masiva le da la bienvenida. Aníbal Jozami, rector de la Untref, la recibe con un discurso que amplía el sentido político del acto. “En una época en que se ataca a la universidad pública, a pesar de las trabas que estamos viviendo, vamos a seguir haciendo estos proyectos porque el feminismo es el nombre de la justicia social”, dice. “¡Fuera, fuera, fuera Macri, fuera!”, le responde una multitud a coro.

Durante dos horas, la activista advierte que los paradigmas del feminismo no son siempre los mismos, invita a convivir con la fragmentación del movimiento, a no tener miedo del conflicto, a entender que el enemigo común de los feminismos es el régimen patriarcal, capitalista y homofóbico, a subrayar lo colectivo por encima de la experiencia individual. Y sentencia: “los feminismos trans excluyentes no son feminismos”. El público no se cansa de aplaudirla.

El nombre de la filósofa se convierte en la segunda tendencia de Twitter Argentina este martes por la noche. Es el “Butlerpalloza”, como lo bautizan algunos usuarios. Otros aportan datos a un “Butler para principiantes”. Miles siguen la transmisión por streaming.

Ella reconoce que está cansada. Que ya es tarde. A punto de despedirse, anuncia que está escribiendo un libro para niños y que, cuando lo termine, le enviará una copia al presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, famoso, entre muchas otras cosas, por su asumida homofobia. Las Ni Una Menos arengan y el público responde a modo de despedida: “Y ahora que estamos juntas / y ahora que sí nos ven / abajo el patriarcado / que va a caer que va a caer / arriba el feminismo / que va a vencer que va a vencer”.

Butler no canta pero sí aplaude a sus compañeras de mesa, sonríe de frente al público a modo de agradecimiento. Y se va.

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Periodista mexicana que desde hace 15 años cubre el cono sur. Autora de los libros Narco Sur y Narco Fugas.

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