Una escuela para el sexo responsable

29 junio, 2019

La condoneria está en el quinto piso del número 13 de Isabel La Católica, cerca del Zócalo de la capital. Es un edificio viejo de techos altos, paredes gruesas y escaleras de piedra. Entre despachos y talleres, el local destaca por la botarga de un condón sonriente que recibe en la puerta a los visitantes de esta inusual escuela de sexualidad

Texto y fotos: Ximena Natera

Hace unas semanas, un hombre entrado en los cuarentas preguntó por cabinas de sexo. La dependienta le explicó que este es un centro de educación sexual y no hay cabinas. El hombre se fue decepcionado. 

“Sabemos que hay varios lugares con cabinas por aquí, mucha gente viene al centro buscando… y a veces llegan acá”, dice ahora la mujer.

Al interior del pequeño local, las paredes están repletas de estantes con vibradores, muñecas inflables, velas y llaveros en forma de pene y vulva. Junto a la puerta, en una foto enmarcada, está el subcomandante Marcos con una su pipa en una mano y una caja de condones “El Encanto” en la otra. “Todos creen que es falsa, pero no, es él con nuestros condones”, jura. 

La condonería es un espacio educativo creado por la asociación Brigada Callejera de apoyo a la mujer “Elisa Martínez”, un lugar seguro para que los jóvenes pueden aprender sobre sexualidad. 

“Aquí pueden llegar niños de 16 años a preguntar de qué está hecho el condón, para qué sirve o como se usa y siempre van a encontrar una respuesta científica y basada en educación sexual”, explica Rosa Icela Madrid, quien hace 17 años dirige el proyecto de condonerías.

— ¿Y es sexshop?

La mujer, pequeñita de cabello, corto y canoso ríe. 

— No… un poco— dice. En un inicio nos negábamos a vender juguetes, sentíamos que no era compatible con el proyecto que teníamos, pero la sexologa Anabel Ochoa (una de las primera aliadas de proyecto) nos empezó a mandar gente

“No es para ustedes el juguete, es para la gente que no puede tener una relación sexual inmediata”, les explicó la sexóloga. 

“Nos ayudó a sensibilizarnos y también a entender que la sexualidad es compleja, empezamos a buscar alternativas de juguetes que no fueran tan agresivos”, dice Madrid.

Ahora, sus principales clientes son personas con diferentes discapacidades, “Nos da mucha satisfacción saber que podemos ayudar a que las personas tengan una sexualidad más plena”. 

La batalla por el condón

Brigada Callejera, una organización que se dedica a la defensa y promoción de los derechos laborales de las trabajadoras sexuales, ha estado en el centro de la batalla por la educación sexual y el uso del condón en México desde la década de los 80. 

“Cuando empezamos con las trabajadoras sexuales nos dimos cuenta que era muy raro el uso del condón, era uno de los principales riesgos que enfrentan”, explica Rosa Icela.

En plena epidemia de VIH, las trabajadoras sexuales, quedaban vulnerables a enfermedades y embarazos no deseados. El condón era un producto desconocido en el mercado mexicano. Así que los primeros 10 años se dedicaron a socializar su uso y chocaron de frente con la principal traba: el precio.

En 1995, apostaron por crear su propia marca de condones El Encanto, producido en la Ciudad de México y distribuido de forma independiente por la organización.  Costaba un peso y se vendía de mano en mano.

Junto con el programa de mercadeo social de los condones, crearon escuelas itinerantes de educación sexual impartidos por trabajadoras sexuales y amas de casa de zonas populares capacitadas como promotoras de salud.  

En cierta forma, las condonerías —dos en la CDMX y una en Orizaba, Veracruz— son los frutos de esos primeros esfuerzos de educación. 

“Solo atendíamos trabajadoras sexuañes y ellas mismas nos fueron invitando a las escuelas de sus hijos a dar las pláticas, a las casas de sus amigas cercanas… entendimos casi todas las mujeres eran vulnerables y decidimos crear espacios propios educación para atender otras poblaciones”, dice Madrid. 

¿Cuáles han sido los principales logros de estos años?

— Sobre todo fue fomentar la cultura del uso del condón y asociarla con una cultura de chequeo entre las trabajadoras sexuales, hoy en día la mayoría los usa, esto les da herramientas para mantenerse seguras.

* * *

A principios de junio, Brigada Callerjera celebró el aniversario número 17 de la condonería. La fiesta fue en el local de Avenida de los Maestros, frente a un plantel del Politécnico. Celebraron con música y pastel, pero también con pruebas gratuitas de VIH, condones gratis y kits informativos. Las alumnas del poli asistieron en grupitos. Las jóvenes se han hecho cercanas a la condonería, para ellas es un espacio seguro para hablar de sexualidad o de violencia en sus relaciones.

“Existe la idea de que la población vulnerable son las trabajadoras sexuales o personas de la comunidad LGBT, pero no. Parece que hay un retroceso, estos años hemos alcanzado números de embarazos no deseados que no veíamos desde los 90, la educación sexual una defensa”, explica Madrid.

Las ganancias de las condonerías son utilizadas para cubrir los gastos de un consultorio médico que atienden a población vulnerable, talleres y las publicación de cómics informativos que cubren temas desde el uso del condón hasta cómo identificar si alguien está siendo víctima de trata.

En el transcurso de la entrevista, varias trabajadoras sexuales pasan por el local, saludan a Rosa Icela y su equipo de trabajo, recogen condones, platican. Poco antes de cerrar por el día, una mujer joven llega al local para registrarse para el taller de la semana: defensa personal.

Periodista visual especializada en temas de violaciones a derechos humanos, migración y procesos de memoria histórica en la región. Es parte del equipo de Pie de Página desde 2015 y fue editora del periódico gratuito En el Camino hasta 2016. Becaria de la International Women’s Media Foundation, Fundación Gabo y la Universidad Iberoamericana en su programa Prensa y Democracia.

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